
PRIMERO
TUVE QUE ENCONTRARME CON LA MUERTE
PARA
SABOREAR LA VIDA...
Ha
pasado tiempo ya, tiempo necesario para que la emoción se
sedimente. Andrea tiene siete años y Juan uno. Y todo este
tiempo ha sido necesario para que yo aprendiera a ser una mujer
nueva y diferente.
Andrea
nació con una cesárea, después de prepararnos para parir en
casa, ella me enseñó que todavía no estaba lista, daba vueltas y
vueltas dentro de mí del mismo modo que mi corazón. La
frustración, rabia... que sentí al no haberla parido fue sólo el
comienzo de todo lo que llegó después: Cambios, cambios y sobre
todo renovación. Y llegó Juan. Toda la revolución que había
sentido con Andrea, el nacimiento de Juan la transformó en
fuerza, potencia creadora. Nació en casa antes de lo previsto
(yo tenía prisa) y una vez más pusimos a prueba la generosidad y
el "siempre estar" De Maite y el apoyo de Luis. Ellos estaban a
unos 500 Km. de mi casa cuando comencé a tener contracciones
rítmicas, les llamamos por teléfono sobre las dos de la mañana y
hablando con Maite se rompía la bolsa, efectivamente Juan había
decidido que era el momento.
Creo
que nunca habrán viajado tan rápidamente, con la sensación de
que necesitaban volar para llegar, y siempre les estaré
infinitamente agradecida.
Yo
estaba tranquila, mi energía estaba concentrada en él,
facilitarle el camino, abrirle la puerta. Pedro estaba nervioso,
sentía que la situación le desbordaba, tenía miedo de no saber
qué hacer cuando llegara el bebé.
Volaron, los duendes de la noche les trajeron a nosotros, llegó
toda la familia: Maite, Luis, José y Clara, sobre las seis menos
cuarto de la mañana. A Pedro se le iluminó la cara de alivio.
Nos abrazamos todos y yo sentí una alegría inmensa, ya tenía
cerca de mí todo lo que necesitaba, las personas a las que
quería.
Pedro
apoyado y apoyándome, Luis acariciándome con su mirada, la
dulzura de sus palabras y el amor en sus manos. Maite que
llenaba la habitación (baño) con esa seguridad y el cariño que
ella sabe hacer tan bien, el respeto que me hacía sentirme como
una reina en todo momento. Andrea y José expectantes ante el
momento no paraban de cuchichear y reírse.
Sentí
que Juan se deslizaba dentro de mí y toqué su cabeza con mis
dedos, unimos nuestro deseo de tocarnos y en mi cabeza sonaban
palabras como "yo puedo", "yo soy capaz", "yo quiero". Fue
acogido con una explosión de emociones contenidas, el placer de
cogerlo entre mis brazos, acariciarle, de ser amado por todos
los que estábamos allí.
Le
acerque hacia la teta que chupó rápidamente.
A
partir de aquí comenzó otra historia en mi vida, en mi vida
nueva como mujer nueva que soy capaz, que puedo y que quiero.