Estás en: > Principal > II Congreso "Nacer en Casa" > Ponencias > Montserrat Catalán, "Al final veo una luz blanca"

II Congreso Nacer en Casa

Programa

Al final veo una luz blanca

Ponentes

 

Obstetra y miembro de “Nacer en casa” (España)

 

En torno a la muerte quisiera compartir:

1.      El dolor por la muerte de un ser querido, tema que ya hemos compartido de manera muy entrañable a través de mis compañeras que lo han desarrollado ampliamente.

2.      El dolor y los sentimientos contradictorios de la/os padres y profesionales que optan fuera del sistema. Red de padres.

3.      La muerte amiga, amable, a veces dura, necesaria, renovadora, inherente a la vida de la humanidad, como individuos y como especie.

4.      La muerte amarga, enemiga, provocada, consentida o compartida, impuesta, desgarradora, destructora.

5.      La muerte en vida, la muerte diaria, por inconsciencia, insensibilidad, indiferencia, por dilución, por anestesia.

6.      Sobre mi muerte.

 

2.- El dolor y los sentimientos contradictorios de la/os madres/padres y profesionales que optan por un parto y un nacimiento fuera del sistema. Red de padres.

Entendiendo por sistema un complejo, impreciso, y heterogéneo conjunto de valores, principios, costumbres, criterios vitales, educación, ocio, consumo, economía, relaciones entre las naciones... Con lo cual la opción "dentro o fuera del sistema" es también muy variada y relativa.

Para tratar de entendernos os leeré unos fragmentos de una carta que escribí a unos padres tras compartir con ellos la muerte de su hijo durante el parto.

"Queridos padres":

Nunca he escrito una carta como ésta. Dos veces en mi vida, dos bebés han dejado de vivir entre mis manos en el momento de su nacimiento: Aila y Arón.

Compartí la pena por la muerte de Aila con sus papás y hermana, pero no escribí. Ahora cuando nos vemos, Aila, sigue estando siempre presente, porque aún que no hablemos de ella, su muerte fue lo más fuerte que hemos compartido, y cuando nazca un/a nuevo/a hermanito/a, Aila seguirá estando presente, porque ni para sus padres, ni para su hermana, otro/a hijo/a, hermano/a sustituirán a Aila, ni tampoco para mí por muchos más nacimientos que asista borrarán el recuerdo de Aila y Arón.

Tras la muerte de Arón sí quiero escribiros.

Resuena en mi cabeza una expresión: "los hombres no lloran", y a continuación me llega una impresión: "los profesionales no lloran". Y yo lloro y lloro profundamente.

¿Por qué lloro? Dudas, respuestas, múltiples sentimientos contradictorios se agolpan en mí y no me dejan tranquila.

¿Con quién compartirlos? Pienso que quizás quien mejor pueda entenderlos seáis vosotros mismos. Porque pienso que quizás estéis viviendo sentimientos parecidos. Muy pocos profesionales aceptarían compartirlos, por que no se permiten vivir su profesión con sentimientos, más bien con ellos podría hablar de como construir la coraza necesaria para evitar los sentimientos.

¿Es mejor no darle vueltas?. ¿Huir del bullicio interno?. Decir: "la vida es así", "Dios nos la dio, Dios nos la quitó", con resignación, "mejor olvidar", "sabremos salir adelante", o es mejor mirar atrás y amar todo lo que ha sido nuestro, amar la vida de Arón, amar los nueve meses de vida de Arón, amar nuestras dudas, asumir nuestros miedos, amar nuestras ilusiones, y asumir nuestras decisiones.

No os he pedido permiso para saber si queríais que os escribiera todo esto, que son mis inquietudes, mis sentimientos, mis preocupaciones. Pero os agradezco que lo recibáis. No se si puede servir para aumentar vuestra pena, creo que no, pues es la que es, ni tampoco la hará más pequeña. Quizás solamente sea pediros que compartáis la mía.

Cuando tengo que presentarme en algún lugar, si sólo tengo que dar el nombre, la edad o la dirección me es fácil. Si directamente me piden la profesión también es fácil. Pero si en un círculo más abierto me dicen que me presente siempre tengo alguna dificultad: ¿en que lugar quedan mi condición de mujer, que ha marcado mi vida desde el día en que nací, mi condición de madre que ha llenado largos años de mi vida, la función social o la implicación colectiva en la que me siento involucrada, la profesión desde la que me involucro...?

Cuando lloro, ¿quién llora?: la mujer, la madre, la rebelde y vulnerable, la luchadora, la obstetra... ¿quién llora?

Me surge un llanto de pena, de impotencia, de rabia, de duda...?

De pena por un niño que se fue. Pero no es "un niño", es Arón. En el mundo se van tantos niños que de alguna manera también los lloro y me mueven a la rebeldía y a la lucha. Tampoco son "tantos niños", son éste, ese, aquel... y no me son ajenos. ¿Es qué podemos hablar de ecología social, sin justicia social? ¿Dónde quedó el debate? ¿Dónde nuestra acción, nuestra participación, nuestra implicación...? Lo siento, para mí lo personal, sigue siendo colectivo.

De pena porque a su madre, a su familia se le fue...

De impotencia porque estuvo en mis manos y no pude o no supe... retenerle. Pero en el mundo mis manos podrían ayudar a retener tantos bebés que se van diariamente. No puedo amar lo individual, sin amar lo colectivo. No puede dolerme lo propio, sin dolerme lo ajeno.

De rabia y de duda porque mi opción pudo ser correcta, o pudo ser equivocada, pero lo cierto es que no fue acertada. No dio el resultado esperado. Siento que hice lo mejor, lo que deseabais, pero no dio el mejor resultado.

Yo entiendo que vosotros, padres, decidisteis mucho, hablamos mucho, visteis y valorasteis en muchos momentos a lo largo de varios días distintas posibilidades, conductas, maneras de hacer las cosas, también durante el parto... Estoy convencida de que vosotros, como yo, habéis reflexionado, sobre vuestros deseos, vuestras dudas, vuestras decisiones... como yo lo he hecho y lo sigo haciendo, no puedo y tampoco quiero evitarlo, quizás para ello esté de vacaciones.

"Una cesárea a tiempo hubiese sido mejor", "más vale una cesárea más que un niño menos", son expresiones sobre las que reflexionamos muchas veces, pero ¿dónde está el límite personal e intransferible en cada ocasión, para cada mujer, para cada bebé?

Tras la duda, tras la reflexión una respuesta se me va haciendo presente: no dejaré de escuchar la petición de la madre, de los padres porque en muchas ocasiones, mejor dicho, en todas menos en éstas dos, en situaciones similares, similares opciones, decisiones tomadas con el mejor de los deseos, dieron el mejor resultado. Entonces se valoraron como las mejores opciones.

Desearía compartir con vosotros vuestras dudas, vuestras reflexiones, vuestras contradicciones, vuestros sentimientos.

De otra forma algo queda incompleto dentro de mí. No sabría decir si quien lo necesita es la mujer, la madre, la rebelde, la luchadora, la obstetra... o toda entera porque no sé desintegrarme.

Por encima de todo recibid un abrazo muy fuerte. Montse."

Tras la muerte de un bebé en mis manos multitud de ideas y de sentimientos contradictorios se han revuelto dentro de mí. Es la segunda vez que me sucede. En la primera no fue menos la confusión, el duelo... pero no escribí. En esta ocasión sí, quizás porque este día empezaban mis vacaciones y esto ha permitido que nuevos acontecimientos no atropellaran esta vivencia, no es que se pueda anular, pero así quizás la he podido desmenuzar, adentrarme más en ella. Sentía necesidad de compartir mi pena con alguien y esto sólo podía hacerlo con muy poquitas personas cercanas, amigas por encima de todo. De otra forma, esta necesidad tengo la impresión de que, en general, debe ser ahogada, silenciada, en realidad, debo hacer un esfuerzo para encontrar palabras para nombrarla.

Tras un nacimiento feliz sentimos, expresamos, compartimos una gran alegría, los padres, la familia, los amigos, los profesionales y todo el personal que ha girado en torno al nacimiento.

Tras la muerte de un bebé en su nacimiento, pienso que los padres, la familia, los amigos, el personal que ha girado en torno de este nacimiento-muerte pueden sentir, expresar, y compartir una gran pena.

Pero, y los profesionales?, ¿qué pasa con la pena de los profesionales? ¿qué diversidad de sentimientos vivimos los profesionales?

Si el parto fue bien. -¿A qué llamamos "el parto fue bien"?. ¿A qué sobrevivieron el parto la madre y el bebé?-. Podemos profundizar en más detalles, ¿pudo ser mayor el crecimiento personal, el nivel de autonomía, de autoestima, el nivel de responsabilidad ante la vida, la salud, las decisiones, la actitud consciente y por tanto crítica... por parte de los padres que lo serán para toda la vida, no sólo en el momento del parto y de ello se alimentará su hijo/a tanto por lo menos como de las emociones intrauterinas y de la leche materna a lo largo de toda su vida?. Por parte de los profesionales: ¿pudo ser otra la conducta, que mejorara la vivencia del parto para el bebé, para la madre y para su pareja o acompañantes, tanto a nivel físico, cómo psíquico o emocional?

Si "el parto fue bien" algunos padres olvidarán sus deseos contrariados, sus ilusiones de lo que pudo ser, porque a todos nos cuesta, nos da cierta pereza volver la vista atrás, y en definitiva, diremos, el bebé que es lo más importante ya está aquí. Otros, ni se habían parado a distinguir sus deseos, sus ilusiones, sencillamente se pusieron en manos de un profesional. De la misma forma que consciente o inconscientemente pondrán su vida y la de su hijo/a en manos de toda la gama de profesionales del sistema porque simplemente "ya les va bien", sin más.

En general, los profesionales, si "el parto va bien", todas estas "elucubraciones" las desprecian y las dejan para quienes quieren entrar en este mundo de las emociones, de los sentimientos, de lo que hasta hoy no se puede medir, ni pesar.

Si "el parto va mal", entendemos por esta expresión que se produjo un resultado fatal, murió la madre o el bebé o quedaron con alguna lesión incapacitante para su vida.

Si "el parto va mal" los padres, familiares, amigos... lo lloran. Los profesionales lo lloran, pero les pasan más cosas, y a los padres que forjaron sus deseos, sus ilusiones... que cuestionaron el sistema globalmente o el sistema sanitario en particular y consecuentemente tomaron sus decisiones también les suceden más cosas.

El intento de desmenuzar, de describir que es lo que me pasa a mí, es un intento con el objetivo de compartir que les pasa a los demás.

Una sensación de la que quiero hablar es la de la incertidumbre, creo que deriva de la soledad o de la individualidad de la responsabilidad de las decisiones que se toman. Creo que el gran tema es la decisión de actuar bajo la propia responsabilidad, ejerciendo consecuentemente una acción que no es la consensuada actualmente por el sistema. Aún sabiendo ciertamente que lo consensuado hoy por el sistema variará mañana fruto de actuaciones programadas dentro del mismo sistema o fuera que hayan puesto en evidencia la necesidad de otros consensos, en medicina, habitualmente llamados protocolos.

Dentro del sistema, es fácil llegar a la conclusión, lo mismo madres/padres que profesionales de que "Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos"

La responsabilidad de la toma de decisiones divergentes creo que siempre o casi siempre requiere un grado de actividad crítica individual que lleva implícita la acción de dudar de lo establecido y al mismo tiempo lleva cierta inseguridad, cierta capacidad de duda sobre el propio juicio, cierta asunción del error posible en la elección, en la decisión. Vivir la vida con cierta amplitud de miras, con cierta abertura a los cambios, con capacidad crítica, con reconocimiento de situaciones dadas con las que no nos es grato convivir, conlleva dejar que nuestra capacidad, nuestra energía fluyan en dirección a cambios que nos llevan a compromisos, a decisiones, a actuaciones más o menos divergentes con las consensuadas en cada momento y lugar.

Por ello cuando una pareja asume un tipo de nacimiento y de crecimiento distinto del consensuado mayoritariamente en la actualidad, en el estrecho marco de tierra que es nuestro país, me surgen preguntas contradictorias:

-¿Sentirán los padres lo mismo que yo? Y creo que sí es posible que sientan las mismas dudas ¿pueden llegar a las mismas conclusiones o distintas? Me gustaría conocerlas, comentarlas... con sus matices.

-¿Creerán que soy culpable de la muerte de su hijo? Pienso sinceramente que no tendrán la menor duda en que no hubo negligencia. Pero también pienso que pueden creer que pudo haber un error, en el mismo sentido en que podrían pensar que fue un error salir del marco del sistema, o tomar las decisiones que los días anteriores tomamos conjuntamente y que sí dieron el resultado esperado. Tampoco creo que ellos duden que no fueron negligentes, sino cuidadosamente consecuentes con su sentir y con su pensar.

-¿Si creen que soy culpable presentarán una denuncia, como correspondería? Simplemente puedo decir que me molesta, que me duele, que me da rabia plantearme esta posibilidad. ¿Por qué?

-Porque sería una denuncia ante un sistema sanitario y judicial en los que globalmente no creo, sin entrar en las múltiples matizaciones posibles.

-Porque he confiado en que quienes han aceptado mi asistencia tienen hecha previamente cierta crítica a estos sistemas.

-Porque siempre he sentido y he pensado que haría medicina, como otras actividades en mi vida si realmente estaban de acuerdo con mi ética, con mis principios, con mis creencias, no por miedo a las denuncias las he cambiado nunca y ahora, en medicina, no quiero cambiar de forma de trabajar en función de posibles denuncias, es decir, no opto por la medicina defensiva, hoy en día, generalizada. En este sentido me molesta, me duele, me da rabia que mis sentimientos, que mis actuaciones se pudieran ver afectados por el "miedo a las denuncias".

Sentir profundamente lo sucedido tras una asistencia larga y atenta y al mismo tiempo pensar en la posibilidad de una denuncia es algo difícil de conciliar, es algo que me golpea, que me obliga a profundizar en el por qué puede ser así.

Si "el parto va mal" y los padres habían confiado en el sistema globalmente o en el sanitario en particular, con relativa frecuencia surgen las denuncias. Cuanta mayor es la confianza en el sistema, mayor el grado de denuncias. Cuanto mayor es el afán de indemnizaciones fomentado por el sistema (Compañías de Seguros) para "resarcirse", económicamente de pérdidas materiales o personales, mayor es el grado de denuncias.

Todo ello fragua un sistema defensivo muy cerrado de actuaciones médicas.

En la facultad nos enseñan que la historia clínica de una persona es un documento legal y como tal hay que cumplimentarlo. En los hospitales se imprime constantemente en la conducta médica el "curarse en salud", es decir, el prevenir que cualquier actuación pueda ser cuestionada judicialmente.

Tras un suceso no deseado, no esperado dentro de una alta probabilidad, como una muerte por una complicación quirúrgica, anestésica, anafiláctica, o por iatrogenia asociada a determinadas prácticas o tratamientos... el profesional siente inmediatamente la necesidad de buscar y encontrar su justificación en varios sentidos: necesita defender su prestigio profesional ante los colegas y defender su actuación ante cualquier demanda judicial.

Espontáneamente surge la necesidad de comentar el "caso" entre los colegas, con la deseada intención de llegar a la conclusión de que la actuación fue correcta, la que correspondía en función de cómo se presentaron las cosas.

En la sesión clínica siguiente se tratará el tema con sumo respeto valorando la posibilidad o no de distintos procederes con la idea de que en sucesivas ocasiones puedan valorarse, como posibilidades, sin que por ello sea evidente que cambiarán los resultados. Pueden incluso, llegar a reconocerse errores, o desaciertos propios o ajenos para llegar a la conclusión de que también de ellos debemos aprender. También reconoceremos con el tiempo, que determinados protocolos hoy vigentes fueron equivocados o desacertados.

Ante el sistema de justicia, se entenderá muy bien que el colectivo sanitario debe responder unitariamente, podemos dar por supuesto que ningún profesional en concreto desea ningún perjuicio para ninguna persona en concreto, es más, debido a todas las complicaciones que de ello se derivan, más bien se puede deducir que actuarán con extremada prudencia.

Sin embargo pueden producirse excepciones cuando se trata de alguien, quien en conciencia, bajo su criterio, su ética y su responsabilidad difiere de la práctica establecida en los protocolos o en los códigos deontológicos, entonces puede perderse la presunción de buen trabajo, y como colectivo profesional censurar una práctica en conciencia diferente.

En la actualidad socialmente es más aceptado que un hijo muera en un accidente de circulación, aunque quien conduzca sea su padre o su madre, que si muere en el proceso de su nacimiento.

Recientemente hemos podido comprobar como colectivamente y personalmente la sociedad ha aceptado que los jóvenes, hijos de su padre y de su madre son destinados por los Gobiernos a matar otros hijos de su padre y de su madre arriesgando dentro del juego de la guerra también sus vidas.

Tan reciente es también la pena de muerte ejercida desde los Tribunales norteamericanos y en otros lugares del mundo aplicada a sangre fría, con toda la racionalidad, perfectamente calculada, invariablemente esperada.

¿Por qué? me pregunto yo, los fabricantes de coches de alta velocidad, de bebidas alcohólicas, sus consumidores y usuarios que atentan contra la vida de los demás, los promotores sociales de su consumo... los Gobiernos, a la sombra, los aparentemente más democráticos, los que se enriquecen financiando las guerras lejos de casa, aprovisionando todos los ejércitos del mundo y los grupos de pacificación al mismo tiempo... o los tribunales de justicia que derraman injusticias diariamente en función de la condición social del delincuente... ¿Por qué ellos son socialmente disculpados y en cambio se estrecha el cerco sobre un médico o una comadrona que sin duda atendió dentro de unos límites humanamente admisibles?

Tengo la impresión de que el sistema socioeconómico capitalista en extremo que estamos viviendo, digo en extremo, porque lleva al extremo las privatizaciones en todas las materias y a todo el mundo, se asienta y reafirma sobre bases que consideradas "científicas" le validan y pretenden que sea indiscutible, infalible, indestructible, inmejorable y duradero. De estas bases forman parte los sistemas sanitarios, educacionales, informativos, supraculturales... y por ello no se les pueden permitir errores: deben ser indiscutibles, infalibles, inmejorables, indestructibles y duraderos. Por ello sus errores son "errores humanos individuales" que hay que castigar, para ello un sistema de justicia que "compensa monetariamente" a los familiares demandantes, en general, porque en el Norte-Occidental toda vida tiene un precio. En el resto del mundo la vida no vale nada como veremos. Y en nuestro medio las Compañías de Seguros forman con ello una nueva, ya vieja industria más.

Actuando a conciencia, con dedicación, con atención, sin entrar a considerar lo que pudo ser negligencia o una imprudencia, ¿dónde están los límites de lo que pudo ser un error en un consejo profesional?, ¿dónde están los límites para juzgar errónea la decisión de los padres?

Si actuamos bajo la presión de la medicina defensiva, si actuamos en función de "cubrirnos las espaldas" ante una posible demanda, como tantas veces oímos decir, ¡qué sentimientos sanos, sinceros, honrados pueden haber si lo que sentimos más profundamente es la implicación o la liberación de la responsabilidad!

Muchas veces la tranquilidad llega a la comadrona cuando siente la presencia del ginecólogo. La tranquilidad llega también al ginecólogo cuando entrega el bebé al neonatólogo con un Apgar aceptable o si existen dificultades para este bebé, pero pueden atribuirse a un defecto congénito.

Sinceramente deberíamos reconocer que muchas veces nos sentimos más tranquilos, más relajados, desaparece nuestra ansiedad cuando hemos podido transferir nuestra responsabilidad. A pesar de que la suerte del recién nacido sea la misma: buena o mala.

Los profesionales que han ejercido en diferentes países han podido sentir el distinto grado de ansiedad que les ha generado la muerte de un bebé en el África o en Europa. ¿Es que la vida de un niño blanco vale más que la vida de un niño negro?. En el fondo muchos reconocerían que no es lo mismo, y acto seguido afirmaríamos que no somos racistas, pero en realidad lo que a ciencia cierta ocurre es que nuestro sistema es extremadamente racista y en estos momentos ya forma parte de nuestro inconsciente colectivo. En el África está socialmente aceptado que mueran al nacer un mayor número de niños que en Europa, con lo cual lo que realmente hace que el profesional sienta un menor grado de ansiedad es que en el África difícilmente será víctima de una denuncia, a pesar de que su conducta sea la misma, aunque en el mejor de los casos sienta igual pena por la pérdida que supone. Para los padres también es más fácil aceptar la muerte de uno de sus hijos.

Cuando la opción de los padres no es la socialmente mayoritaria, mejor dicho, cuando se duda de ella, cuando aunque minoritaria no es socialmente respetada, se pone en tela de juicio igualmente que el profesional que se pone a su servicio.

Yo misma cuando pienso en un posible juicio o en la censura por parte de otros profesionales, me esmero en justificar que mi actuación fue correcta.

Cuando dejo libres mis sentimientos pienso en como hice y aconsejé lo mejor que pude a su madre y a su padre para que su nacimiento fuera el mejor, tal como ellos deseaban, pienso en como acaricié a Aila y Arón cuando parecía que volverían a despertar.

Cuando siento mayor angustia pienso, porque no me habría ido dos días antes de vacaciones, y ello es totalmente contradictorio con la alegría que sentí cuando supe que podía atender el parto personalmente, antes de las vacaciones.

Una reflexión final mía personal e intransferible. Sólo me vale este trabajo aquí para aumentar el nivel de conciencia, el nivel de responsabilidad. Si optara por mejorar el nivel de supervivencia estaría en otra parte del mundo. Y si optara por el lucrativo en otra actividad.

Finalmente tras tantas divagaciones desearía proponer crear una red de apoyo entre los padres que han perdido a sus bebés. Esto significaría reconocerles, en lugar de tratar de desconocerles, ofrecerles ayuda y esperanza. Si tras un parto "exitoso" nos encontramos con depresiones posparto, mayores pueden ser tras la pérdida del bebé. Contribuiría a normalizar la situación, a observar como posibles estos sucesos, a no creer que ya no existen, a no tener que cargar todos con tantas culpabilizaciones por querer mostrar una realidad que no es cierta. Sería importante aceptar que la muerte puede estar presente en cualquier momento de la vida a pesar de nuestros mayores cuidados. Si hemos creado redes de padres con niños diabéticos, de mujeres mastectomizadas... ¿por qué no de padres que han perdido a sus bebés? A veces pienso que vivir la muerte como un fracaso, tanto los padres como los profesionales, junto al miedo a que se generalicen más las denuncias, están siendo dificultades para crear estos lazos de apoyo entre la/os madres/padres y familiares que viven estos momentos difíciles.

 

4.- La muerte amarga, enemiga, provocada, consentida o compartida, impuesta, desgarradora, destructora.

La podemos encontrar descrita en cualquier informe de la OMS, UNICEF, FAO... Ellos nos hablan de la muerte en cifras, pero cada unidad de estas cifras tiene un nombre detrás, tiene un/a niño/a, o persona adulta, con su rostro y su identidad, con el dolor y el amor de su padre y su madre, con el amor y el dolor de sus amigos y familiares detrás.

1.      El año pasado, las muertes de niños y adolescentes duplicaron el número de muertes de adultos por sida, tuberculosis y paludismo.

2.      El año 2000 murieron 10,8 millones de niños menores de 5 años, más de la mitad a causa de sólo cinco enfermedades transmisibles que se pueden prevenir (como la malaria, la tuberculosis o el cólera) o de malnutrición (es decir, literalmente murieron de hambre). El 99% de estas muertes ocurrieron en países en vías de desarrollo.

3.      Hay 1.200 millones de adolescentes en el mundo sobre cuya salud pesan amenazas muy concretas, como el sida, el consumo de tabaco y alcohol, la depresión, el suicidio y la violencia.

4.      Los niños menores de cinco años soportan actualmente el 40% de la mortalidad anual.

5.      Unos dos millones de estos niños menores de cinco años mueren cada año de infecciones respiratorias agudas.

6.      La diarrea, es la segunda causa de mortalidad infantil, relacionada con las deficiencias de suministro de agua y saneamiento provoca cada año la muerte de 1,3 millones de niños.

En estas cifras deben estar contabilizados los miles de niños víctimas del contacto con el uranio empobrecido que los países del Norte, unas veces con más consenso y otras con menos, derraman sobre cualquier territorio, porque deciden colonizarlo, como lo hizo España con Latinoamérica hace 500 años. La depredación y la violencia, hoy, es todavía mayor.

A mi juicio vivimos unos tiempos muy difíciles, históricamente muy negros, crueles y cruentos, con el agravante de que el desarrollo productivo alcanzado, es suficiente para cubrir las necesidades de la humanidad, si una parte pequeña de ella, que en estos momentos reúne casi todo el poder, no se dedicara al expolio, a cualquier precio, del resto.

No existe en estos momentos para mí forma política organizada que pueda dar solución a estos problemas, ni tan siquiera que ponga freno al vasallaje del gran capital, como pudieron hacerlo, a su manera, durante un tiempo los países socialistas.

Por ello creo que es importante mantener un grado de responsabilidad, de tomar decisiones, de vivir de forma coherente, de ahondar en la capacidad humana de discrepar, de disentir... y de actuar en consecuencia. Me parece importante no dejar la salud en manos del sistema sanitario, sino usarlo convenientemente en caso de enfermedad. Me parece necesario no dejar nuestro dinero en manos los Bancos, ni del Gobierno, sino tomar la responsabilidad de su destino. Me parece adecuado personal y socialmente regresar a formas de convivencia más colectivas, lo cual conlleva una importante reducción del consumo en general y por ende de materias primas.

Creo necesario el compromiso personal, para no lavarnos las manos en un "son problemas demasiado grandes para mí". Recuerdo a Gabriel Celaya en "La poesía es un arma cargada de futuro"

Porque vivimos a golpes,

porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando fondo, estamos tocando fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido,

partido hasta mancharse.

 

 

5.- La muerte en vida, la muerte diaria, por inconsciencia, por insensibilidad, indiferencia, por dilución, por anestesia.

Hay personas para las que la vida pasa día tras día, sin pararse a pensar o a sentir al mismo tiempo ¡qué gran regalo es la vida! Para sí, porque se ha encarnado en ellas y además ¡qué gran compromiso! supone porque todas las personas con nuestras cualidades, nuestros defectos y nuestros problemas formamos parte del patrimonio universal de la humanidad y a éste nos debemos y de éste disfrutamos.

Cuando adoptamos una actitud pasiva, desentendida de nuestro tiempo y de nuestro entorno, siento que algo se apaga, morir el aliento, la ilusión, el amor humano en una gran dimensión. Es lo que llamo: la muerte en vida, la muerte diaria, por inconsciencia, por indiferencia, por dilución, por anestesia.

Otras personas sienten intensamente en el fondo de su ser el amor y el dolor ajeno, se identifican con él y adquieren un compromiso que puede llevarles y de hecho les lleva hasta la muerte. Para ellas quisiera tener un recuerdo.

Es un recuerdo para aquella dimensión humana, más allá del individualismo, tan vigente hoy, más allá de los míos: mi hijo, mi hija, mi padre, mi madre, mi hermana, mi hermano, mi marido, mi mujer, mi tío, mi sobrino, mi abuela, mi bisabuela... yo, mi, me, conmigo. Todo en torno a mí, Todo en función de mí.

Aquella dimensión humana a veces dormida, a veces despierta, que unas veces queda en el círculo familiar infantil, tribal más cercano y otras veces toma conciencia y su sentimiento se expande a todo cuanto se mueve en el planeta, hasta el punto de sentir en lo más hondo de uno/a mismo/a cualquier injusticia sometida sobre otro ser humano, o cualquier alegría, como decía Ernesto Che Guevara y hasta el punto de sufrir la persecución y la muerte de lo/as hijo/as como lo hicieron Catarina Eufemia, en Portugal o Domitila Burgos de Chungara, en Bolivia. Testimonios escritos de los años setenta, entre tantas muertes anónimas, de ayer y de hoy, para las que quiero tener un recuerdo y rendir un homenaje.

"Y me pegaba con mucha rabia. Después me dijo:

- Está bien. Felizmente, aquí estás esperando familia. Y en tu hijo nos vamos a vengar. Y sacó un cuchillo y lo comenzó a filar delante de mí... Y me decía que tenía bastante tiempo para esperar a que naciera mi hijo y que, con aquel cuchillo, iba a hacer picadillo a mi hijo.

Entonces me asusté de veras. Tenía un terror y un miedo muy grande. -¿Cómo es posible que a mi hijo le hagan esto?- pensé.

- Coronel, con bastante saña me han pateado en el vientre. Fue por esto que me defendí. Una madre siempre tiene la obligación de defender a la criatura que lleva en sus entrañas.

-¡Miren como las brujas piden clemencia!...

Y me dijo que no tenía apuro. Y salió de la celda burlándose de mí.

Y, como si la fatalidad del destino hiciera, comenzó el trabajo de parto. Empecé a sentir dolores, dolores, y dolores. Y a ratos ya me vencía la criatura para nacer. Yo estaba tan nerviosa... escuchaba los pasos del soldado y me la sujetaba. ¡No quiero que nazca! Y me decía a mi misma: "si nace, que nazca muerto"... No quiero que lo mate el coronel... "¡Que no nazcas vivo, hijo mío!". Realmente pase por una odisea terrible. Ya estaba la cabeza por salir y yo me lo volvía a meter. Fue desesperante este momento...

Finalmente ya no pude aguantar. Y me fui a hincar en una esquina. Me apoyé y me cubrí la cara... En uno de estos momentos me venció. Noté que la cabeza ya estaba saliendo... y allí mismo me desvanecí.

No sé cuanto tiempo pasó.

-¿Dónde estoy?

Traté de reaccionar y escuché las pisadas del soldado. Entonces me di cuenta:- a sí, estoy presa ¿Qué ha pasado?

Me acordé un poco de todo y pensé:

¿Dónde está la criatura?

Y quise sentarme. Mi cuerpo congelándose entre la sangre y el agua del parto.

Entonces hice un esfuerzo, y encontré el cordón. Y a través del cordón, el niño, totalmente frío, helado, sobre el piso.

¿Habrá muerto en mi vientre o después de salir por falta de auxilio?

Intenté darle calor con mi cuerpo...

Entró un sargento y habló: Perdone usted, mi coronel. Esta mujer se va a morir y no habremos podido interrogarla."

Del libro "Si me permiten hablar..." Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia.

 

Catarina Eufemia

 

El primer tema de reflexión es la justicia

Y pienso en el instante en que hiciste frente

Estabas embarazada y no retrocediste

Porque tu lección era ésta: hacer frente

 

No dejaste que ningún hombre lo hiciera por ti

No te quedaste en casa a cocinar rencillas

Según la antigua costumbre de las mujeres

 

No usaste rencores, ni calumnias

Y no serviste apenas para llorar los muertos

Había llegado el momento

En que era preciso que alguien no retrocediera

Y la tierra bebió sangre dos veces pura

Porque eras mujer y no solamente hembra

Eras la verdad y el coraje que no retrocede

Antígona puso su mano sobre tu hombro

En el instante en que moriste

Y la búsqueda de la justicia continúa.

 

Sophía de Melho Braghes Andersen

 

 

Testimonios de la lucha por la reforma agraria en Portugal, año 1973 y del coste humano que supone la extracción de materias primas en los países "subdesarrollados" para que las consumamos manufacturadas, pulidas, brillantes y a bajo coste en los países "desarrollados". Otros términos a matizar.

Si quienes consumimos tuviéramos que arrancar el mineral, cultivar la tierra, o matar los animales que comemos... posiblemente el derroche, la arrogancia, la prepotencia, el desprecio... serían mucho menos. Y el valor social de los bienes y del trabajo mucho mejor apreciado por nosotr@s y por la población joven de nuestros países, que por no vivirlo, lo desconoce e infravalora totalmente. En su inconsciente, en su instinto existe el "no valor", el "no hace falta cuidar las cosas", el "usar y tirar", el desprecio, la falta de reflexión sobre el esfuerzo ajeno, la búsqueda del origen de donde proviene lo que yo disfruto... la conformidad con el sistema.

 

6.- A mi muerte, que espero que llegue en paz, anunciándose, en su día, entre las personas que quiero y en el universo que amé.

Compartiendo la muerte

 

El día que yo me muera

 

Que cada un@ lance al viento

Siembre en la tierra

Arroje al agua

Comparta con el/la herman@

 

Su mejor pensamiento

Su mejor sentimiento

Su mejor energía

Su mejor ilusión

Pero antes de que me muera

Que cada un@ sienta

 

Como es granito de arena en el proyecto universal

Como comparte la vida con la humanidad

Como deja su huella en la historia

De aquí y de allá

De antes, de hoy y de mañana

 

Que cada un@ se sienta

Pulsar con el universo

Germinar en la historia

Vivir con la humanidad

 

Y viva cada día como si fuera su último día

Como si fuera mi último día

Y que cada día

Lance al viento su mejor pensamiento

Siembre en la tierra su mejor sentimiento

Arroje al agua su mejor energía

Y comparta con el/la herman@ su mejor ilusión

 

Para que vivan infinitamente

 

Montserrat Catalán Morera

 

 

23 de Maig del 2001. En la muerte de Angela, la madre de Lidia

SUBIR

Ponencias

Principal

Enlaces interesantes
Dónde estamos
Nuestros Servicios
Contacta con nosotras
Mapa Web
Webmaster
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

CASA DE NAIXEMENTS MIGJORN, SCCL - Centre autoritzat per a la assistència al part natural i domiciliari pel Departament de Salut de la Generalitat, inscrit en el Registre de Centres, Serveis i Establiments Sanitaris amb el nº E08682473

CASA DE NAIXEMENTS MIGJORN, SCCL - Centro autorizado para la asistencia al parto natural y domiciliario por el Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, inscrito en el Registro de Centros, Servicios y Establecimientos Sanitarios con el nº E08682473