
En
torno a la muerte quisiera compartir:
1.
El dolor por la muerte de un ser querido, tema que ya
hemos compartido de manera muy entrañable a través de mis
compañeras que lo han desarrollado ampliamente.
2.
El dolor y los sentimientos contradictorios de la/os
padres y profesionales que optan fuera del sistema. Red de
padres.
3.
La muerte amiga, amable, a veces dura, necesaria,
renovadora, inherente a la vida de la humanidad, como individuos
y como especie.
4.
La muerte amarga, enemiga, provocada, consentida o
compartida, impuesta, desgarradora, destructora.
5.
La muerte en vida, la muerte diaria, por inconsciencia,
insensibilidad, indiferencia, por dilución, por anestesia.
6.
Sobre mi muerte.
2.-
El dolor y los sentimientos contradictorios de la/os
madres/padres y profesionales que optan por un parto y un
nacimiento fuera del sistema. Red de padres.
Entendiendo por sistema un complejo, impreciso, y heterogéneo
conjunto de valores, principios, costumbres, criterios vitales,
educación, ocio, consumo, economía, relaciones entre las
naciones... Con lo cual la opción "dentro o fuera del sistema"
es también muy variada y relativa.
Para
tratar de entendernos os leeré unos fragmentos de una carta que
escribí a unos padres tras compartir con ellos la muerte de su
hijo durante el parto.
"Queridos padres":
Nunca he escrito una carta como ésta. Dos veces en mi vida, dos
bebés han dejado de vivir entre mis manos en el momento de su
nacimiento: Aila y Arón.
Compartí la pena por la muerte de Aila con sus papás y hermana,
pero no escribí. Ahora cuando nos vemos, Aila, sigue estando
siempre presente, porque aún que no hablemos de ella, su muerte
fue lo más fuerte que hemos compartido, y cuando nazca un/a
nuevo/a hermanito/a, Aila seguirá estando presente, porque ni
para sus padres, ni para su hermana, otro/a hijo/a, hermano/a
sustituirán a Aila, ni tampoco para mí por muchos más
nacimientos que asista borrarán el recuerdo de Aila y Arón.
Tras la muerte de Arón sí quiero escribiros.
Resuena en mi cabeza una expresión: "los hombres no lloran", y a
continuación me llega una impresión: "los profesionales no
lloran". Y yo lloro y lloro profundamente.
¿Por
qué lloro?
Dudas, respuestas, múltiples sentimientos contradictorios se
agolpan en mí y no me dejan tranquila.
¿Con
quién compartirlos?
Pienso que quizás quien mejor pueda entenderlos seáis vosotros
mismos. Porque pienso que quizás estéis viviendo sentimientos
parecidos. Muy pocos profesionales aceptarían compartirlos,
por que no se permiten vivir su profesión con sentimientos, más
bien con ellos podría hablar de como construir la coraza
necesaria para evitar los sentimientos.
¿Es
mejor no darle vueltas?.
¿Huir
del bullicio interno?. Decir:
"la
vida es así", "Dios nos la dio, Dios nos la quitó",
con resignación, "mejor olvidar", "sabremos
salir adelante", o es mejor mirar atrás y amar todo lo
que ha sido nuestro, amar la vida de Arón, amar los nueve meses
de vida de Arón, amar nuestras dudas, asumir nuestros miedos,
amar nuestras ilusiones, y asumir nuestras decisiones.
No
os he pedido permiso para saber si queríais que os escribiera
todo esto, que son mis inquietudes, mis sentimientos, mis
preocupaciones. Pero os agradezco que lo recibáis. No se si
puede servir para aumentar vuestra pena, creo que no, pues es la
que es, ni tampoco la hará más pequeña. Quizás solamente sea
pediros que compartáis la mía.
Cuando tengo que presentarme en algún lugar, si sólo tengo que
dar el nombre, la edad o la dirección me es fácil. Si
directamente me piden la profesión también es fácil. Pero si en
un círculo más abierto me dicen que me presente siempre tengo
alguna dificultad: ¿en
que lugar quedan mi condición de mujer, que ha marcado mi vida
desde el día en que nací, mi condición de madre que ha llenado
largos años de mi vida, la función social o la implicación
colectiva en la que me siento involucrada, la profesión desde la
que me involucro...?
Cuando lloro, ¿quién
llora?: la mujer, la madre, la rebelde y vulnerable, la
luchadora, la obstetra...
¿quién
llora?
Me surge un llanto de pena, de impotencia, de rabia, de duda...?
De pena por un niño que se fue.
Pero no es "un niño", es Arón. En el mundo se van tantos niños
que de alguna manera también los lloro y me mueven a la rebeldía
y a la lucha. Tampoco son "tantos niños", son éste, ese,
aquel... y no me son ajenos.
¿Es
qué podemos hablar de ecología social, sin justicia social?
¿Dónde
quedó el debate? ¿Dónde
nuestra acción, nuestra participación, nuestra implicación...?
Lo siento, para mí lo personal, sigue siendo colectivo.
De
pena porque a su madre, a su familia se le fue...
De impotencia
porque estuvo en mis manos y no pude o no supe... retenerle.
Pero en el mundo mis manos podrían ayudar a retener tantos bebés
que se van diariamente. No puedo amar lo individual, sin amar
lo colectivo. No puede dolerme lo propio, sin dolerme lo ajeno.
De rabia y de duda
porque mi opción pudo ser correcta, o pudo ser equivocada, pero
lo cierto es que no fue acertada. No dio el resultado esperado.
Siento que hice lo mejor, lo que deseabais, pero no dio el mejor
resultado.
Yo
entiendo que vosotros, padres, decidisteis mucho, hablamos
mucho, visteis y valorasteis en muchos momentos a lo largo de
varios días distintas posibilidades, conductas, maneras de hacer
las cosas, también durante el parto... Estoy convencida de que
vosotros, como yo, habéis reflexionado, sobre vuestros deseos,
vuestras dudas, vuestras decisiones... como yo lo he hecho y lo
sigo haciendo, no puedo y tampoco quiero evitarlo, quizás para
ello esté de vacaciones.
"Una cesárea a tiempo hubiese sido mejor", "más vale una cesárea
más que un niño menos", son expresiones sobre las que
reflexionamos muchas veces, pero
¿dónde
está el límite personal e intransferible en cada ocasión, para
cada mujer, para cada bebé?
Tras la duda, tras la reflexión una respuesta se me va haciendo
presente: no dejaré de escuchar la petición de la madre, de los
padres porque en muchas ocasiones, mejor dicho, en todas menos
en éstas dos, en situaciones similares, similares opciones,
decisiones tomadas con el mejor de los deseos, dieron el mejor
resultado. Entonces se valoraron como las mejores opciones.
Desearía compartir con vosotros vuestras dudas, vuestras
reflexiones, vuestras contradicciones, vuestros sentimientos.
De
otra forma algo queda incompleto dentro de mí. No sabría decir
si quien lo necesita es la mujer, la madre, la rebelde, la
luchadora, la obstetra... o toda entera porque no sé
desintegrarme.
Por encima de todo recibid un abrazo muy fuerte. Montse."
Tras la muerte de un bebé en mis manos multitud de ideas y de
sentimientos contradictorios se han revuelto dentro de mí.
Es la segunda vez que me sucede. En la primera no fue menos la
confusión, el duelo... pero no escribí. En esta ocasión sí,
quizás porque este día empezaban mis vacaciones y esto ha
permitido que nuevos acontecimientos no atropellaran esta
vivencia, no es que se pueda anular, pero así quizás la he
podido desmenuzar, adentrarme más en ella. Sentía necesidad de
compartir mi pena con alguien y esto sólo podía hacerlo con muy
poquitas personas cercanas, amigas por encima de todo. De otra
forma, esta necesidad tengo la impresión de que, en general,
debe ser ahogada, silenciada, en realidad, debo hacer un
esfuerzo para encontrar palabras para nombrarla.
Tras un nacimiento feliz
sentimos, expresamos, compartimos una gran alegría, los padres,
la familia, los amigos, los profesionales y todo el personal que
ha girado en torno al nacimiento.
Tras la muerte de un bebé en su nacimiento,
pienso que los padres, la familia, los amigos, el personal que
ha girado en torno de este nacimiento-muerte pueden sentir,
expresar, y compartir una gran pena.
Pero,
y los profesionales?, ¿qué
pasa con la pena de los profesionales?
¿qué
diversidad de sentimientos vivimos los profesionales?
Si
el parto fue bien.
-¿A
qué llamamos "el parto fue bien"?.
¿A
qué sobrevivieron el parto la madre y el bebé?-. Podemos
profundizar en más detalles,
¿pudo
ser mayor el crecimiento personal, el nivel de autonomía, de
autoestima, el nivel de responsabilidad ante la vida, la salud,
las decisiones, la actitud consciente y por tanto crítica... por
parte de los padres que lo serán para toda la vida, no sólo en
el momento del parto y de ello se alimentará su hijo/a tanto por
lo menos como de las emociones intrauterinas y de la leche
materna a lo largo de toda su vida?. Por parte de los
profesionales: ¿pudo
ser otra la conducta, que mejorara la vivencia del parto para el
bebé, para la madre y para su pareja o acompañantes, tanto a
nivel físico, cómo psíquico o emocional?
Si
"el parto fue bien"
algunos padres olvidarán sus deseos contrariados, sus ilusiones
de lo que pudo ser, porque a todos nos cuesta, nos da cierta
pereza volver la vista atrás, y en definitiva, diremos, el bebé
que es lo más importante ya está aquí. Otros, ni se habían
parado a distinguir sus deseos, sus ilusiones, sencillamente se
pusieron en manos de un profesional. De la misma forma que
consciente o inconscientemente pondrán su vida y la de su hijo/a
en manos de toda la gama de profesionales del sistema porque
simplemente "ya les va bien", sin más.
En
general, los profesionales, si "el parto va bien", todas estas
"elucubraciones" las desprecian y las dejan para quienes quieren
entrar en este mundo de las emociones, de los sentimientos, de
lo que hasta hoy no se puede medir, ni pesar.
Si
"el parto va mal",
entendemos por esta expresión que se produjo un resultado fatal,
murió la madre o el bebé o quedaron con alguna lesión
incapacitante para su vida.
Si
"el parto va mal" los padres, familiares, amigos... lo lloran.
Los profesionales lo lloran, pero les pasan más cosas, y a los
padres que forjaron sus deseos, sus ilusiones... que
cuestionaron el sistema globalmente o el sistema sanitario en
particular y consecuentemente tomaron sus decisiones también les
suceden más cosas.
El
intento de desmenuzar, de describir que es lo que me pasa a mí,
es un intento con el objetivo de compartir que les pasa a los
demás.
Una
sensación de la que quiero hablar es la de la incertidumbre,
creo que deriva de la soledad o de la individualidad de la
responsabilidad de las decisiones que se toman. Creo que el gran
tema es la decisión de actuar bajo la propia responsabilidad,
ejerciendo consecuentemente una acción que no es la consensuada
actualmente por el sistema.
Aún sabiendo ciertamente que lo consensuado hoy por el sistema
variará mañana fruto de actuaciones programadas dentro del mismo
sistema o fuera que hayan puesto en evidencia la necesidad de
otros consensos, en medicina, habitualmente llamados protocolos.
Dentro
del sistema, es fácil llegar a la conclusión, lo mismo
madres/padres que profesionales de que "Hicimos todo lo que
estaba en nuestras manos"
La
responsabilidad de la toma de decisiones divergentes creo que
siempre o casi siempre requiere un grado de actividad crítica
individual que lleva implícita la acción de dudar de lo
establecido y al mismo tiempo lleva cierta inseguridad, cierta
capacidad de duda sobre el propio juicio, cierta asunción del
error posible en la elección, en la decisión. Vivir la vida con
cierta amplitud de miras, con cierta abertura a los cambios, con
capacidad crítica, con reconocimiento de situaciones dadas con
las que no nos es grato convivir, conlleva dejar que nuestra
capacidad, nuestra energía fluyan en dirección a cambios que nos
llevan a compromisos, a decisiones, a actuaciones más o menos
divergentes con las consensuadas en cada momento y lugar.
Por
ello cuando una pareja asume un tipo de nacimiento y de
crecimiento distinto del consensuado mayoritariamente en la
actualidad, en el estrecho marco de tierra que es nuestro país,
me surgen preguntas contradictorias:
-¿Sentirán
los padres lo mismo que yo? Y creo que sí es posible que sientan
las mismas dudas ¿pueden
llegar a las mismas conclusiones o distintas? Me gustaría
conocerlas, comentarlas... con sus matices.
-¿Creerán
que soy culpable de la muerte de su hijo?
Pienso sinceramente que no tendrán la menor duda en que no hubo
negligencia. Pero también pienso que pueden creer que pudo haber
un error, en el mismo sentido en que podrían pensar que fue un
error salir del marco del sistema, o tomar las decisiones que
los días anteriores tomamos conjuntamente y que sí dieron el
resultado esperado. Tampoco creo que ellos duden que no fueron
negligentes, sino cuidadosamente consecuentes con su sentir y
con su pensar.
-¿Si
creen que soy culpable presentarán una denuncia, como
correspondería? Simplemente puedo decir que me molesta, que me
duele, que me da rabia plantearme esta posibilidad.
¿Por
qué?
-Porque sería una denuncia ante un sistema sanitario y judicial
en los que globalmente no creo, sin entrar en las múltiples
matizaciones posibles.
-Porque he confiado en que quienes han aceptado mi asistencia
tienen hecha previamente cierta crítica a estos sistemas.
-Porque siempre he sentido y he pensado que haría medicina, como
otras actividades en mi vida si realmente estaban de acuerdo con
mi ética, con mis principios, con mis creencias, no por miedo a
las denuncias las he cambiado nunca y ahora, en medicina, no
quiero cambiar de forma de trabajar en función de posibles
denuncias, es decir, no opto por la medicina defensiva, hoy en
día, generalizada. En este sentido me molesta, me duele, me da
rabia que mis sentimientos, que mis actuaciones se pudieran ver
afectados por el "miedo a las denuncias".
Sentir
profundamente lo sucedido tras una asistencia larga y atenta y
al mismo tiempo pensar en la posibilidad de una denuncia es algo
difícil de conciliar, es algo que me golpea, que me obliga a
profundizar en el por qué puede ser así.
Si
"el parto va mal"
y los padres habían confiado en el sistema globalmente o en el
sanitario en particular, con relativa frecuencia surgen las
denuncias. Cuanta mayor es la confianza en el sistema, mayor el
grado de denuncias. Cuanto mayor es el afán de indemnizaciones
fomentado por el sistema (Compañías de Seguros) para
"resarcirse", económicamente de pérdidas materiales o
personales, mayor es el grado de denuncias.
Todo
ello fragua un sistema defensivo muy cerrado de actuaciones
médicas.
En la
facultad nos enseñan que la historia clínica de una persona es
un documento legal y como tal hay que cumplimentarlo. En los
hospitales se imprime constantemente en la conducta médica el
"curarse en salud", es decir, el prevenir que cualquier
actuación pueda ser cuestionada judicialmente.
Tras
un suceso no deseado, no esperado dentro de una alta
probabilidad, como una muerte por una complicación quirúrgica,
anestésica, anafiláctica, o por iatrogenia asociada a
determinadas prácticas o tratamientos... el profesional siente
inmediatamente la necesidad de buscar y encontrar su
justificación en varios sentidos: necesita defender su prestigio
profesional ante los colegas y defender su actuación ante
cualquier demanda judicial.
Espontáneamente surge la necesidad de comentar el "caso" entre
los colegas, con la deseada intención de llegar a la conclusión
de que la actuación fue correcta, la que correspondía en función
de cómo se presentaron las cosas.
En la
sesión clínica siguiente se tratará el tema con sumo respeto
valorando la posibilidad o no de distintos procederes con la
idea de que en sucesivas ocasiones puedan valorarse, como
posibilidades, sin que por ello sea evidente que cambiarán los
resultados. Pueden incluso, llegar a reconocerse errores, o
desaciertos propios o ajenos para llegar a la conclusión de que
también de ellos debemos aprender. También reconoceremos con el
tiempo, que determinados protocolos hoy vigentes fueron
equivocados o desacertados.
Ante
el sistema de justicia, se entenderá muy bien que el colectivo
sanitario debe responder unitariamente, podemos dar por supuesto
que ningún profesional en concreto desea ningún perjuicio para
ninguna persona en concreto, es más, debido a todas las
complicaciones que de ello se derivan, más bien se puede deducir
que actuarán con extremada prudencia.
Sin
embargo pueden producirse excepciones cuando se trata de
alguien, quien en conciencia, bajo su criterio, su ética y su
responsabilidad difiere de la práctica establecida en los
protocolos o en los códigos deontológicos, entonces puede
perderse la presunción de buen trabajo, y como colectivo
profesional censurar una práctica en conciencia diferente.
En
la actualidad socialmente es más aceptado que un hijo muera en
un accidente de circulación, aunque quien conduzca sea su padre
o su madre, que si muere en el proceso de su nacimiento.
Recientemente hemos podido comprobar como colectivamente y
personalmente la sociedad ha aceptado que los jóvenes, hijos de
su padre y de su madre son destinados por los Gobiernos a matar
otros hijos de su padre y de su madre arriesgando dentro del
juego de la guerra también sus vidas.
Tan
reciente es también la pena de muerte ejercida desde los
Tribunales norteamericanos y en otros lugares del mundo aplicada
a sangre fría, con toda la racionalidad, perfectamente
calculada, invariablemente esperada.
¿Por
qué? me pregunto yo, los fabricantes de coches de alta
velocidad, de bebidas alcohólicas, sus consumidores y
usuarios que atentan contra la vida de los demás, los promotores
sociales de su consumo... los Gobiernos, a la sombra, los
aparentemente más democráticos, los que se enriquecen
financiando las guerras lejos de casa, aprovisionando todos los
ejércitos del mundo y los grupos de pacificación al mismo
tiempo... o los tribunales de justicia que derraman
injusticias diariamente en función de la condición social del
delincuente... ¿Por
qué ellos son socialmente disculpados y en cambio se estrecha el
cerco sobre un médico o una comadrona que sin duda atendió
dentro de unos límites humanamente admisibles?
Tengo la impresión de que el sistema socioeconómico capitalista
en extremo
que estamos viviendo, digo en extremo, porque lleva al extremo
las privatizaciones en todas las materias y a todo el mundo, se
asienta y reafirma sobre bases que consideradas "científicas" le
validan y pretenden que sea indiscutible, infalible,
indestructible, inmejorable y duradero. De estas bases forman
parte los sistemas sanitarios, educacionales, informativos,
supraculturales... y por ello no se les pueden permitir errores:
deben ser indiscutibles, infalibles, inmejorables,
indestructibles y duraderos. Por ello sus errores son
"errores humanos individuales" que hay que castigar, para ello
un sistema de justicia que "compensa monetariamente" a los
familiares demandantes, en general, porque en el
Norte-Occidental toda vida tiene un precio. En el resto del
mundo la vida no vale nada como veremos. Y en nuestro medio las
Compañías de Seguros forman con ello una nueva, ya vieja
industria más.
Actuando a conciencia, con dedicación, con atención, sin entrar
a considerar lo que pudo ser negligencia o una imprudencia,
¿dónde
están los límites de lo que pudo ser un error en un consejo
profesional?, ¿dónde
están los límites para juzgar errónea la decisión de los padres?
Si
actuamos bajo la presión de la medicina defensiva, si actuamos
en función de "cubrirnos las espaldas" ante una posible demanda,
como tantas veces oímos decir,
¡qué
sentimientos sanos, sinceros, honrados pueden haber si lo que
sentimos más profundamente es la implicación o la liberación de
la responsabilidad!
Muchas
veces la tranquilidad llega a la comadrona cuando siente la
presencia del ginecólogo. La tranquilidad llega también al
ginecólogo cuando entrega el bebé al neonatólogo con un Apgar
aceptable o si existen dificultades para este bebé, pero pueden
atribuirse a un defecto congénito.
Sinceramente deberíamos reconocer que muchas veces nos sentimos
más tranquilos, más relajados, desaparece nuestra ansiedad
cuando hemos podido transferir nuestra responsabilidad. A
pesar de que la suerte del recién nacido sea la misma: buena o
mala.
Los
profesionales que han ejercido en diferentes países han podido
sentir el distinto grado de ansiedad que les ha generado la
muerte de un bebé en el África o en Europa.
¿Es
que la vida de un niño blanco vale más que la vida de un niño
negro?. En el fondo muchos reconocerían que no es lo mismo,
y acto seguido afirmaríamos que no somos racistas, pero en
realidad lo que a ciencia cierta ocurre es que nuestro sistema
es extremadamente racista y en estos momentos ya forma parte de
nuestro inconsciente colectivo. En el África está socialmente
aceptado que mueran al nacer un mayor número de niños que en
Europa, con lo cual lo que realmente hace que el profesional
sienta un menor grado de ansiedad es que en el África
difícilmente será víctima de una denuncia, a pesar de que su
conducta sea la misma, aunque en el mejor de los casos sienta
igual pena por la pérdida que supone. Para los padres también es
más fácil aceptar la muerte de uno de sus hijos.
Cuando
la opción de los padres no es la socialmente mayoritaria, mejor
dicho, cuando se duda de ella, cuando aunque minoritaria no es
socialmente respetada, se pone en tela de juicio igualmente que
el profesional que se pone a su servicio.
Yo
misma cuando pienso en un posible juicio o en la censura por
parte de otros profesionales, me esmero en justificar que mi
actuación fue correcta.
Cuando dejo libres mis sentimientos pienso en como hice y
aconsejé lo mejor que pude a su madre y a su padre para que su
nacimiento fuera el mejor, tal como ellos deseaban, pienso en
como acaricié a Aila y Arón cuando parecía que volverían a
despertar.
Cuando
siento mayor angustia pienso, porque no me habría ido dos días
antes de vacaciones, y ello es totalmente contradictorio con la
alegría que sentí cuando supe que podía atender el parto
personalmente, antes de las vacaciones.
Una
reflexión final mía personal e intransferible. Sólo me vale este
trabajo aquí para aumentar el nivel de conciencia, el nivel de
responsabilidad. Si optara por mejorar el nivel de supervivencia
estaría en otra parte del mundo. Y si optara por el lucrativo en
otra actividad.
Finalmente tras tantas divagaciones desearía proponer crear una
red de apoyo entre los padres que han perdido a sus bebés.
Esto significaría reconocerles, en lugar de tratar de
desconocerles, ofrecerles ayuda y esperanza. Si tras un parto
"exitoso" nos encontramos con depresiones posparto, mayores
pueden ser tras la pérdida del bebé. Contribuiría a normalizar
la situación, a observar como posibles estos sucesos, a no creer
que ya no existen, a no tener que cargar todos con tantas
culpabilizaciones por querer mostrar una realidad que no es
cierta. Sería importante aceptar que la muerte puede estar
presente en cualquier momento de la vida a pesar de nuestros
mayores cuidados. Si hemos creado redes de padres con niños
diabéticos, de mujeres mastectomizadas...
¿por
qué no de padres que han perdido a sus bebés? A veces pienso
que vivir la muerte como un fracaso, tanto los padres como los
profesionales, junto al miedo a que se generalicen más las
denuncias, están siendo dificultades para crear estos lazos de
apoyo entre la/os madres/padres y familiares que viven estos
momentos difíciles.
4.-
La muerte amarga, enemiga, provocada, consentida o compartida,
impuesta, desgarradora, destructora.
La
podemos encontrar descrita en cualquier informe de la OMS,
UNICEF, FAO... Ellos nos hablan de la muerte en cifras, pero
cada unidad de estas cifras tiene un nombre detrás, tiene un/a
niño/a, o persona adulta, con su rostro y su identidad, con el
dolor y el amor de su padre y su madre, con el amor y el dolor
de sus amigos y familiares detrás.
1.
El año pasado, las muertes de niños y adolescentes
duplicaron el número de muertes de adultos por sida,
tuberculosis y paludismo.
2.
El año 2000 murieron 10,8 millones de niños menores de 5
años, más de la mitad a causa de sólo cinco enfermedades
transmisibles que se pueden prevenir (como la malaria, la
tuberculosis o el cólera) o de malnutrición (es decir,
literalmente murieron de hambre). El 99% de estas muertes
ocurrieron en países en vías de desarrollo.
3.
Hay 1.200 millones de adolescentes en el mundo sobre cuya
salud pesan amenazas muy concretas, como el sida, el consumo de
tabaco y alcohol, la depresión, el suicidio y la violencia.
4.
Los niños menores de cinco años soportan actualmente el
40% de la mortalidad anual.
5.
Unos dos millones de estos niños menores de cinco años
mueren cada año de infecciones respiratorias agudas.
6.
La diarrea, es la segunda causa de mortalidad infantil,
relacionada con las deficiencias de suministro de agua y
saneamiento provoca cada año la muerte de 1,3 millones de niños.
En
estas cifras deben estar contabilizados los miles de niños
víctimas del contacto con el uranio empobrecido que los países
del Norte, unas veces con más consenso y otras con menos,
derraman sobre cualquier territorio, porque deciden colonizarlo,
como lo hizo España con Latinoamérica hace 500 años. La
depredación y la violencia, hoy, es todavía mayor.
A mi
juicio vivimos unos tiempos muy difíciles, históricamente muy
negros, crueles y cruentos, con el agravante de que el
desarrollo productivo alcanzado, es suficiente para cubrir las
necesidades de la humanidad, si una parte pequeña de ella, que
en estos momentos reúne casi todo el poder, no se dedicara al
expolio, a cualquier precio, del resto.
No
existe en estos momentos para mí forma política organizada que
pueda dar solución a estos problemas, ni tan siquiera que ponga
freno al vasallaje del gran capital, como pudieron hacerlo, a su
manera, durante un tiempo los países socialistas.
Por
ello creo que es importante mantener un grado de
responsabilidad, de tomar decisiones, de vivir de forma
coherente, de ahondar en la capacidad humana de discrepar, de
disentir... y de actuar en consecuencia. Me parece importante no
dejar la salud en manos del sistema sanitario, sino usarlo
convenientemente en caso de enfermedad. Me parece necesario no
dejar nuestro dinero en manos los Bancos, ni del Gobierno, sino
tomar la responsabilidad de su destino. Me parece adecuado
personal y socialmente regresar a formas de convivencia más
colectivas, lo cual conlleva una importante reducción del
consumo en general y por ende de materias primas.
Creo
necesario el compromiso personal, para no lavarnos las manos en
un "son problemas demasiado grandes para mí". Recuerdo a Gabriel
Celaya en "La poesía es un arma cargada de futuro"
Porque
vivimos a golpes,
porque
apenas si nos dejan decir que somos quien somos,
nuestros
cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos
tocando fondo, estamos tocando fondo.
Maldigo la
poesía concebida como un lujo
cultural
por los neutrales
que,
lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la
poesía de quien no toma partido,
partido
hasta mancharse.
5.-
La muerte en vida, la muerte diaria, por inconsciencia, por
insensibilidad, indiferencia, por dilución, por anestesia.
Hay
personas para las que la vida pasa día tras día, sin pararse a
pensar o a sentir al mismo tiempo
¡qué
gran regalo es la vida! Para sí, porque se ha encarnado en ellas
y además ¡qué
gran compromiso! supone porque todas las personas con nuestras
cualidades, nuestros defectos y nuestros problemas formamos
parte del patrimonio universal de la humanidad y a éste nos
debemos y de éste disfrutamos.
Cuando
adoptamos una actitud pasiva, desentendida de nuestro tiempo y
de nuestro entorno, siento que algo se apaga, morir el aliento,
la ilusión, el amor humano en una gran dimensión. Es lo que
llamo: la muerte en vida, la muerte diaria, por inconsciencia,
por indiferencia, por dilución, por anestesia.
Otras
personas sienten intensamente en el fondo de su ser el amor y el
dolor ajeno, se identifican con él y adquieren un compromiso que
puede llevarles y de hecho les lleva hasta la muerte. Para ellas
quisiera tener un recuerdo.
Es un
recuerdo para aquella dimensión humana, más allá del
individualismo, tan vigente hoy, más allá de los míos: mi hijo,
mi hija, mi padre, mi madre, mi hermana, mi hermano, mi marido,
mi mujer, mi tío, mi sobrino, mi abuela, mi bisabuela... yo, mi,
me, conmigo. Todo en torno a mí, Todo en función de mí.
Aquella dimensión humana a veces dormida, a veces despierta, que
unas veces queda en el círculo familiar infantil, tribal más
cercano y otras veces toma conciencia y su sentimiento se
expande a todo cuanto se mueve en el planeta, hasta el punto de
sentir en lo más hondo de uno/a mismo/a cualquier injusticia
sometida sobre otro ser humano, o cualquier alegría, como decía
Ernesto Che Guevara y hasta el punto de sufrir la persecución y
la muerte de lo/as hijo/as como lo hicieron Catarina Eufemia, en
Portugal o Domitila Burgos de Chungara, en Bolivia. Testimonios
escritos de los años setenta, entre tantas muertes anónimas, de
ayer y de hoy, para las que quiero tener un recuerdo y rendir un
homenaje.
"Y
me pegaba con mucha rabia. Después me dijo:
-
Está bien. Felizmente, aquí estás esperando familia. Y en tu
hijo nos vamos a vengar. Y sacó un cuchillo y lo comenzó a filar
delante de mí... Y me decía que tenía bastante tiempo para
esperar a que naciera mi hijo y que, con aquel cuchillo, iba a
hacer picadillo a mi hijo.
Entonces me asusté de veras. Tenía un terror y un miedo muy
grande. -¿Cómo
es posible que a mi hijo le hagan esto?- pensé.
-
Coronel, con bastante saña me han pateado en el vientre. Fue por
esto que me defendí. Una madre siempre tiene la obligación de
defender a la criatura que lleva en sus entrañas.
-¡Miren
como las brujas piden clemencia!...
Y
me dijo que no tenía apuro. Y salió de la celda burlándose de
mí.
Y,
como si la fatalidad del destino hiciera, comenzó el trabajo de
parto. Empecé a sentir dolores, dolores, y dolores. Y a ratos ya
me vencía la criatura para nacer. Yo estaba tan nerviosa...
escuchaba los pasos del soldado y me la sujetaba.
¡No
quiero que nazca! Y me decía a mi misma: "si nace, que nazca
muerto"... No quiero que lo mate el coronel... "¡Que
no nazcas vivo, hijo mío!". Realmente pase por una odisea
terrible. Ya estaba la cabeza por salir y yo me lo volvía a
meter. Fue desesperante este momento...
Finalmente ya no pude aguantar. Y me fui a hincar en una
esquina. Me apoyé y me cubrí la cara... En uno de estos momentos
me venció. Noté que la cabeza ya estaba saliendo... y allí mismo
me desvanecí.
No
sé cuanto tiempo pasó.
-¿Dónde
estoy?
Traté de reaccionar y escuché las pisadas del soldado. Entonces
me di cuenta:- a sí, estoy presa
¿Qué
ha pasado?
Me
acordé un poco de todo y pensé:
¿Dónde
está la criatura?
Y
quise sentarme. Mi cuerpo congelándose entre la sangre y el agua
del parto.
Entonces hice un esfuerzo, y encontré el cordón. Y a través del
cordón, el niño, totalmente frío, helado, sobre el piso.
¿Habrá
muerto en mi vientre o después de salir por falta de auxilio?
Intenté darle calor con mi cuerpo...
Entró un sargento y habló: Perdone usted, mi coronel. Esta mujer
se va a morir y no habremos podido interrogarla."
Del
libro "Si me permiten hablar..." Testimonio de Domitila, una
mujer de las minas de Bolivia.
Catarina Eufemia
El
primer tema de reflexión es la justicia
Y
pienso en el instante en que hiciste frente
Estabas
embarazada y no retrocediste
Porque
tu lección era ésta: hacer frente
No
dejaste que ningún hombre lo hiciera por ti
No te
quedaste en casa a cocinar rencillas
Según
la antigua costumbre de las mujeres
No
usaste rencores, ni calumnias
Y no
serviste apenas para llorar los muertos
Había
llegado el momento
En que
era preciso que alguien no retrocediera
Y la
tierra bebió sangre dos veces pura
Porque
eras mujer y no solamente hembra
Eras la
verdad y el coraje que no retrocede
Antígona puso su mano sobre tu hombro
En el
instante en que moriste
Y la
búsqueda de la justicia continúa.
Sophía
de Melho Braghes Andersen
Testimonios de la lucha por la reforma agraria en Portugal, año
1973 y del coste humano que supone la extracción de materias
primas en los países "subdesarrollados" para que las consumamos
manufacturadas, pulidas, brillantes y a bajo coste en los países
"desarrollados". Otros términos a matizar.
Si
quienes consumimos tuviéramos que arrancar el mineral, cultivar
la tierra, o matar los animales que comemos... posiblemente el
derroche, la arrogancia, la prepotencia, el desprecio... serían
mucho menos. Y el valor social de los bienes y del trabajo mucho
mejor apreciado por nosotr@s y por la población joven de
nuestros países, que por no vivirlo, lo desconoce e infravalora
totalmente. En su inconsciente, en su instinto existe el "no
valor", el "no hace falta cuidar las cosas", el "usar y tirar",
el desprecio, la falta de reflexión sobre el esfuerzo ajeno, la
búsqueda del origen de donde proviene lo que yo disfruto... la
conformidad con el sistema.
6.-
A mi muerte, que espero que llegue en paz, anunciándose, en su
día, entre las personas que quiero y en el universo que amé.
Compartiendo la muerte
El
día que yo me muera
Que
cada un@ lance al viento
Siembre
en la tierra
Arroje
al agua
Comparta con el/la herman@
Su
mejor pensamiento
Su
mejor sentimiento
Su
mejor energía
Su
mejor ilusión
Pero
antes de que me muera
Que
cada un@ sienta
Como es
granito de arena en el proyecto universal
Como
comparte la vida con la humanidad
Como
deja su huella en la historia
De aquí
y de allá
De
antes, de hoy y de mañana
Que
cada un@ se sienta
Pulsar
con el universo
Germinar en la historia
Vivir
con la humanidad
Y viva
cada día como si fuera su último día
Como si
fuera mi último día
Y que
cada día
Lance
al viento su mejor pensamiento
Siembre
en la tierra su mejor sentimiento
Arroje
al agua su mejor energía
Y
comparta con el/la herman@ su mejor ilusión
Para
que vivan infinitamente
Montserrat Catalán Morera
23
de Maig del 2001. En la muerte de Angela, la madre de Lidia