
MUJERES
GESTANTES, HIJOS/AS EN GESTACIÓN.
La
construcción de las criaturas.
Cuando
se me informó del título de la mesa en la que se me proponía
participar, sentí una enorme responsabilidad. Se trata de dar
voz a las percepciones de los bebés en gestación, de poner
palabras a sus sentimientos y necesidades, a sus señales de
comunicación con sus madres y, a través de ellas, con el
exterior. Me sentí incapaz, en ese momento, de adentrarme en su
mundo, como intrusa que podía perturbar las relaciones que las
criaturas establecen con sus madres, sus susurros y sus
secretos. En todas las circunstancias en las que he tomado
contacto con estos/as bebés y con permiso de sus madres, me he
sentido intrusa, por lo menos, inicialmente y hasta haber
establecido lo que podemos llamar una confianza que yo suponía
con las criaturas. Por otro lado, hay profesionales que han
investigado en este mundo intrauterino, lo conocen y nos
aportarán información de primera mano y trabajada en
profundidad, en este mismo congreso.
Así,
con permiso de las criaturas, yo me voy a quedar fuera y al
lado, este es mi mundo habitual y en el que mejor me manejo
cotidianamente. Mi comunicación va a estar dirigida desde una
mirada exterior, desde cómo las madres establecen, responden e
interpretan el contacto con sus criaturas, y cómo estas mujeres,
en nuestra sociedad, lo expresan y sus percepciones, son
reforzadas con el apoyo tecnológico. Pero si nos adentramos en
estas prácticas que se suponen maternales, vemos que son y han
sido elásticas y modificables, y se construyen adaptándose a las
necesidades que se presentan socialmente.
Mujeres e hijos/as. Una relación temprana.
El
relato de las mujeres nos informa de una gran variedad de formas
con las que establecen relación con sus criaturas en gestación.
Saben interpretar sus señales, se comunican y dan sentido a las
necesidades que manifiestan. Así, conocen los gustos de su
alimentación. Las mujeres pueden manifestar si al bebé le agrada
o se siente molesto con determinados alimentos de la madre, su
temperatura, o con el ritmo con que los toman. También con el
movimiento o reposo del cuerpo de la madre. Hemos oído muchas
veces a las mujeres decir: "si voy con prisas se queda
quieto/a", o "cuando más se mueve es cuando me relajo".
De la misma manera, manifiestan el estrés como displacentero
para el bebé. Todas las mujeres conocen y nos comunican cuales
son los momentos de mayor contacto con su hijo/a, cuando le
hablan, ponen música, acarician... y ya próximos al nacimiento,
mantienen un estrecho contacto físico.
Esta
comunicación hoy, se ha transformado y la tecnología ha venido a
reforzar, en nuestro contexto, la presencia del hijo/a. Hace
mucho tiempo que la creatividad de la imaginación ha sido
ampliamente (pero no totalmente) sustituida por el universo de
la creación de imágenes. Las mujeres embarazadas, como todos,
participan de ello y, la visión de la criatura por medio de la
ecografía se ha convertido para muchas en el momento cumbre de
la representación del hijo/a y, a través de este acercamiento
que posibilita la tecnología, mujeres y parejas han tenido mayor
facilidad para estar o sentirse cerca de la criatura y responder
a su presencia.
He
acompañado y preguntado a algunas de estas mujeres y parejas en
su consulta al ecografista y, seamos o no partidarias de esta
tecnología o cuestionado su grado de inocuidad, la realidad es
que se ha convertido en el momento estelar del embarazo, en el
que el bebé hace presente su humanidad en la conciencia de sus
progenitores. Comienza aquí el proceso de antropomorfización de
las criaturas en el que los padres progresivamente les atribuyen
características humanas (Scheper-Hughes, 1997); además de la
forma física, la capacidad de voluntad, sensaciones o
sentimientos.
Así,
nos encontramos que algunas mujeres toman conciencia y cambian
hábitos a partir de haber visto a su bebé a través de la
ecografía y dicen: "no me lo imaginaba
¡está
todo formado!"
o comentan: "sabía que estaba embarazada, pero no me enteraba
de nada (no tenía alteraciones) fue al ver al bebé que me lo
creí", o el padre que dice esperar cada mes para ver a su
hija que interpreta como: "voy a la consulta a recibir
oxígeno".
Complementario a todo esto, y ya familiarizados con su
presencia, nos comentan aspectos con características claramente
humanas: "nos ha saludado" "ha hecho así con la mano" o
"es muy recatada, estaba de espaldas", o "no ha
querido enseñarnos el culito" o "tiene las orejas de su
padre" "los pies grandes, la gustará caminar". Vemos pues
que, antes de nacer la criatura, parece haber adquirido
voluntad, sentimientos o actitudes que responden a los valores
culturales de sus padres.
He
observado que la visión ecográfica de la criatura, la acerca a
sus padres y la hace más presente en su realidad cotidiana y,
tengo la percepción de que estas parejas ya hacen un sitio en
sus vidas a esta criatura desde las pocas semanas de gestación.
La tecnología ha venido a poner fuera la imagen de la
imaginación de las mujeres que, convirtiéndola en objeto (vídeo)
la pone al alcance del padre, hermanos, abuelos o amigos,
humanizándose la presencia de la criatura para todos mucho antes
de su nacimiento.
Me
atrevería a afirmar que hace unos años, cuando todavía no
estábamos inmersos en la tecnología, todas las mujeres
imaginaron y dieron forma a su criatura en gestación y, este
ejercicio de modelado del bebé en crecimiento, necesitaba de la
escucha, la caricia y el feedback de la buena comunicación.
Resumiendo, todas las mujeres de la cultura occidental, hemos
hablado con nuestras criaturas, las hemos cantado, arrullado y
hasta hemos preguntado su opinión, delimitado su forma, espacio
físico y otras muchas maneras de comunicación que cada una hemos
creado en estas situaciones. Consideramos estas actividades como
normales en las mujeres embarazadas, a las que percibimos como
protectoras de sus crías, intérpretes y saciadoras de sus
necesidades. Esto es hoy lo deseable y lo que se supone a toda
"buena madre".
Por
otro lado, se nos presenta hoy a las mujeres como las
responsables centrales del mantenimiento y conservación de un
bien social de alto valor: el hijo/a, y se espera que su vida,
se estructure en función de este y bajo la presión de la
responsabilidad culpabilizadora si no responde al modelo de
madre prescrito (Fuentes Caballero, 1996; Osborne, 1993) El
cómo, por qué, y la ideología que rodea el ejercicio de la
maternidad, no es sólo incumbencia de las mujeres, sino que está
cargado de contenido social, es un aprendizaje y, es ahí donde
podemos hablar de:
"La
construcción social de las criaturas".
Revisando rápidamente la historia vemos que es a partir del
siglo XVIII que comienza a concederse valor al niño (Badinter,
1991), pero no un valor por él mismo, sino en función de las
nuevas necesidades sociales que se plantean. Aparece la
concepción de las criaturas como bienes para el Estado, su
riqueza y garantía de continuidad (Badinter, 1991; Fuentes
Caballero, 1996; Perdiguero, 1995) El desinterés anterior por la
infancia, se torna a lo largo del siglo XIX y en nuestro
territorio hasta cerca de mediados del siglo XX, en defensa
activa por los intereses del niño.
Esta
defensa dirigida básicamente a asegurar su supervivencia, se
centrará desde las instituciones de poder, en el aleccionamiento
de las mujeres, ensalzando y glorificando la función de la
maternidad para la que "naturalmente" se da por entendido que
todas ellas están biológica y psicológicamente destinadas. Se
crean los conceptos de "relación madre-hijo" sobre el que se
asentará el futuro desarrollo equilibrado de las criaturas; el
"instinto", que se supone es inherente a toda hembra en los
mamíferos y por consiguiente, en las mujeres; y el "vínculo" que
parece se establece como natural entre la madre y su cría (Eyer,
1995)
En
estos conceptos, junto con el del "amor maternal" hemos sido
socializadas/os, de tal manera que hoy son aceptados como
"naturales". La concesión de esta supuesta naturalidad, puede
generar confusión y culpabilidad en aquellas mujeres cuyos
sentimientos ante la presencia del hijo/a, no responden a lo que
ellas esperaban surgiría como respuesta natural.
El
discurso idealizado de las criaturas, hoy hipervaloradas, se
presenta en la actualidad con doble cara para las mujeres. Por
un lado, se espera que sean madres amorosas, pacientes y a
dedicación completa, por otro, que sigan respondiendo en sus
actividades habituales fuera y/o dentro del hogar, con lo que,
en opinión de Esteban, "se deja al margen, e incluso oculta
las condiciones de vida concretas y diferentes de las mujeres y
grupos domésticos en los que crecen las criaturas" (2000,
209)
Con
esta intervención quiero dejar abierto el espacio para la
reflexión. El ejercicio de la maternidad, tal y como nosotros/as
lo entendemos, es una forma más entre otras muchas formas de
ejercicio y, el cómo se lleva a cabo, va a estar más relacionado
con las tendencias sociales que con las necesidades que plantean
los seres humanos. Sería interesante que cada mujer y pareja,
sin presiones sociales ni económicas, pudieran decidir en que
forma de ejercicio se sienten más cómodas con sus criaturas.
Estoy segura que, cada uno/a encontraría la fórmula adecuada.
BIBLIOGRAFÍA
·
BADINTER,
E. (1991) ¿Existe
el instinto maternal?
Barcelona. Paidós.
·
ESTEBAN,
M.L. (2000) "La maternidad como cultura. Algunas cuestiones
sobre lactancia materna y cuidado infantil". En Perdiguero y
Comelles (eds) Medicina y Cultura. Estudios sobre
antropología de la medicina. Barcelona. Bellaterra. 207-226.
·
EYER, D
(1995) Vinculación madre-hijo. Una ficción científica.
Barcelona. Herder.
·
FUENTES
CABALLERO, F. (1996) "Costumbres privadas e interés público.
La lactancia materna en la literatura médica de divulgación.
Barcelona, 1880.18890". Dynamis. 16; 369-397.
·
OSBORNE,
R. (1993) La construcción sexual de la realidad. Madrid.
Cátedra.
·
PERDIGUERO, E (1995) "Popularización de la higiene en los
manuales de economía doméstica en el tránsito de los siglos XIX
al XX". En, Barona (edit) Malaltia i Cultura. Seminari
d'estudis sobre la Ciencia.
Valencia.225-250.
·
SCHEPER-HUGHES, N. (1997).
La muerte
sin llanto. Violencia y vida cotidiana en Brasil.
Barcelona. Ariel.