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II Congreso Nacer en Casa

Programa

¡Hey! que me estoy enterando de todo. Tengo que decirle algo a mi madre

Ponentes

 

Comadrona y antropóloga. Miembro de “Nacer en casa” (España)

 

MUJERES GESTANTES, HIJOS/AS EN GESTACIÓN.

 

La construcción de las criaturas.

Cuando se me informó del título de la mesa en la que se me proponía participar, sentí una enorme responsabilidad. Se trata de dar voz a las percepciones de los bebés en gestación, de poner palabras a sus sentimientos y necesidades, a sus señales de comunicación con sus madres y, a través de ellas, con el exterior. Me sentí incapaz, en ese momento, de adentrarme en su mundo, como intrusa que podía perturbar las relaciones que las criaturas establecen con sus madres, sus susurros y sus secretos. En todas las circunstancias en las que he tomado contacto con estos/as bebés y con permiso de sus madres, me he sentido intrusa, por lo menos, inicialmente y hasta haber establecido lo que podemos llamar una confianza que yo suponía con las criaturas. Por otro lado, hay profesionales que han investigado en este mundo intrauterino, lo conocen y nos aportarán información de primera mano y trabajada en profundidad, en este mismo congreso.

Así, con permiso de las criaturas, yo me voy a quedar fuera y al lado, este es mi mundo habitual y en el que mejor me manejo cotidianamente. Mi comunicación va a estar dirigida desde una mirada exterior, desde cómo las madres establecen, responden e interpretan el contacto con sus criaturas, y cómo estas mujeres, en nuestra sociedad, lo expresan y sus percepciones, son reforzadas con el apoyo tecnológico. Pero si nos adentramos en estas prácticas que se suponen maternales, vemos que son y han sido elásticas y modificables, y se construyen adaptándose a las necesidades que se presentan socialmente.

 

Mujeres e hijos/as. Una relación temprana.

El relato de las mujeres nos informa de una gran variedad de formas con las que establecen relación con sus criaturas en gestación. Saben interpretar sus señales, se comunican y dan sentido a las necesidades que manifiestan. Así, conocen los gustos de su alimentación. Las mujeres pueden manifestar si al bebé le agrada o se siente molesto con determinados alimentos de la madre, su temperatura, o con el ritmo con que los toman. También con el movimiento o reposo del cuerpo de la madre. Hemos oído muchas veces a las mujeres decir: "si voy con prisas se queda quieto/a", o "cuando más se mueve es cuando me relajo". De la misma manera, manifiestan el estrés como displacentero para el bebé. Todas las mujeres conocen y nos comunican cuales son los momentos de mayor contacto con su hijo/a, cuando le hablan, ponen música, acarician... y ya próximos al nacimiento, mantienen un estrecho contacto físico.

Esta comunicación hoy, se ha transformado y la tecnología ha venido a reforzar, en nuestro contexto, la presencia del hijo/a. Hace mucho tiempo que la creatividad de la imaginación ha sido ampliamente (pero no totalmente) sustituida por el universo de la creación de imágenes. Las mujeres embarazadas, como todos, participan de ello y, la visión de la criatura por medio de la ecografía se ha convertido para muchas en el momento cumbre de la representación del hijo/a y, a través de este acercamiento que posibilita la tecnología, mujeres y parejas han tenido mayor facilidad para estar o sentirse cerca de la criatura y responder a su presencia.

He acompañado y preguntado a algunas de estas mujeres y parejas en su consulta al ecografista y, seamos o no partidarias de esta tecnología o cuestionado su grado de inocuidad, la realidad es que se ha convertido en el momento estelar del embarazo, en el que el bebé hace presente su humanidad en la conciencia de sus progenitores. Comienza aquí el proceso de antropomorfización de las criaturas en el que los padres progresivamente les atribuyen características humanas (Scheper-Hughes, 1997); además de la forma física, la capacidad de voluntad, sensaciones o sentimientos.

Así, nos encontramos que algunas mujeres toman conciencia y cambian hábitos a partir de haber visto a su bebé a través de la ecografía y dicen: "no me lo imaginaba ¡está todo formado!" o comentan: "sabía que estaba embarazada, pero no me enteraba de nada (no tenía alteraciones) fue al ver al bebé que me lo creí", o el padre que dice esperar cada mes para ver a su hija que interpreta como: "voy a la consulta a recibir oxígeno".

Complementario a todo esto, y ya familiarizados con su presencia, nos comentan aspectos con características claramente humanas: "nos ha saludado" "ha hecho así con la mano" o "es muy recatada, estaba de espaldas", o "no ha querido enseñarnos el culito" o "tiene las orejas de su padre" "los pies grandes, la gustará caminar". Vemos pues que, antes de nacer la criatura, parece haber adquirido voluntad, sentimientos o actitudes que responden a los valores culturales de sus padres.

He observado que la visión ecográfica de la criatura, la acerca a sus padres y la hace más presente en su realidad cotidiana y, tengo la percepción de que estas parejas ya hacen un sitio en sus vidas a esta criatura desde las pocas semanas de gestación. La tecnología ha venido a poner fuera la imagen de la imaginación de las mujeres que, convirtiéndola en objeto (vídeo) la pone al alcance del padre, hermanos, abuelos o amigos, humanizándose la presencia de la criatura para todos mucho antes de su nacimiento.

Me atrevería a afirmar que hace unos años, cuando todavía no estábamos inmersos en la tecnología, todas las mujeres imaginaron y dieron forma a su criatura en gestación y, este ejercicio de modelado del bebé en crecimiento, necesitaba de la escucha, la caricia y el feedback de la buena comunicación. Resumiendo, todas las mujeres de la cultura occidental, hemos hablado con nuestras criaturas, las hemos cantado, arrullado y hasta hemos preguntado su opinión, delimitado su forma, espacio físico y otras muchas maneras de comunicación que cada una hemos creado en estas situaciones. Consideramos estas actividades como normales en las mujeres embarazadas, a las que percibimos como protectoras de sus crías, intérpretes y saciadoras de sus necesidades. Esto es hoy lo deseable y lo que se supone a toda "buena madre".

Por otro lado, se nos presenta hoy a las mujeres como las responsables centrales del mantenimiento y conservación de un bien social de alto valor: el hijo/a, y se espera que su vida, se estructure en función de este y bajo la presión de la responsabilidad culpabilizadora si no responde al modelo de madre prescrito (Fuentes Caballero, 1996; Osborne, 1993) El cómo, por qué, y la ideología que rodea el ejercicio de la maternidad, no es sólo incumbencia de las mujeres, sino que está cargado de contenido social, es un aprendizaje y, es ahí donde podemos hablar de:

 

"La construcción social de las criaturas".

Revisando rápidamente la historia vemos que es a partir del siglo XVIII que comienza a concederse valor al niño (Badinter, 1991), pero no un valor por él mismo, sino en función de las nuevas necesidades sociales que se plantean. Aparece la concepción de las criaturas como bienes para el Estado, su riqueza y garantía de continuidad (Badinter, 1991; Fuentes Caballero, 1996; Perdiguero, 1995) El desinterés anterior por la infancia, se torna a lo largo del siglo XIX y en nuestro territorio hasta cerca de mediados del siglo XX, en defensa activa por los intereses del niño.

Esta defensa dirigida básicamente a asegurar su supervivencia, se centrará desde las instituciones de poder, en el aleccionamiento de las mujeres, ensalzando y glorificando la función de la maternidad para la que "naturalmente" se da por entendido que todas ellas están biológica y psicológicamente destinadas. Se crean los conceptos de "relación madre-hijo" sobre el que se asentará el futuro desarrollo equilibrado de las criaturas; el "instinto", que se supone es inherente a toda hembra en los mamíferos y por consiguiente, en las mujeres; y el "vínculo" que parece se establece como natural entre la madre y su cría (Eyer, 1995)

En estos conceptos, junto con el del "amor maternal" hemos sido socializadas/os, de tal manera que hoy son aceptados como "naturales". La concesión de esta supuesta naturalidad, puede generar confusión y culpabilidad en aquellas mujeres cuyos sentimientos ante la presencia del hijo/a, no responden a lo que ellas esperaban surgiría como respuesta natural.

El discurso idealizado de las criaturas, hoy hipervaloradas, se presenta en la actualidad con doble cara para las mujeres. Por un lado, se espera que sean madres amorosas, pacientes y a dedicación completa, por otro, que sigan respondiendo en sus actividades habituales fuera y/o dentro del hogar, con lo que, en opinión de Esteban, "se deja al margen, e incluso oculta las condiciones de vida concretas y diferentes de las mujeres y grupos domésticos en los que crecen las criaturas" (2000, 209)

Con esta intervención quiero dejar abierto el espacio para la reflexión. El ejercicio de la maternidad, tal y como nosotros/as lo entendemos, es una forma más entre otras muchas formas de ejercicio y, el cómo se lleva a cabo, va a estar más relacionado con las tendencias sociales que con las necesidades que plantean los seres humanos. Sería interesante que cada mujer y pareja, sin presiones sociales ni económicas, pudieran decidir en que forma de ejercicio se sienten más cómodas con sus criaturas. Estoy segura que, cada uno/a encontraría la fórmula adecuada.

 

BIBLIOGRAFÍA

·         BADINTER, E. (1991) ¿Existe el instinto maternal? Barcelona. Paidós.

·         ESTEBAN, M.L. (2000) "La maternidad como cultura. Algunas cuestiones sobre lactancia materna y cuidado infantil". En Perdiguero y Comelles (eds) Medicina y Cultura. Estudios sobre antropología de la medicina. Barcelona. Bellaterra. 207-226.

·         EYER, D (1995) Vinculación madre-hijo. Una ficción científica. Barcelona. Herder.

·         FUENTES CABALLERO, F. (1996) "Costumbres privadas e interés público. La lactancia materna en la literatura médica de divulgación. Barcelona, 1880.18890". Dynamis. 16; 369-397.

·         OSBORNE, R. (1993) La construcción sexual de la realidad. Madrid. Cátedra.

·         PERDIGUERO, E (1995) "Popularización de la higiene en los manuales de economía doméstica en el tránsito de los siglos XIX al XX". En, Barona (edit) Malaltia i Cultura. Seminari d'estudis sobre la Ciencia. Valencia.225-250.

·         SCHEPER-HUGHES, N. (1997). La muerte sin llanto. Violencia y vida cotidiana en Brasil. Barcelona. Ariel. 

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