Cuando
se nos pregunta acerca de nuestra primera experiencia sexual nos
acordamos del día en el que intentábamos romper nuestra
virginidad y entrar en contacto con el otro sea masculino o
femenino y echamos nuestro primer polvo.
¡Pero
no! la primera relación sexual fue antes mucho antes.
Tuvimos un noviazgo de nueve meses para terminar haciendo el
amor con nuestra madre (y a esto no lo llamo polvo) porque es el
mayor acto de amor: alumbrar y nacer.
Igual
que en nuestro primer polvo, el cómo nos sentimos, qué ocurrió,
influye en nuestras relaciones sexuales posteriores. La primera
relación sexual en el nacimiento queda marcada e impregnada en
nuestra piel, una piel que tiene memoria, que sabe, conoce,
siente, vive y revive lo que ocurrió.
Y
ahora situémonos en ese momento.
Comienzan las contracciones, el cuerpo de la madre y del bebé
están dispuestos para este momento tan importante.
Como
las olas, las contracciones van acariciando y empujando al bebé,
el se coloca y se deja llevar con el cálido contoneo de las
caderas en movimiento; al principio nota como suavemente le van
acariciando y así cada vez más fuerte y la madre mientras
sensual prepara su baile de encuentro, respira, jadea, se mece,
canta es cómplice del deseo del encuentro; mientras el bebé es
acariciado, lamido, impregnado su cuerpo de un aceite natural su
vernix, se desliza y siente en toda su piel el beso de la vagina
que le rodea, le envuelve, le estruja, le roza como suave
terciopelo y siente el olor del cuerpo de su madre por dentro,
le embriaga como el perfume más exótico.
La
dilatación avanza, el cuerpo se contrae, pierde el control de sí
misma, se abstrae, entra en otro mundo, va hacia dentro, al
compás que su cuerpo se abre y su hij@ se desliza, resbala por
la vagina lubricada, excitada húmeda y cálida.
El
bebé nota su contacto, siente su caricia en todo su cuerpo está
excitado y prepara toda su adrenalina para el momento del
vértigo, del vacío, de la nada de la vida, de la muerte, del
gran orgasmo; y comienza a salir por las piernas abiertas de su
madre, por su periné que estalla como un volcán, como fuego que
le sube desde las piernas y recorre todo su cuerpo, notando el
espasmo, la excitación, la borrachera el subidón, el gozo y la
emoción de dar AMOR.
Los
últimos jadeos...... y se encuentran y se besan, se descubren,
se abrazan otra vez en contacto ahora piel a piel con el cuerpo
de los dos oliéndose de nuevo, buscándose con la mirada oyendo
el latido del corazón... y luego la paz el sosiego, la
relajación y el gustirrinin mmmm, ahhhh la risa el llanto el
gozo de amar, y ahora la teta...
¿se
puede pedir más al mundo a la vida?
Esta
ha sido una experiencia sexual libre y gozosa pero que ocurriría
si desde fuera hubiera un director o directora de esta
experiencia tan íntima sería un "polvo" de los de aquí te pillo
y aquí te mato venga deprisa, más contracciones, toma oxitocina,
más rápido, sal, dilata menos contactitos y al grano, él
sintiéndose estrujado, invadido, vilipendiado... no respetado...
violado en su espacio y tiempo.
Ella
abierta de piernas en posición del misionero ell@s arriba la
mujer debajo.
Su
sexo cortado, el miedo el dolor no hay tiempo para sentir para
esperar, para acompañara para disfrutar, un toque por aquí otro
por allá y a ver si terminamos pronto.
Déjate
que yo te hago, yo sé, tu vida sin mi no tiene sentido, yo te
ofrezco todo te colmo te cubro te pongo a parir. Aquí es difícil
encontrar la excitación, la espera de los tiempos, la dicha del
vivir.
La
invasión del sexo, del placer mientras el bebé siente que le
empujan que le sacan, le hacen vivir una experiencia que el
desde luego no la pensaba vivir así.
Su
adrenalina se dispara para sobrevivir nunca mejor dicho y sal y
el encuentro con ruido con luz con desasosiego, con separación
de su madre con manipulación de su cuerpo con la violación de
sus orificios corporales (fosas nasales, ano..)A ver si todo
está bien, pinchado, pesado, medido
¡ale
ya esta listo! y el cuerpo recoge, absorbe esta experiencia y le
queda ahí en sus células, en su grabadora de emociones y
sentimientos, en el disco duro de su ordenador principal: su
piel y su cerebro y ella sintiéndose violada, agredida no
respetada y con temor en sus próximas relaciones sexuales con su
pareja.
¿Por
qué tenemos tanto miedo al contacto, a qué invadan nuestro
espacio, a la intimidad, por qué tenemos siempre tanta prisa?
¿es
nuestra vida un reflejo constante de este primer momento de esta
primera relación?.............
Esta
es una de las reflexiones que trabajaremos en el taller con la
aportación de todas las participantes.