
¿MOVERSE
EN LOS LIMITES DE LA REALIDAD?
Aún me
acuerdo de mi época de estudiante, cuando todo el mundo te decía
que no se podía hacer nada sin el consentimiento del obstetra de
turno. Y yo me preguntaba
¿si
mi profesión es independiente y tengo facultades para controlar
embarazos, partos y puerperios normales, para qué quiero el
permiso del obstetra para hacer mi trabajo?. Algo que nunca
entendí fue que en nuestra profesión los obstetras siguieran
controlando nuestra educación y nuestro trabajo. Somos
profesionales capacitados para realizar nuestra labor sin la
continua supervisión de un obstetra. No creo que se deban
mezclar profesiones, en cierto punto tan distintas, pues la
comadrona (también llamada matrona, partera, y un largo
etcétera) tiene como función principal, de los cuidados que
imparte, la salud y bienestar de la madre y el bebé, mientras
que el obstetra se centra en buscar la patología de un proceso
tan natural como es el embarazo y el parto.
Todo
esto tiene que ver con moverse en los limites de nuestro trabajo
cotidiano, de la realidad que palpamos cada día.
¿Dónde
esta el límite de nuestro trabajo?¿Dónde
termina nuestra labor y comienza la del obstetra?
¿Está
bien definido ese limite?.
A
simple vista parece sencillo de responder a estas preguntas.
Nuestra labor termina donde empieza la patología. Nos dicen que
debemos ceñirnos a protocolos asistenciales, tanto en los
cuidados que prestamos en el seguimiento del embarazo como
durante la asistencia al parto y postparto. Si no sobrepasamos
la línea de los protocolos, estamos pisando terreno firme, no
corremos peligro de estar invadiendo el campo de otro
profesional, ni corremos el peligro de incurrir en intrusismo,
con las consecuencias legales que se podría derivar de este
hecho.
Todos
sabemos que en nuestra profesión no siempre dos mas dos son
cuatro. Los protocolos también fallan y no se pueden aplicar por
igual a todas las mujeres, por una sencilla razón, no todas las
mujeres son iguales y no todas las mujeres paren igual.
Cada
mujer tiene su propia forma de llevar un embarazo, de afrontar
un trabajo de parto, de parir y de recibir a su bebé. No hay dos
mujeres iguales ni dos partos iguales.
Por
eso creo que no se puede generalizar a la hora de asistir a una
mujer. La asistencia debe de ser totalmente individualizada y no
podemos movernos con unos clichés rígidos que nos impedirán
hacer correctamente nuestro trabajo.
No
debemos olvidar que nuestra profesión es una ciencia, pero
también es un Arte. Podemos desarrollar una técnica perfecta,
impecable que nos permitirá a través de la ciencia tener una
base importante en nuestro desarrollo profesional, pero
¿y
el arte? ¿Cómo
desarrollamos el arte?. Soy de los románticos que aun piensan
que se nace comadrona. Que uno también se puede hacer, pero el
desarrollo de ese sexto sentido que te dice que cuando todo va
mal en un parto, te sientas tranquilo/a por que ese bebé nacerá
sin problemas, y por el contrario en situaciones de total
normalidad, te sientes incomodo y te saltan todas las alarmas. Y
aciertas, y rara vez te equivocas, y se corre la voz poco a poco
de que eres medio bruja (no olvidemos que las "brujas" en muchas
culturas estuvieron unidas a nuestra profesión).
Esos
son los limites que se escapan de la realidad, entre comillas.
Eso no se aprende en ninguna escuela o facultad. Es algo que se
puede desarrollar con el tiempo, el llamado "ojo clínico", pero
creo sinceramente que se debe de nacer con algunas cualidades
para poder desarrollarse y estar muy consciente de todo lo que
sucede a nuestro alrededor.
Estos
límites son los que muchas veces nos hacen decir "NO" ante una
posible intervención o manipulación a una mujer, que creemos que
es totalmente innecesaria.
En mi
trabajo de comadrón, que asiste partos en casa, es muy
importante saber moverse en estos limites fuera de la
"realidad".
No
todo se resuelve con un goteo de oxitocina, una rotura de bolsa,
un fórceps, una ventosa, o cualquier otra manipulación en la que
podamos pensar.
He
presenciado a mujeres que su parto se detenía por la simple
presencia de una persona que le molestaba, mujeres que
necesitaban llorar para poder continuar el parto, mujeres que
paraban el parto durante unas horas para poder descansar y
continuar con un parto que terminaba al cabo de pocas horas,
mujeres que necesitaban estar solas en pleno expulsivo para
poder recibir a su bebé, mujeres que sangraban copiosamente y
que necesitaban que alguien les gritara en la cara,
¡DEJA
DE SANGRAR!, mujeres que tenían contracciones cada 15 minutos y
parían con gran facilidad a pesar de ser primigestas, mujeres
que necesitaban sentirse seguras para poder tener a sus bebés,
mujeres bloqueadas en el parto porque en su nacimiento su madre
también se bloqueo, en una palabra, en cada embarazo, parto y
postparto me encuentro cada vez con una mujer distinta.
Siempre me acordare de un caso en concreto. Esta mujer se llama
Ina, era su primer embarazo a la edad de 42 años. Solo con este
dato algunas personas se llevarían las manos a la cabeza y
pensarían que es una locura asistir el parto de una mujer de esa
edad en casa y con la importancia que tiene ese bebé. Por esto
mismo, Ina decidió parir en casa pensó que era el lugar mas
seguro para su bebé. Yo acepte el seguir su embarazo y asistir
al parto y postparto. Es una mujer muy vital, que se cuida
muchísimo y que había practicado yoga durante años, aparte de
ser psicoterapeuta. Aquí ya atravesé los limites de la realidad
establecida, pero no el limite que la mujer y mi, digamos,
intuición me marcaba. Estaba dentro de "mis límites". Para mí
fue un regalo el seguir este embarazo, en cada consulta esta
mujer me mostraba algo nuevo y distinto sobre si misma y su
relación con su bebé, como estaba compenetrada con él y lo
profundo de su relación. Durante el parto, cuando solo contaba
con dos centímetros empecé a escuchar alguna desaceleración en
el latido cardiaco del bebé durante la contracción. Después de
cambiar varias veces de postura las desaceleraciones seguían
apareciendo y decidí hablar con la Ina sobre la posibilidad de
desplazarnos a un centro hospitalario donde tener un mejor
control de estas desaceleraciones. Ina me miro y me dijo que no
deseaba ir a un hospital, que le diera solo unos minutos para
hablar con su bebé antes de decidir si nos íbamos a un hospital
o no. Ella se tomó su tiempo para estar a solas con su bebé y
hablar con él, no sé que le dijo pues hablaba en alemán y jamás
me atreví a preguntárselo, pero fuera lo que fuera lo que
hablaron surtió efecto. A partir de ese momento el corazón del
bebé se mantuvo siempre dentro de los limites establecidos y no
fue necesario un traslado. Al cabo de 4 horas nació un precioso
bebé que presentaba dos vueltas de cordón, vital y activo. Ina
no necesitó puntos a pesar de que su bebe peso mas de tres kilos
y medio. Esta historia ilustra muy bien la diferencia entre los
limites, digamos reales o establecidos, y los limites de la
"otra realidad" de la realidad de cada mujer y de cada comadrona
que sigue un embarazo o asiste un parto.
Los
limites en parte nos los marcan las propias mujeres y en parte
nosotros mismos. Estos límites se mueven, no son estables,
tienen vida y nos marcan hasta donde llegar en cada caso. El
aprender a saber moverse en estos "limites" forma parte de
nuestro arte, del ARTE DE LA PARTERÍA, al cual jamás debemos de
renunciar, al igual que jamás debemos renunciar al conocimiento.
Todos
nos debemos plantear estos limites con cada mujer que atraviesa
la puerta de nuestra consulta, y dejar que ella nos enseñe
cuales son sus limites para que nosotros podamos conocer cuales
son los nuestros.