
En el
año 1989, tras un diagnóstico de cáncer, me puse a buscar alguna
vía pacífica. Encontré a Lama Gangchen Rimpoché y así mi primer
contacto fue el de paciente. Tomé medicina tibetana, trabajé con
el mantra de autocuración, la meditación en los pensamientos
ilimitados, las píldoras de Rimpoché para el agua y la crema y
las enseñanzas de autocuración.
Se
entabló una relación de amistad espiritual profunda que pienso
seguirá por vidas para siempre jamás.
Poco
después encontré también nuevos descubrimientos que dan base a
una nueva comprensión de la salud y la enfermedad a partir de
una comprensión occidental, un sistema biológico, descubierto
por el Dr. Hamer, que comprende al ser humano como un conjunto
indivisible de la psique, el cerebro y la base orgánica en
interconexión con el universo.
Más
adelante, Lama Gangchen expresó la práctica autocuración
tántrica, completándose con la del medioambiente, etc.
Sigo
todavía hoy especializándome en estas dos vías paralelas,
redescubriendo y compartiendo los puntos en que convergen y se
complementan. Occidente se ha dedicado en los últimos años sobre
todo a mirar para fuera y Oriente a mirar para dentro. Occidente
tiene alta tecnología externa y oriente alta tecnología interna.
Pues
si bien la tecnología externa de occidente ha dado pié para
descubrir el nivel cerebral, la tecnología interna de oriente
nos proporciona ampliar nuestra consciencia, estimular nuestros
recursos internos de autocuración.
Me
llamo Itziar Orube y agradezco de corazón poder compartir una
pequeñita experiencia de luz...
Nacida
y educada en la religión católica, el agobio de los dogmas y del
pecado, y mis ansias de justicia y solidaridad me llevaron a
definirme como comunista y atea.
Ante
el desencanto de los resultados, busqué refugio dentro de mí
pensando en al menos dedicarme a una revolución interna.
Requerimientos que fueron encontrando respuestas cada vez más
claras desde que conocí a los lamas tibetanos... me
tranquilizaba tanto que no había nada que creer... pues decían
que el completo desarrollo del ser consciente provenía de
experimentar las cosas con una mente tranquila, no de nuestros
pensamientos y conceptos sobre ellas. O sea pasar del nivel del
pensamiento conceptual al intuitivo de la experiencia. No hay
palabras para expresar la experiencia de ser tranquilamente
consciente. No hay nada que creer. El entendimiento profundo
viene de la propia experiencia en la meditación. No importa
conocer los conceptos. Algunos grandes yoguis nunca estudiaron
ni leyeron libros, solo recibieron instrucciones sobre la
practica y practicaron. Lo más importante es la experiencia de
la verdad en nosotros, lo que esta libre de ideas y opiniones.
Cuando
la mente se tranquiliza nos hacemos más refinadamente
conscientes y muchas de las cosas que parecían estar por debajo
de nuestra consciencia aparecen con la luz de la atención. Si
empezamos a observar lo que era un condicionamiento
subconsciente, al ser conscientes lo integramos en nuestra
mente.
Temía
perder espontaneidad, pero me fui dando cuenta que responder
mecánicamente con respuestas condicionadas no es espontaneidad,
es ser autómata. Habitualmente cuando llega un estímulo actuamos
siempre sin consciencia sin atención. Esto no es espontáneo, es
mecánico. La espontaneidad se produce cuando la mente esta
clara, tranquila. La atención no detiene el fluir no rompe el
ritmo natural. Cuando se cultiva fluye sin esfuerzo.
El
cuerpo va sufriendo transformaciones y la mente también. Nada es
como era antes. Todo esta condicionado por lo que fuimos y en
cada momento sucesivo. Cada momento condiciona lo que aparece en
el momento siguiente. Nada continúa pero hay una relación con lo
que surge. En el momento de la muerte la calidad de la
consciencia condiciona la aparición de la consciencia de
renacimiento.
Técnica: dejar que los pensamientos surjan, las imágenes y las
sensaciones, surgen y desaparecen sin incomodarse, sin
reaccionar, ni juzgar sin identificarse, solo como una gran
mente que observa las olas que vienen y van. Esto produce calma.
No involucrarse en su contenido, ni por que vino sin considerar
el pensamiento como mío. El pensamiento es el pensador, se
piensa a sí mismo. Cuando hay desapego del proceso del
pensamiento, éste no dura mucho, desaparece y la atención vuelve
a la respiración. Los pensamientos no son obstáculo ni
interferencias solo objeto de atención. No dejar que la mente se
haga perezosa. Hacer esfuerzo para que haya claridad con
respecto a lo que esta sucediendo en el momento. Mantener la
mente consciente momento a momento de lo que ocurre, de forma
relajada.
Cuando
nos apegamos a conceptos de comparaciones, formas, juicios,
evaluaciones, todo esto fortalece la separación y el aislamiento
relativos. En la meditación nos liberamos del apego a la
conceptualización y experimentamos la unidad de los elementos
que componen nuestro ser. El concepto más arraigado y que nos
ata a la rueda de la vida y la muerte es el de un yo-mismo.
Entidad personal, yo mi me y por estar tan apegado a esa idea
pasamos la vida satisfaciendo ese yo imaginario.
Vivimos en la ilusión y en la apariencia de las cosas. ..
La
primera de las cuatro realidades fundamentales ( se llaman así
porque pueden ser experimentadas y no solamente pensadas),
comprende los elementos materiales que componen los objetos del
universo físico. El elemento tierra lo experimentamos como
dureza o suavidad de los objetos. Dolor, sensación de contacto
tangible. Es el responsable de nuestros huesos y carne. El fuego
en la cualidad de calor o frió, responsable de la digestión.
Aire, vibración o movimiento, experiencia de los movimientos en
nuestro organismo. El agua la fluidez y la cohesión, responsable
de que las cosas permanezcan unidas, hace que los elementos
materiales permanezcan unidos y de los líquidos.
La
experiencia de las cosas revela su verdadera naturaleza
transitoria.
Cuando
la mente se tranquiliza es posible observar el fluir de la
consciencia. La consciencia del proceso que tiene lugar en todo
momento hace ver lo ilusorio de un yo permanente. Todas las
realidades fundamentales pueden ser experimentadas, las palabras
que usamos para describirlas son conceptos que señalan la
experiencia. La práctica de la meditación hace que se desarrolle
el ser consciente más allá de las palabras.
En
éstas estaba cuando sufrí un profundo impacto que fue un
diagnóstico de cáncer. A las tres semanas se murió mi hermana de
cáncer. Sentí que estaba entre la espada y la pared. No había
tiempo y no podía reconocer el miedo a la muerte que mostraba mi
TAC cerebral, justo en el tronco cerebral cuya correlación
orgánica son los alvéolos pulmonares...
En
nuestra sociedad moderna solemos tomar la muerte con miedo a
causa de una falta de educación sobre su proceso.
Según
el pensamiento de la llamada ciencia occidental la muerte ocurre
cuando la respiración y la actividad cerebral se paran. Sólo se
tiene en cuenta el cuerpo físico, es decir sus sistemas como:
nervios, sistema circulatorio, linfático, digestivo, muscular,
óseo, etc., sin embargo nuestro cuerpo está también compuesto
por sistemas energéticos, invisibles incluso para los
instrumentos de la "ciencia moderna".
En la
tradición tibetana se considera que todos los tránsitos de un
estado de conciencia a otro, de un estado de percepción a otro,
son muy similares al momento de la muerte y a lo largo de la
vida podemos experimentar varias situaciones que nos permiten un
pequeño acercamiento a lo que es un proceso de muerte. Estos
momentos especiales son varios:
Cada
noche, el momento en el que pasamos de nuestro estado de
consciencia normal de vigilia al estado de consciencia de sueño.
Hay un momento de tránsito que es muy similar al estado de
tránsito que se produce en el momento de la muerte.
Otro
momento de tránsito similar, cuando estamos en estado de vigilia
normal ordinario y el momento que entramos en meditación, hay un
cambio de percepción.
Otro
momento que puede ser muy especial es el momento de unión íntima
con otro ser. Si se hace realmente con atención conlleva un
cambio de percepción.
Finalmente el gran momento es el propio de la muerte. Las etapas
anteriores nos dejan percibir un poquito lo que va a ser el
momento de la gran experiencia de la muerte.
Muchos
maestros lo esperan como un gran momento muy especial y nos
animan a afrontarlo con tranquilidad y ecuanimidad.
Los
meditadores del yoga tántrico, mediante el uso de la ciencia
interna de la meditación han descubierto sistemas energéticos
sutiles de los que dependen no sólo la salud sino nuestro
potencial humano, como por ejemplo el sistema de "gotas", basado
en la esencia de las energías sexuales masculinas y femeninas.
Estas "gotas" forman la base de nuestro cuerpo aúrico y dentro
del cual se encuentran los canales, chakras y corrientes. Es al
meditar cuando podemos purificar estos fenómenos sutiles y sanar
y armonizar indirectamente el medio ambiente.
En la
tradición tibetana se tiene muy en cuenta la preparación a la
muerte y el sueño es una valiosa herramienta que tenemos en vida
para nuestra gran experiencia.
Según
las enseñanzas de Lama Gangchen Rimpoché, lama sanador tibetano
que ostenta un linaje ininterrumpido de lamas sanadores desde el
siglo XI, en el uso del tantra, palabra sánscrita que significa
"un contínuo de energía" la meditación tántrica funciona
transformando el flujo de energía natural de nuestro cuerpo,
permitiéndonos maximizar la energía que sana de una manera
profunda. Una vez liberadas las energías naturales podemos
usarlas también para sanar a otros. De entre muchos tipos de
tantra, explica que el tantra de la fuerza vital está basado en
el diseño interno de aumento y disminución de energía que
seguimos a diario: un ciclo natural al despertarnos, durante el
día, al dormirnos, soñar y despertarnos de nuevo. Este ciclo
interno está relacionado con el flujo externo de energías que
gobiernan las horas del día y de la noche, las estaciones, etc.
Momento a momento, día a día e incluso de vida en vida, nuestra
energía de vida pasa por el ciclo de absorción a un nivel sutil
y después de aumento o una nueva manifestación a un nivel más
denso. Si observamos a alguien que va a quedarse dormido,
veremos un cambio muy claro en su respiración a medida que su
energía se hace cada vez más sutil y entonces se queda dormido.
Todas las noches, cuando dormimos, los elementos internos que
mantienen la energía de nuestro cuerpo físico, de los sentidos y
de la conciencia se absorben. Después, durante un breve espacio
de tiempo se manifiesta la mente original haciéndose
gradualmente más densa a medida que empezamos a soñar y se hace
más densa aún cuando despertamos, encontrándonos una vez más en
nuestra mente y cuerpo ordinarios. Este proceso de absorción y
regeneración de energía al dormirnos y al despertar, refresca
las energías sutiles del cuerpo y de la mente y también cura
mucho del daño que nos hacemos en el curso del día. Este es el
mismo proceso que ocurre en el momento de la muerte. Si
conocemos historias de yoguis tántricos antiguos y modernos,
podremos tener una visión de lo que ocurre cuando morimos. Según
el pensamiento occidental... de acuerdo con el budismo tántrico,
el momento real de la muerte ocurre cuando la mente original y
el cuerpo de energía muy sutil se separan del cuerpo físico
ordinario o denso lo que tiene lugar horas o incluso días
después de que cese la respiración. Esta separación está marcada
por una gota rojiza y una blanca que salen por los orificios de
la nariz y los genitales respectivamente.
Por lo
tanto en las sociedades budistas es normal que no se toque el
cuerpo durante los tres días posteriores a la cesación de la
respiración para no perturbar la salida de la mente original.
Esta se va a encontrar después en el estado intermedio entre la
muerte y el renacimiento en un cuerpo sutil que es similar al
cuerpo onírico. Dicen que las experiencias en el bardo, o sea en
este estado intermedio dependen mucho de si hemos muerto con una
mente pacífica y relajada. También cuentan que nos sentimos
atraídos por el mundo físico así como por nuestros futuros
padres con los cuales tenemos lazos energéticos o emocionales
debido a acciones y relaciones pasadas. El renacimiento empieza
cuando entramos en la unión del esperma y del óvulo de nuestros
padres y nuestro cuerpo y mente densos se desarrollan
gradualmente en el momento en que empezamos otra vida.
Mente
de luz clara, mente sin conceptos...
Como
deseamos un buen nacimiento y por ello reclamamos lo más
adecuado para que así sea, hemos de hacer igual en el momento de
morir.
No
debemos pensar en la muerte como un fracaso, sino como un
descanso para el largo recorrido de la evolución de nuestra
consciencia.
Es muy
importante no morir con miedo, resentimiento o frustración.
Morir en paz es una fuente de paz inmensa para la persona que
hace el tránsito y para los que se quedan. Cuando se acompaña a
una persona que muere en paz, se tiene una experiencia muy
enriquecedora. En la tradición tibetana se dice que esta persona
ha unido su experiencia de "clara luz hija" con la "clara luz
madre". Compartir una experiencia así no se olvida.
En el
mundo de hoy es muy difícil ejercitarse como ser interior, por
eso que es muy necesaria la práctica de la meditación.
Como
dije antes, en las tradiciones de Oriente y también en las de
los indios americanos se entiende que hay cinco elementos,
constituyentes básicos de todo el universo. La tierra, el agua,
el fuego, el aire y el espacio.
Cuando
se pasa de un plano de conciencia a otro, ocurre la disolución
de los elementos en el nivel de vibración de ese plano. Las
experiencias más intensas se vinculan a la disolución de los
elementos que constituyen nuestro cuerpo físico denso, es decir
el momento de nuestra muerte física.
Disolución del elemento tierra
El
primer elemento que se disuelve es el elemento tierra.
Las
experiencias que se van a manifestar son: la sensación de caída,
de tener el cuerpo muy abajo (hay necesidad de agarrarse a la
cama o a la mano de alguien)
Disolución del elemento agua
Es el
siguiente elemento que se disuelve y se produce una sensación de
humo o de neblina. A veces las personas en ese momento dicen de
"encender la luz" o a veces lo contrario "apagar la luz".
En
este momento disminuye la producción de fluidos en el cuerpo, la
piel se reseca, es como si todo se secara.
Disolución del elemento fuego:
El
siguiente elemento que se disuelve es el fuego. Hay dificultades
con la digestión y el síntoma externo es que la inspiración es
más corta y la espiración más larga. Cuando la persona entra en
esta fase la situación es más crítica y es cuando el proceso se
hace irreversible pues se entiende que está habiendo ya una
separación entre el cuerpo físico y el cuerpo energético.
Todavía no se ha separado definitivamente pues parece que esto
concluye tres días después de la muerte. En la tradición
tibetana la expiración final no se asocia con la muerte, sino
que la muerte acaba cuando todo el proceso de disolución de los
elementos haya concluido y la persona entra en la experiencia de
la "clara luz" y sale de la experiencia de "clara luz". Ahí es
donde acaba el proceso.
El
siguiente elemento es el viento y entonces la persona puede
tener una experiencia de una llama o una vela o sea una luz que
vibra o chisporrotea. En este momento ya la persona no se puede
mover, está quita, la lengua se hincha y a veces se puede
observar que la persona empiezan a hacer algo extraño con la
lengua y hay un movimiento extraño de garganta y esto sucede
prácticamente instantes antes de morir aunque es muy variable de
una persona a otra. Se comienza a hacer inspiraciones más cortas
muy seguidas y muy cortas y aparece apnea, la persona deja de
respirar y finalmente hay una inspiración final y es ahí el fin
desde el punto de vista de la medicina oficial en occidente
donde se dice que la persona está clínicamente muerta.
Pero
sabemos que el proceso no ha terminado...
Disolución del elemento espacio:
El
último elemento es el espacio, primero hay una experiencia de
una luz rojiza y luego la persona percibe como un momento de
oscuridad y pierde consciencia. Esta pérdida de consciencia
puede durar más o menos y luego hay la experiencia de claridad,
de felicidad. Si uno ha tenido experiencias de meditación a lo
largo de su vida, esa experiencia la puede mantener más tiempo y
se dice que es el momento donde la meditación es más profunda y
para los maestros es el broche de oro de toda una vida de
práctica, pues permite un contacto muy profundo y muy intenso
con nuestro ser más profundo, con lo divino que hay en nosotros.
Incluso se dice que nuestro principio consciente puede liberarse
definitivamente de todos sus condicionamientos relativos.
He
acompañado a varias personas y he podido observar que estos
signos eran ciertos y que la persona que entiende el proceso y
es consciente de lo que se está dando, lo acepta. Si tiene algo
por resolver lo resuelve y es una experiencia hermosa y sublime
para el que se va y sublime y enriquecedora para los que se
quedan y la han acompañado en el proceso.
En mi
práctica de las 5 leyes biológicas, cinco grandes pilares para
comprender los procesos biológicos que denominamos enfermedades,
he podido experimentar que se muere bien o mal según si morimos
en activación de conflicto o en solución. Preguntando al Dr.
Hamer sobre qué importancia tendría morir en solución, respondió
haciendo siempre alusión a los animales: "el animal que muere en
solución es el mejor alimento para el resto de los animales". Le
hicimos saber que nos referíamos a las personas a lo que
respondió: "los que mueren en la fase de resolución además de
morir de forma apacible y tranquila dejan una energía positiva y
de beneficio a su alrededor", también dijo que esa energía
duraba muchísimo y que era sanadora.
Personalmente puedo compartir que he vivido completamente esa
experiencia con la muerte de un niño de 11 años que cuidé hasta
el último momento. ¡Cómo
lo aceptó hasta el último momento!
¡Qué
luz! Dejó una energía que me hizo sentir la misma emoción que
ante un nacimiento. Dejó tal energía de paz, que hizo que sus
padres solucionaran conflictos incluso mucho tiempo después,
sólo con el recuerdo de todo el proceso.
Gracias de nuevo y que sirva de beneficio para todos los seres.