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II Congreso Nacer en Casa

Programa

Explicadme el mundo al que voy a llegar

Ponentes

 

Comadrona, escritora. Autora del primer libro de psicoprofilaxis en España. Presidenta Honorífica de la Asociación “Nacer en Casa” (España)

 

EL NACIMIENTO, LA MUERTE Y, ENTRE AMBOS, LA VIDA

 

He perdido la cuenta de la cantidad de congresos en los que participé, hasta llegar a ser conocida como "la matrona de los congresos", pero ésta es la primera vez en la que no vamos a hablar solo de partos y de madres, sino del feto, un ser débil e indefenso, en nuestras manos.

Con el enunciado Explicadme el mundo al que voy a llegar, no se me ocurre nada, máxime por que el feto no tiene opción y cualquiera que fuera la respuesta, por las buenas o por las malas, no tiene más remedio que nacer. No sé si recuerda el pasado, ni si siente curiosidad por lo que le espera, Si tiene ya consciencia de si o sólo el instinto de nacer.

De la vida intrauterina sólo sabemos la parte, morfológica, nada más. Sabemos que el cigoto, una vez implantado en la mucosa premenstrual evoluciona espontáneamente, hasta convertirse en un feto a término, viable, capaz de convertirse en un adulto, e incluso reproducir otros individuos Semejantes. Lo único que necesita, tanto el cigoto, como el recién nacido, para su formación, desarrollo y crecimiento, son los materiales. La energía, la inteligencia, la fuerza, la vida, en suma, la posee, la poseemos todos, sin querer y sin darnos cuenta, de forma misteriosa e invisible.

Por eso, confieso humildemente, que mis conocimientos no son suficientes para responder a esa pregunta, suponiendo que el feto se la hiciera. Os pido mil disculpas por no sentirme capaz de desarrollar el tema propuesto y permiso para hablar, en general, de EL NACIMIENTO, LA MUERTE Y ENTRE ELLOS, LA VIDA, con la intención de ver Si, entre todos, podernos encontrar la forma de pasar por esas tres etapas, nacimiento, vida y muerte de la mejor manera posible, nacer, vivir y morir, como seres superiores e inteligentes, como personas.

Nacimiento y muerte son dos trances, no ya semejantes, sino exactamente iguales. En ambos casos se trata pasar de un mundo en el que vivimos a otro del que tenemos un conocimiento dudoso o nulo.

Tanto el nacimiento como la muerte son involuntarios e inevitables y los dos pueden realizarse de dos maneras muy diferentes:

a) Poco a poco, lenta y pausadamente, como una función natural, ejecutada por el propio organismo, ya sea el del feto a término, capaz de vivir fuera del útero que, lógicamente, debe nacer; ya sea el del enfermo o el anciano, que no es capaz de seguir viviendo y termina, poco a poco también su vida, a causa de vejez o enfermedad. En ambos casos el cambio de una vida a otra, corre a cargo del individuo.

Para nacer normalmente, el feto a término se coloca de forma espontánea en la posición adecuada para nacer y probablemente es quién da la señal de que es viable, capaz de vivir fuera del útero, para que el organismo de la madre colabore con él, le ayude a salir del útero, y dé comienzo a la formación fisiológica especial llamada parto que le ha sido encomendada. Ni la embarazada ni el feto sufren en el parto natural, nada que no sea fisiológico, que esté fuera del funcionamiento natural del organismo. El aparato genital de la madre trabaja para permitir la salida del feto y éste, una vez que ha conseguido adaptar los diámetros y la forma de su cuerpo a la pelvis materna nace, empieza a vivir fuera, a respirar, a regular su temperatura a modificar su sistema circulatorio, a mamar, a digerir, a empezar a enterarse de las cosas.

No hay necesidad, ni posibilidad de explicarle lo qué tiene que hacer. Él lo sabe, como, de modo misterioso sabe lo qué tiene qué hacer para nacer, lo sé a ciencia cierta porque he visto a muchísimos niños nacer solos y empezar a vivir fuera del útero solos, como van a seguir creciendo solos y aprendiendo cosas, aunque no se las enseñen, porque las cosas esenciales, imprescindibles para la supervivencia, el ser humano sabe hacerlas espontáneamente.

De igual manera, el ser humano sabe morir de muerte natural, en realidad, empezarnos el camino hacia la muerte, apenas nacemos. Cada día, cada hora, nos va quedando menos de vida, pero todos tenemos, más o menos miedo a la muerte. A pesar de que la vida no es un camino de rosas, de que disfrutamos de breves períodos de felicidad, rodeados de preocupaciones, trabajos, enfermedades, contratiempos nadie se quiere morir y el suicidio, la muerte provocada, antes de tiempo, sin paciencia a esperar que ella llegue de forma suave y natural, está considerado en todas las culturas y religiones, corno algo indeseable, negativo, anormal y se reputa como preferible la muerte en casa, en el propio lecho y a causa de vejez o de enfermedad.

b) Nacimiento artificial, provocado, violento, sin esperar a que se produzca naturalmente, a su debido tiempo, "dirigido" en hospital, donde la mujer es obligada a parir con arreglo a un minucioso protocolo, sin enterarse de nada, sin participar activamente, sin más deseo que el que no duela y acabar cuanto antes, pasando, como simple materia, de un departamento y de las manos de un profesional a las de otro. Son ellos, con ayuda de drogas, aparatos e instrumentos quienes "hacen" el parto del modo previsto de antemano, sin que ni el feto ni la mujer, tengan más papel que el de simple materia. Un parto semejante a morir dejándose los sesos en el asfalto de una carretera, en las manos de un criminal o un terrorista o cayéndose de un andamio.

El nacimiento y la muerte son iguales, pero la forma de realizarse puede ser muy diferente y tener consecuencias muy diversas.

Entre el nacimiento y la muerte transcurre la vida, con todas sus variantes de gozos y penas, de logros y pérdidas y estos tres acontecimientos están encadenados entre sí, dependen uno de otro, no pueden considerarse aisladamente y el imperio de la voluntad humana sobre ellos es muy limitado y, a veces desilusionante.

¿Qué es la vida? De manera muy elemental se puede decir que la vida es, simplemente, la materna en movimiento, capaz de organizarse somáticamente, de adoptar varias formas de cuerpo y actividad.

¿Qué es lo que transforma la materia en un ser vivo, vegetal o animal? ¿Qué es lo que convierte a un ser vivo, en materia inerte, que se disgrega y se convierte, al final, en polvo?

Compré en Roma, hace muchos años, cuando vivía y trabajaba allí, una obra monumental y bien documentada que se titula "Le grande religione" (Las grandes religiones) La he leído innumerables veces y solo he sacado en consecuencia que, desde que el Mundo existe, el ser humano se ha preocupado de buscar explicación a lo que no la tiene o puede que si la tenga, pero no quepa en la inteligencia humana.

Acaso la explicación es muy sencilla y por eso no ha sido tornada en cuenta.

Puede ser que exista un gas, una fuerza invisible, un "algo" que cohesiona la materia y la hace vivir y que cuando deja de pasar por ella, la vida cesa, y la materia se desintegra porque falta lo que la mantenla unida.

¿Cuándo empieza la vida? ¿En qué momento podemos empezar a considerar al embrión o al feto un ser humano? ¿Cuántos pares de somitos debe tener ya el embrión para que consideremos que es el principio, el capullo, de una vida humana?

Hay quién opina que la vida no empieza ni termina en un determinado momento, sino que es un fluido eterno que pasa por la materia, que va de una materia a otra. Todos sabemos que el cigoto es un ser vivo, producto de la unión del óvulo y del espermatozoide, que también lo eran, que estaba viva la primera célula de un organismo vivo y por eso, porque estaba viva fue capaz de reproducirse en las innumerables células que componen el organismo fetal. El embrión y el feto son, sin duda, unos seres vivos, una persona, en diferentes fases de formación, desarrollo y crecimiento y como tal persona debe ser tratado. Es dogma judeo/cristiano que Dios, un ser incorpóreo, invisible e indescriptible, creó el ser humano de barro y le infundió vida, soplando sobre él, transmitiéndole así, una parte de divinidad, con su aliento.

 

La ciencia, que yo sepa, no explica claramente el origen de la vida, ni el por qué de la innegable superioridad del ser humano sobre el resto de la Creación, pero se sabe, aproximadamente, qué ocurre dentro del útero durante el embarazo. Después de su multiplicación, las células empiezan a diferenciarse y a organizarse, espontánea y automáticamente, con arreglo a un código genético. ¿Tiene el pre-embrión y el embrión conciencia de esas transformaciones? ¿O sufre, durante sus primeras etapas una especie de letargo? Desde luego, apenas el feto dispone de músculos y miembros para ello, empieza a moverse, es posible que adrede, que lo haga para desentumecerse, para empezar a conocer su cuerpo y aprender para qué sirve, lo qué se puede hacer con él.

Dentro del saco amniótico no hay aire, ni atmósfera, el feto flota en el líquido, no está sujeto a nada y sus movimientos deben ser muy fáciles de ejecutar. La oscuridad es total y la temperatura, constante.

Nos podemos imaginar su espanto, sobre todo Si nace por cesárea, con la irrupción brusca de la potente luz del foco del quirófano, del frío del ambiente, de la presión de las manos del cirujano que lo depositan en una superficie fría y dura, contra la que la presión atmosférica, inexistente dentro del saco amniótico, aplasta el tierno y mojado cuerpecito. Nunca olvidaré el alarido de mi hija, al nacer, fue un grito salvaje, infrahumano.

La Naturaleza ha tomado sus medidas para que el feto nazca poco a poco, suavemente. ¿Saben los médicos y las matronas para que se forma, en el período expulsivo, el canal blando del parto, a costa de periné?

En mi más tierna infancia mi madre me enseñó a pensar, antes que a nada y no he perdido la costumbre de hacerlo, ni siquiera en la vejez.

¿Para qué se expande el periné cuando la cabeza fetal llega al 4º Plano? ¿Por qué empalidece y se pone tenso, con peligro de romperse, cuando se empieza a ver un redondelito del cuero cabelludo del feto? ¿Qué papel representa el periné en el parto?

Modernamente, el periné no sirve para otra cosa que para desgarrarse, si no se previene el desaguisado con una buena y amplia episiotomía, en la Obstetricia clásica, la protección del periné era importante. Bumm y Olshausen, entre alguno más idearon cómo hacerla cómoda y eficazmente y todas las matronas de mi época poníamos gran interés en ello, porque que el periné no se desgarrase formaba parte de la asistencia correcta al parto.

Yo opino que el cuerpo humano es una máquina maravillosa, perfecta, en la que nada falta y nada sobra, sino que cada órgano, cada víscera y cada músculo tiene una misión concreta y la del periné, participando en el parto, como canal blando del mismo, obliga a que el desprendimiento de la cabeza fetal, mediante el tercer movimiento del feto, se efectúe despacio y suavemente para evitar el encuentro brusco del recién nacido con el ambiente exterior.

 

Todas las matronas de mi época, sabíamos proteger el periné, con la debida habilidad, aflojando gradualmente la presión, para conseguir que el periné volviese a su estado primitivo, arrugadito, después de haber cumplido su protectora misión, porque nacer corno morir, debe ser mejor hacerlo suavemente. Yo dejaba que el feto empezase a respirar solo, poco a poco, que la respiración empezaran igual que acaba, naturalmente, sin prisas, como la Naturaleza lo ha programado, dando tiempo al tiempo.

No quiero terminar sin recordar, de nuevo, que entre el nacimiento y la muerte, está la vida y que el feto ha nacido para vivirla y debe ser apto para hacerlo plenamente. No es suficiente que el feto nazca vivo, sino capaz de cumplir su papel en el seno de la sociedad de la que va a formar parte.

 

He cogido entre mis manos muchos recién nacidos. Nunca agredí a ninguno, ni azotándole ni manejándole descuidadamente, sino que siempre los traté con todo cariño y respeto porque un recién nacido es un ser muy respetable, no un trozo de carne con ojos. Es un ser desvalido, inerme, por completo en nuestras manos, pero es el porvenir, el futuro gobernante del Mundo, el que va a hacer cosas que, quizá, nadie hizo aún. Santos, sabios, héroes, inventores, celebridades, todos, absolutamente todos, empezaron siendo recién nacidos, la mayoría en manos de una comadrona. ¡Me enorgullecía pensar que quizá estaba ligándole el ombligo a una lumbrera!

Yo sentía una gran ternura por aquellos recién nacidos, mojados, temblorosos... Miraba cara a cara, aquellos ojos, nuevos, luminosos que parecían mirarme, a su vez, para preguntarme: ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Que me ha pasado? Mis ojos intentaban responder, telepáticamente a los suyos, como diciéndole: Has nacido, te asustes, no tengas miedo. Ahora te va a coger tu mama te va a estrechar contra su pecho y te va a ofrecer su leche para que no te falte el alimento al que estás acostumbrado, el mismo que te ha servido para formarte y crecer, vas a seguir disfrutando de mama, aunque ya no estés unido a ella. Vas a agarrarte a su pecho con tus manitas, vas a tener en tu boca su delicado y suave pezón. Vas a conocer esa mama, toda tuya para siempre, ¡nunca la olvidarás, siempre estarás seguro de que ella es la persona que más te quiere!

La mama es el verdadero, el imperecedero amor, en figura de mujer y es tuya, es para ti, te ha estado esperando y no te va a abandonar. No tengas miedo, sigues estando con tu mama, como siempre estuviste. No tengas miedo a nada ni de nadie, ella te defenderá como defiende una loba a sus lobeznos.

Acaso sea esta la mejor información sobre el mundo al que llega que se le puede dar a un recién nacido. Yo se lo repetía todos los días porque, íbamos a vigilar a la madre y al bebé, hasta que éste "daba el ombligo" y teníamos tiempo para todo, para descubrir muy precozmente cualquier anormalidad en el puerperio, para enseñar a las mamás novatas cómo transformar en gozosas sus nuevas obligaciones y para convencer al bebé de que, a pesar de todo, por encima de todo, la vida es un don y de que lo mejor de ella, es disfrutar de una mama.

A veces el bebé creo que entendía mis palabras y asentía, sonriendo.

¡Aquellas inolvidables sonrisas de boquitas sin dientes no creo que fueran muecas, sino verdaderas sonrisas! ¡Una manera de decir ¡muchas gracias! de criaturitas que aún no sabían hablar, por mi dedicación, por mis desvelos, por mi amor hacia ellos y hacia sus padres!

¡Muchas gracias!

 

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CASA DE NAIXEMENTS MIGJORN, SCCL - Centre autoritzat per a la assistència al part natural i domiciliari pel Departament de Salut de la Generalitat, inscrit en el Registre de Centres, Serveis i Establiments Sanitaris amb el nº E08682473

CASA DE NAIXEMENTS MIGJORN, SCCL - Centro autorizado para la asistencia al parto natural y domiciliario por el Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, inscrito en el Registro de Centros, Servicios y Establecimientos Sanitarios con el nº E08682473