
EL
NACIMIENTO, LA MUERTE Y, ENTRE AMBOS, LA VIDA
He
perdido la cuenta de la cantidad de congresos en los que
participé, hasta llegar a ser conocida como
"la matrona de los congresos", pero ésta es la primera
vez en la que no vamos a hablar solo de partos y de madres, sino
del feto, un ser débil e indefenso, en nuestras manos.
Con el
enunciado Explicadme el mundo al que voy a llegar, no se
me ocurre nada, máxime por que el feto no tiene opción y
cualquiera que fuera la respuesta, por las buenas o por las
malas, no tiene más remedio que nacer. No sé si recuerda el
pasado, ni si siente curiosidad por lo que le espera, Si
tiene ya consciencia de si o sólo el instinto de nacer.
De la
vida intrauterina sólo sabemos la parte, morfológica, nada más.
Sabemos que el cigoto, una vez implantado en la mucosa
premenstrual evoluciona espontáneamente, hasta convertirse en un
feto a término, viable, capaz de convertirse en un adulto, e
incluso reproducir otros individuos Semejantes. Lo único que
necesita, tanto el cigoto, como el recién nacido, para su
formación, desarrollo y crecimiento, son los materiales. La
energía, la inteligencia, la fuerza, la vida, en suma, la posee,
la poseemos todos, sin querer y sin darnos cuenta, de forma
misteriosa e invisible.
Por
eso, confieso humildemente, que mis conocimientos no son
suficientes para responder a esa pregunta, suponiendo que el
feto se la hiciera. Os pido mil disculpas por no sentirme capaz
de desarrollar el tema propuesto y permiso para hablar, en
general, de EL NACIMIENTO, LA MUERTE Y ENTRE ELLOS, LA VIDA, con
la intención de ver Si, entre todos, podernos encontrar
la forma de pasar por esas tres etapas, nacimiento, vida y
muerte de la mejor manera posible, nacer, vivir y morir, como
seres superiores e inteligentes, como personas.
Nacimiento y muerte son dos trances, no ya semejantes, sino
exactamente iguales. En ambos casos se trata pasar de un mundo
en el que vivimos a otro del que tenemos un conocimiento dudoso
o nulo.
Tanto
el nacimiento como la muerte son involuntarios e inevitables y
los dos pueden realizarse de dos maneras muy diferentes:
a)
Poco a poco, lenta y pausadamente, como una función natural,
ejecutada por el propio organismo, ya sea el del feto a término,
capaz de vivir fuera del útero que, lógicamente, debe nacer; ya
sea el del enfermo o el anciano, que no es capaz de seguir
viviendo y termina, poco a poco también su vida, a causa de
vejez o enfermedad. En ambos casos el cambio de una vida a otra,
corre a cargo del individuo.
Para
nacer normalmente, el feto a término se coloca de forma
espontánea en la posición adecuada para nacer y probablemente es
quién da la señal de que es viable, capaz de vivir fuera del
útero, para que el organismo de la madre colabore con él, le
ayude a salir del útero, y dé comienzo a la formación
fisiológica especial llamada parto que le ha sido
encomendada. Ni la embarazada ni el feto sufren en el parto
natural, nada que no sea fisiológico, que esté fuera del
funcionamiento natural del organismo. El aparato genital de la
madre trabaja para permitir la salida del feto y éste, una vez
que ha conseguido adaptar los diámetros y la forma de su cuerpo
a la pelvis materna nace, empieza a vivir fuera, a respirar, a
regular su temperatura a modificar su sistema circulatorio, a
mamar, a digerir, a empezar a enterarse de las cosas.
No hay
necesidad, ni posibilidad de explicarle lo qué tiene que hacer.
Él lo sabe, como, de modo misterioso sabe lo qué tiene qué hacer
para nacer, lo sé a ciencia cierta porque he visto a muchísimos
niños nacer solos y empezar a vivir fuera del útero solos, como
van a seguir creciendo solos y aprendiendo cosas, aunque no se
las enseñen, porque las cosas esenciales, imprescindibles para
la supervivencia, el ser humano sabe hacerlas espontáneamente.
De
igual manera, el ser humano sabe morir de muerte natural, en
realidad, empezarnos el camino hacia la muerte, apenas nacemos.
Cada día, cada hora, nos va quedando menos de vida, pero todos
tenemos, más o menos miedo a la muerte. A pesar de que la vida
no es un camino de rosas, de que disfrutamos de breves períodos
de felicidad, rodeados de preocupaciones, trabajos,
enfermedades, contratiempos nadie se quiere morir y el suicidio,
la muerte provocada, antes de tiempo, sin paciencia a esperar
que ella llegue de forma suave y natural, está considerado en
todas las culturas y religiones, corno algo indeseable,
negativo, anormal y se reputa como preferible la muerte en casa,
en el propio lecho y a causa de vejez o de enfermedad.
b)
Nacimiento artificial, provocado, violento, sin esperar a que se
produzca naturalmente, a su debido tiempo, "dirigido" en
hospital, donde la mujer es obligada a parir con arreglo a un
minucioso protocolo, sin enterarse de nada, sin participar
activamente, sin más deseo que el que no duela y acabar cuanto
antes, pasando, como simple materia, de un departamento y de las
manos de un profesional a las de otro. Son ellos, con ayuda de
drogas, aparatos e instrumentos quienes "hacen" el parto del
modo previsto de antemano, sin que ni el feto ni la mujer,
tengan más papel que el de simple materia. Un parto semejante a
morir dejándose los sesos en el asfalto de una carretera, en las
manos de un criminal o un terrorista o cayéndose de un andamio.
El
nacimiento y la muerte son iguales, pero la forma de realizarse
puede ser muy diferente y tener consecuencias muy diversas.
Entre
el nacimiento y la muerte transcurre la vida, con todas sus
variantes de gozos y penas, de logros y pérdidas y estos tres
acontecimientos están encadenados entre sí, dependen uno de
otro, no pueden considerarse aisladamente y el imperio de la
voluntad humana sobre ellos es muy limitado y, a veces
desilusionante.
¿Qué
es la vida? De manera muy elemental se puede decir que la vida
es, simplemente, la materna en movimiento, capaz de organizarse
somáticamente, de adoptar varias formas de cuerpo y actividad.
¿Qué
es lo que transforma la materia en un ser vivo, vegetal o
animal? ¿Qué
es lo que convierte a un ser vivo, en materia inerte, que se
disgrega y se convierte, al final, en polvo?
Compré
en Roma, hace muchos años, cuando vivía y trabajaba allí, una
obra monumental y bien documentada que se titula "Le grande
religione" (Las grandes religiones) La he leído innumerables
veces y solo he sacado en consecuencia que, desde que el Mundo
existe, el ser humano se ha preocupado de buscar explicación a
lo que no la tiene o puede que si la tenga, pero no quepa en la
inteligencia humana.
Acaso
la explicación es muy sencilla y por eso no ha sido tornada en
cuenta.
Puede
ser que exista un gas, una fuerza invisible, un "algo" que
cohesiona la materia y la hace vivir y que cuando deja de pasar
por ella, la vida cesa, y la materia se desintegra porque falta
lo que la mantenla unida.
¿Cuándo
empieza la vida? ¿En
qué momento podemos empezar a considerar al embrión o al feto un
ser humano? ¿Cuántos
pares de somitos debe tener ya el embrión para que consideremos
que es el principio, el capullo, de una vida humana?
Hay
quién opina que la vida no empieza ni termina en un determinado
momento, sino que es un fluido eterno que pasa por la materia,
que va de una materia a otra. Todos sabemos que el cigoto es un
ser vivo, producto de la unión del óvulo y del espermatozoide,
que también lo eran, que estaba viva la primera célula de un
organismo vivo y por eso, porque estaba viva fue capaz de
reproducirse en las innumerables células que componen el
organismo fetal. El embrión y el feto son, sin duda, unos seres
vivos, una persona, en diferentes fases de formación, desarrollo
y crecimiento y como tal persona debe ser tratado. Es dogma
judeo/cristiano que Dios, un ser incorpóreo, invisible e
indescriptible, creó el ser humano de barro y le infundió vida,
soplando sobre él, transmitiéndole así, una parte de divinidad,
con su aliento.
La
ciencia, que yo sepa, no explica claramente el origen de la
vida, ni el por qué de la innegable superioridad del ser humano
sobre el resto de la Creación, pero se sabe, aproximadamente,
qué ocurre dentro del útero durante el embarazo. Después de su
multiplicación, las células empiezan a diferenciarse y a
organizarse, espontánea y automáticamente, con arreglo a un
código genético. ¿Tiene
el pre-embrión y el embrión conciencia de esas transformaciones?
¿O
sufre, durante sus primeras etapas una especie de letargo? Desde
luego, apenas el feto dispone de músculos y miembros para ello,
empieza a moverse, es posible que adrede, que lo haga para
desentumecerse, para empezar a conocer su cuerpo y aprender para
qué sirve, lo qué se puede hacer con él.
Dentro
del saco amniótico no hay aire, ni atmósfera, el feto flota en
el líquido, no está sujeto a nada y sus movimientos deben ser
muy fáciles de ejecutar. La oscuridad es total y la temperatura,
constante.
Nos
podemos imaginar su espanto, sobre todo Si nace por cesárea, con
la irrupción brusca de la potente luz del foco del quirófano,
del frío del ambiente, de la presión de las manos del cirujano
que lo depositan en una superficie fría y dura, contra la que la
presión atmosférica, inexistente dentro del saco amniótico,
aplasta el tierno y mojado cuerpecito. Nunca olvidaré el alarido
de mi hija, al nacer, fue un grito salvaje, infrahumano.
La
Naturaleza ha tomado sus medidas para que el feto nazca poco a
poco, suavemente. ¿Saben
los médicos y las matronas para que se forma, en el período
expulsivo, el canal blando del parto, a costa de periné?
En mi
más tierna infancia mi madre me enseñó a pensar, antes que a
nada y no he perdido la costumbre de hacerlo, ni siquiera en la
vejez.
¿Para
qué se expande el periné cuando la cabeza fetal llega al 4º
Plano? ¿Por
qué empalidece y se pone tenso, con peligro de romperse, cuando
se empieza a ver un redondelito del cuero cabelludo del feto?
¿Qué
papel representa el periné en el parto?
Modernamente, el periné no sirve para otra cosa que para
desgarrarse, si no se previene el desaguisado con una buena y
amplia episiotomía, en la Obstetricia clásica, la protección del
periné era importante. Bumm y Olshausen, entre alguno más
idearon cómo hacerla cómoda y eficazmente y todas las matronas
de mi época poníamos gran interés en ello, porque que el periné
no se desgarrase formaba parte de la asistencia correcta al
parto.
Yo
opino que el cuerpo humano es una máquina maravillosa, perfecta,
en la que nada falta y nada sobra, sino que cada órgano, cada
víscera y cada músculo tiene una misión concreta y la del
periné, participando en el parto, como canal blando del mismo,
obliga a que el desprendimiento de la cabeza fetal, mediante el
tercer movimiento del feto, se efectúe despacio y suavemente
para evitar el encuentro brusco del recién nacido con el
ambiente exterior.
Todas
las matronas de mi época, sabíamos proteger el periné, con la
debida habilidad, aflojando gradualmente la presión, para
conseguir que el periné volviese a su estado primitivo,
arrugadito, después de haber cumplido su protectora misión,
porque nacer corno morir, debe ser mejor hacerlo suavemente. Yo
dejaba que el feto empezase a respirar solo, poco a poco, que la
respiración empezaran igual que acaba, naturalmente, sin prisas,
como la Naturaleza lo ha programado, dando tiempo al tiempo.
No
quiero terminar sin recordar, de nuevo, que entre el nacimiento
y la muerte, está la vida y que el feto ha nacido para vivirla y
debe ser apto para hacerlo plenamente. No es suficiente que el
feto nazca vivo, sino capaz de cumplir su papel en el seno de la
sociedad de la que va a formar parte.
He
cogido entre mis manos muchos recién nacidos. Nunca agredí a
ninguno, ni azotándole ni manejándole descuidadamente, sino que
siempre los traté con todo cariño y respeto porque un recién
nacido es un ser muy respetable, no un trozo de carne con ojos.
Es un ser desvalido, inerme, por completo en nuestras manos,
pero es el porvenir, el futuro gobernante del Mundo, el que va a
hacer cosas que, quizá, nadie hizo aún. Santos, sabios, héroes,
inventores, celebridades, todos, absolutamente todos, empezaron
siendo recién nacidos, la mayoría en manos de una comadrona.
¡Me
enorgullecía pensar que quizá estaba ligándole el ombligo a una
lumbrera!
Yo
sentía una gran ternura por aquellos recién nacidos, mojados,
temblorosos... Miraba cara a cara, aquellos ojos, nuevos,
luminosos que parecían mirarme, a su vez, para preguntarme:
¿Quién
eres? ¿Dónde
estoy? ¿Que
me ha pasado? Mis ojos intentaban responder, telepáticamente a
los suyos, como diciéndole: Has nacido, te asustes, no tengas
miedo. Ahora te va a coger tu mama te va a estrechar contra su
pecho y te va a ofrecer su leche para que no te falte el
alimento al que estás acostumbrado, el mismo que te ha servido
para formarte y crecer, vas a seguir disfrutando de mama, aunque
ya no estés unido a ella. Vas a agarrarte a su pecho con tus
manitas, vas a tener en tu boca su delicado y suave pezón. Vas a
conocer esa mama, toda tuya para siempre,
¡nunca
la olvidarás, siempre estarás seguro de que ella es la persona
que más te quiere!
La
mama es el verdadero, el imperecedero amor, en figura de mujer y
es tuya, es para ti, te ha estado esperando y no te va a
abandonar. No tengas miedo, sigues estando con tu mama, como
siempre estuviste. No tengas miedo a nada ni de nadie, ella te
defenderá como defiende una loba a sus lobeznos.
Acaso
sea esta la mejor información sobre el mundo al que llega que se
le puede dar a un recién nacido. Yo se lo repetía todos los días
porque, íbamos a vigilar a la madre y al bebé, hasta que éste
"daba el ombligo" y teníamos tiempo para todo, para descubrir
muy precozmente cualquier anormalidad en el puerperio, para
enseñar a las mamás novatas cómo transformar en gozosas sus
nuevas obligaciones y para convencer al bebé de que, a pesar de
todo, por encima de todo, la vida es un don y de que lo mejor de
ella, es disfrutar de una mama.
A
veces el bebé creo que entendía mis palabras y asentía,
sonriendo.
¡Aquellas
inolvidables sonrisas de boquitas sin dientes no creo que fueran
muecas, sino verdaderas sonrisas!
¡Una
manera de decir ¡muchas
gracias!
de criaturitas que aún no sabían hablar, por mi dedicación, por
mis desvelos, por mi amor hacia ellos y hacia sus padres!
¡Muchas
gracias!