EN LA SOMBRA DE LA CULTURA, EL VIENTRE TODAVIA PALPITA
La mujer se encuentra desde el principio sin una forma propia de existir, como si el existir de la mujer se hallase ya incluido en una forma de existencia que la niegan en cuanto a mujer... Esta negación de sí misma es interiorizada a niveles tan profundos que es como si las mujeres, a lo largo de toda su historia no hiciesen más que repetir esta experiencia de autodestrucción.
(Lea Melandri)
Aquí estamos de nuevo reflexionando en voz alta, compartiendo inquietudes y sentimientos... Estas notas, escritas sobre la marcha, tienen como objetivo plantear lo que coloquialmente llamamos "la pregunta del millón", es decir, la pregunta que se suscita al reivindicar una maternidad entrañable y no patriarcal: «Bueno, todo esto está muy bien en la teoría, pero en la realidad cotidiana de esta sociedad y de este mundo, ¿cómo se puede realizar una maternidad así?»
La gente joven que se interesa por vivir lo más armónica y saludablemente posible, tiene genuinos y profundos deseos de no repetir los descalabros de la maternidad y de la familia patriarcal. Se identifica con nuestros análisis críticos y reivindicativos, pero expresan las dificultades para el cambio que se propone.
Hay cuatro temas que salen reiteradamente como dificultades de diversa índole; son 1) la cuestión del parto propiamente dicha; 2) la cuestión de la pareja y del padre; 3) la falta de tejido social de ayuda mutua entre mujeres; 4) la incompatibilidad del trabajo (asalariado) de la mujer que quiere ser madre. Todos ellos están relacionados entre sí y es muy difícil tratarlos por separado; en los debates y discusiones siempre salen unas situaciones concretas en las que todo está interrelacionado. Voy a intentar escribir algo sobre todo ello, para promover su reflexión y este debate. Hay que decir que las situaciones de partida suelen ser el dato más importante para decidir la solución mejor en cada caso; el mal menor para la madre y la criatura, lo prioritario en cada situación.
1) ¿Qué podemos hacer para parir con placer en vez de parir con dolor; para que la criatura nazca sin sufrimiento, sin trauma?
Una vez que sabemos que el nacimiento y el parto gozosos y sanos, NO dependen de los médicos y de la Medicina sino del estado de la mujer; o sea que el proceso del parto depende básicamente de la sexualidad de la mujer, nos encontramos con que el quid de la cuestión no es propiamente la maternidad, sino la mujer misma: el estado de la mujer en esta sociedad; de manera que la maternidad patriarcalizada no sería más que la consecuencia casi inevitable de este estado de sumisión falocéntrica y de robotización de la mujer... En otras palabras, no podemos cambiar la maternidad sin cambiar la mujer. Todo, claro está, es relativo y/o, lo es hasta cierto punto.
Lo cierto es que lo que hace que la menstruación de una mujer sea dolorosa, es lo mismo que hace que el parto sea doloroso: la más mínima apertura o dilatación del cervix produce dolor; las fibras musculares del cervix no están relajadas, no tienen flexibilidad. Entonces, claro que no basta una buena preparación al parto durante los 9 meses de la gestación para hacer que el útero de la madre se abra suavemente, con tiernos latidos, como la flor de loto de la India. Hace falta una cultura femenina, una femineidad que desarrolle la sexualidad de la mujer desde la niñez, un mundo en el que las niñas crezcan expandiendo su sexualidad.
Hay mujeres que abogan por suprimir la maternidad y la menstruación; acabar con la utilización de nuestros cuerpos para la reproducción humana. ¡ya está bien de sufrir! Yo desde luego me apuntaría a ello si realmente fuera una solución para que dejásemos de sufrir: ¡tantas chicas hay que sufren tantísimo cada mes de su vida! Si no fuera porque, aunque también he padecido mi cuota de sufrimiento uterino, he vivido y experimentado otra cosa; y esa otra cosa ha sido tan fuerte, tan apasionante, como una energía especial que re-equilibra todo, que te devuelve una especie de integridad corporal, un ligero vahído de eso que Lea Melandri llama "ser mujer", de vivir la existencia negada, imposible, prohibida: la otra cara de la lascivia y del pacto con Satán; el cerebro hecho vientre (Belli), la conciencia y el útero unidos (Merelo-Barberá). Evidentemente el camino para dejar de sufrir no es rematar la operación patriarcal de la desnaturalización del cuerpo femenino, de su funcionamiento robotizado; por el contrario, el camino es el de recuperar su funcionamiento natural, liberarlo de su impregnación patriarcal, ¡ay! tan profundamente impregnado.
El camino de la expansión del placer y de la sexualidad femenina.
La sexualidad de la mujer tendría que arrancar, y de hecho arranca en su vida intrauterina, con el cuerpo a cuerpo con la madre en la etapa primal. Al salir, debería encontrar una mujer que estuviera ahí no como mujer del hombre para el hombre, sino como mujer con su cuerpo de mujer en gestación extrauterina. La expansión del periodo primal, debería proseguir en el cuerpo a cuerpo con la pareja de la madre, si la tiene, con los hermanos y hermanas, con las abuelas y abuelos, y con el resto de adultos del grupo familiar.
La expansión de la sexualidad básica humana, hoy erradicada, incluiría la expansión de la sexualidad de la niña, de la adolescente, de la mujer... Todo esto hoy no existe, y como decía Reich, el patriarcado ha creado con la energía de la sexualidad natural reprimida, la sexualidad secundaria, perversa, del hombre de hoy, que es correlativa al funcionamiento robotizado del aparato reproductor femenino, es decir, un funcionamiento sin el impulso de la emoción erótica que le correspondería.
Si las niñas bailasen las danzas del vientre con sus hermanas mayores, sus madres, sus abuelas, y nadasen como sirenas, crecerían sin parar de mover las caderas, la pelvis, el útero; y éste volvería ser como un pez que se mueve en nuestro vientre, tal cual lo representaban en el neolítico. Cuando se habla de recuperar nuestro cuerpo de mujer, en concreto quiere decir recuperar la sensibilidad y el movimiento uterino. Que nuestro vientre canalice y exprese nuestra emoción y nuestra alegría de vivir.
Tenemos varias "pistas" que podemos seguir. Una de ellas es la tradición olmeca que están recogiendo algunas mujeres, como Silvia Sterbova y Elena Lázaro (1); recuperando el pensamiento y los ejercicios de aquella civilización para expandir "la energía femenina", nos proponen "las prácticas femeninas" para lo que ellas llaman el "despertar del útero". Esto está directamente relacionado con lo que dice Carlos Castañeda en su libro Los pases mágicos (2): Según Don Juan Matus, uno de los intereses más concretos de los chamanes que en la antigüedad vivieron en México es lo que denominaban "la liberación de la matriz" ...A los chamanes les interesaba "el despertar" de la matriz porque, a parte de su función primaria reproductora, sabían de una función secundaria; una capacidad para procesar conocimientos directos sensoriales e interpretarlos directamente sin el auxilio de los procesos de interpretación que todos conocemos (lo que también podemos llamar "conocimiento o intuición visceral" de lo que desean l@s hij@s, por ejemplo). ... Al igual que otros chamanes de su linaje (Don Juan) estaba convencido de que si se apartan del ciclo reproductor, la matriz y los ovarios se convierten en herramientas de percepción, y ciertamente, en el epicentro de la evolución... En virtud de los efectos de la matriz, las mujeres ven directamente la energía con más facilidad que los hombres, decían y se quejaban de que las mujeres no son conscientes de su capacidad... Resultaba paradójico que la mujer tuviese a su disposición un poder infinito y no se interesara por conseguirlo. Don Juan estaba convencido de que esta falta de deseo de hacer algo no era natural, sino
adquirida.
Quizá si las mujeres estaban menos interesadas que los chamanes en la evolución humana en sentido general era porque estaban más interesadas en la evolución concreta de sus criaturas y a ello dedicarían su "energía", su capacidad de percepción, su intuición. En cuanto a las funciones secundarias, cabe imaginar, y así debió de ser por las informaciones que tenemos, que en un contexto matrifocal, a las mujeres les sobraba energía y tiempo para desplegar su capacidad de percepción y su intuición a otros aspectos de la vida y de su conocimiento.
En cualquier caso, "los pases mágicos", o sea, lo que nosotras llamaríamos "ejercicios", que Castañeda recopila, sin duda favorecen el despertar de la sensibilidad uterina, puesto que tienen por objeto anular las consecuencias de la socialización nociva que las (nos) vuelve indiferentes.
En nuestra cultura, la matriz es una gran desconocida; ha sido rebajada a una víscera con un papel casi vegetativo, cuando no como un sifón de un sistema de cañerías. Sin embargo, si el cerebro es una especie de unificador a ciertos niveles de nuestra percepción y de nuestra voluntad, a otro nivel, la matriz es otro centro de percepción y de toma de decisiones (las "viscerales"). Podríamos decir que el "alma" en el sentido de "ánimo" de la mujer, en cierto modo es la matriz. En este mundo la mujer está "desanimada", "desalmada", paralizada, porque la vitalidad genuina de la mujer es incompatible con esta sociedad y por eso quedó prohibida y excluida de este mundo (des-terrada al Hades); como dice Melandri, es como si el existir de la mujer se hallase ya incluido en una forma de existencia que la niegan en cuanto a mujer; como si la única posibilidad de existir en este mundo tuviese como condición la "indiferencia" de la matriz, la castración de la mujer que después tres o cuatro milenios de dominación física, se efectúa ya a nivel simbólico e inconsciente (*); y esta castración de la mujer trae consigo, tanto la congelación de su "capacidad de percepción" Que decían los chamanes, como el realizar la función primaria reproductora en ese estado de "indiferencia"; lo que con otras palabras, llamamos "robotización", que quiere decir eso, "des-animación", o "des-vitalización".
Desde el campo del psicoanálisis y de la sexología, la psicoanalista francesa Maryse de Choisy (3) ha constatado, referido al útero, algo muy parecido a lo que dice Michel Odent referido a los médicos obstretas: no saben lo que es un parto porque sólo han conocido los partos hospitalarios; entonces se dedican a hacer "ciencia" y a sentar cátedra sobre el parto de una manera falaz, sobre una base no verdadera, no cierta. Maryse de Choisy dice que los profesionales de la sexología, que han "sentado cátedra" sobre la sexualidad, lo han hecho basándose en un tipo de mujeres determinado; pero como dice ella, las mujeres "uterinas" o "cérvico uterinas" no se preocupan por la sexualidad ni acuden a las consultas de los sexólog@s. Es algo como que nadie se preocupa de su hígado mientras le funciona bien, y sólo empieza a preocuparse cuando le deja de funcionar bien; a continuación, imaginemos lo que sería ir a un médico que desconoce el funcionamiento normal del hígado a que te lo arregle... Se institucionalizaría una patología hepática mantenida y reproducido por el Poder médico. Hace poco hablando con un grupo de gente joven, una chica decía que ella no había hablado nunca con nadie de que notaba y sentía su útero porque pensaba que era lo normal, que todas las mujeres lo sentían. Así concluíamos que era muy importante hablar de ello, eliminar el pudor absurdo que pueda haber, que solo sirve para mantener la ignorancia.
Maryse de Choisy después de diez años de trabajo con cuestionario, ofrece una perspectiva sobre el orgasmo femenino que rompe la tradicional dicotomía "orgasmo vaginal-orgasmo clitoridiano". El orgasmo más global e importante de la mujer, afirma, no es ni vaginal ni clitoridiano; apretando los muslos o los glúteos firmemente (las mujeres) alcanzan un tipo de orgasmo que arranca en el centro de su cavidad pélvica, en algún punto muy profundo de su interior, y se expande por todo el cuerpo... pues el verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, o tiene su origen en él...
Tenemos también "la pista" a seguir de las mujeres de la India, que nos proponen la práctica de la visualización, con los pétalos de la flor de loto abriéndose.. o la imagen de las ranas pre-colombinas palpitando rítmicamente como un corazón... o el animal errante de Platón y otros, quitándole la intención peyorativa y visualizando/sintiendo una preciosa ameba que se alarga y se encoge y se vuelve a alargar, y se mueve, una onda tras otra, como las parras de las cenefas y frisos, que se enroscan una tras otra, (y de las que cuelgan formas uterinas en lugar de racimos de uvas); una ola tras otra, como los dibujos de los tentáculos de los pulpos en las vasijas neolíticas... hasta que el útero, más allá de su forma, se hace todo latido, pulso, ritmo, que irradia y expande el placer ( por eso la oxitocina y el placer son también pulsátiles y rítmicos).
O la "pista" de las mujeres de Arabia Saudí, bailando la danza del vientre en corro alrededor de la parturienta, para inducir su movimiento uterino... o el movimiento de los delfines, o la experiencia conocida de la pornografía por la cual sabemos que el neocortex puede inducir la excitación sexual, a falta del deseo de el/la otr@, y no solo la falocéntrica...
(*) No por casualidad en la Biblia, el establecimiento de la sociedad de dominación sobre todo el ecosistema se enuncia paralela y simultánea al parir con dolor.
La danza del vientre, dice Karmele O'Hanguren (4) no tiene fecha de nacimiento, pero parece ser la supervivencia de una forma de danza ligada a los ritos de fertilidad y maternidad, ya que reproduce simbólicamente los movimientos de la concepción y del alumbramiento... En sus distintas versiones, que van desde el raks sharki con música clásica árabe, al estilo baladí más popular, la danza del vientre es uno de los bailes más sensuales del mundo reservado únicamente a mujeres. .... Las mujeres que la practican obtienen importantes beneficios físicos, como la regulación de los ciclos menstruales, la renovación de la energía corporal y un conocimiento mayor del cuerpo y de los propios sentimientos. No requiere un cuerpo escultural ni un vientre plano, por lo que las aprendices de bailarinas aprenden a amar su cuerpo y a descubrir su gracia y su sensualidad. Por estos motivos, la danza oriental vive un momento de gran auge, ...lo que la experta Isabel Fuentes ha constatado en su academia de baile de Granada...
Por último, recordar que los ejercicios que se recomiendan para fortalecer los músculos pélvicos en la preparación al parto, también sirven en las no embarazadas para despertar el útero inmovilizado.
También podemos afirmar que mujeres que conocemos, sin mediar prácticas femeninas olmecas, ni visualizaciones hindúes, ni pases mágicos, ni danzas del vientre, con el solo hecho de saberlo, han recuperado la percepción sensible de su útero.
Por eso creo que aun siendo difícil, no es imposible perder la rigidez e insensibilidad producidas por la represión de la sexualidad básica, a lo largo de toda una socialización castradora.
Porque oficialmente, libido solo hay la masculina, decía Freud; lo de la mujer, es "el mal femenil" bíblico, la lascivia; el cuerpo hay que mantenerlo tieso, como si nos hubiéramos tragado un palo. Las sillas vienen a completar la forma de doblar nuestro cuerpo en forma de cuatro; eso de vivir en cuclillas, a ras de suelo, hace mover demasiado el esqueleto pélvico y deja los músculos pélvicos relajados y la pista libre para la relajación uterina... Y eso que es de sobra sabido que esto de agacharnos doblando la cintura, en lugar de las rodillas, es muy perjudicial para la columna vertebral, sobre todo si además es para coger peso...
El yoga también nos puede ayudar. Yo no lo practico ni lo conozco, pero transcribo una carta de un amigo (gracias Víctor y perdona que no te pida permiso para reproducir estos párrafos tuyos): Tanto el yoga... como otras terapias se basan en los siete chakras de energía del ser humano. La kundalini (representada simbólicamente con una serpiente enroscada) es la energía vital que se encuentra en el segundo chakra, a la altura de los genitales, y la función de este chakra es movilizar la kundalini (la serpiente se desenrosca y se mueve) y redistribuirla por todos los otros cinco chakras (el primer chakra, que se encuentra más o menos entre los genitales y el ano, es el encargado de tomar contacto con la energía vital de la tierra para que el segundo chakra la pueda canalizar). Tanto en yoga como en las psicoterapias corporales que te comento son práctica habitual ejercicios de movilización de la cadera para activar la kundalini, es decir, la energía vital y/o sexual. Una persona con poca movilidad y conciencia de esa parte del cuerpo es una persona que no canaliza correctamente esa energía. Es un poco como las danzas del vientre de las sociedades matrísticas del neolítico....
Antes cuando defendíamos y reivindicábamos otra maternidad diferente a la patriarcal, estábamos a la defensiva ante el recelo de los movimientos feministas, que tradicionalmente han considerado la maternidad como una esclavitud, una trampa para coartar la libertad de la mujer. Pero era tan importante, estábamos tan seguras de que había "otra" maternidad que nos atrevimos a levantar la voz para reivindicarla.
Sin embargo, ahora podemos decir, no sólo que hay una maternidad que no es esclavitud y sometimiento para la mujer, sino que la maternidad nos está ayudando a recuperarnos como mujeres, a entender una existencia de la mujer inimaginable, perdida en la sombra de la cultura, la que ha sufrido la represión inexorable, permanente y total; Y que, después de todo, no es tan difícil de devolverla/devolvernos a la vida, como aseguraba Freud (5) porque, en la sombra de la cultura, los vientres todavía palpitan. No tanto, ni tan a menudo ni tan intensamente como sería necesario para el bienestar de la vida humana, pero todavía palpitan.
Al principio de este punto decía que para cambiar la maternidad tiene que cambiar la mujer; y resulta que la maternidad, que a pesar de todo moviliza el útero y en cierto grado despierta la sexualidad uterina y nos hace palpitar el vientre, nos está ayudando por lo menos a entrever la recuperación de nuestra existencia como mujeres.
Porque la cultura crea los géneros, los roles, los arquetipos de lo que se supone que es un hombre y de lo que es una mujer; los géneros echan raíces en el inconsciente y crecen modelando emociones, sentimientos, ideas, anhelos y proyectos... que dirigen toda la energía sexual reprimida hacia una patética e institucionalizada mentira, y ponen todas nuestras vidas al servicio de esa patética e institucionalizada mentira, detrás de la cual se esconde la realización del Poder. Pero los cuerpos están ahí con su sabiduría filogenética, permanentemente tratando de escapar y de resistirse al orden simbólico establecido. Por eso, a pesar de la generalización de la robotización de la maternidad (a pesar del decúbito supino, del chupete de plástico, de la leche artificial y de la cuna), gracias a la maternidad, los cuerpos de las mujeres producen tormentas y maremotos que conmueven los cimientos de los géneros y de toda la cultura de la femineidad patriarcal. La maternidad en muchas o en algunas mujeres consigue romper las corazas psicosomáticas que impiden la expansión de todo un campo de erotización femenina; gracias a los partos, los úteros se distienden y salen de su estado letárgico, "histérico" y rígido; gracias a la lactancia percibimos el temblor placentero de los pechos. Vemos algo de luz al final del túnel, en las sombras de la cultura, el vientre y los pechos todavía palpitan.
La mujer se abre paso en la búsqueda de una recuperación de la maternidad. Estamos recorriendo un camino inverso al recorrido en la transición de la matrística a la sociedad patriarcal. Varios autores han señalado cómo nuestros primeros padres experimentaron en la ganadería lo que luego harían con la reproducción humana para obtener los esclavos y guerreros que necesitaban; aprendieron lo que hay que hacer para transformar un toro en un buey (castrarlo), y utilizar su fuerza sumisa para tirar de la carreta y arar los campos; aprendieron la técnica para frenar la expansión del crecimiento de un árbol y convertirlo en un bonsái; y también aprendieron que para domesticar a la criatura humana hay que separarla de su madre después de nacer e impedir el periodo simbiótico de su gestación extrauterina, suprimiendo así la sexualidad básica humana. Por eso decía San Agustín Dadme otras madres y os daré otro mundo.
Para poner en marcha a la sociedad patriarcal, hubo que someter a la mujer, reducirla; quebrantar el desarrollo de su libido; ponerla velos, prohibirla el movimiento voluptuoso, las danzas armónicas y hacerlas andar tiesas como palos. La sexualidad de la mujer se convirtió en un mal, en el MAL por antonomasia, en lascivia, en lo demoníaco, para conseguir la asepsia emocional de la madre. Sin destruir la sexualidad de la mujer, no se hubiera podido prohibir el amor materno, el cuerpo a cuerpo con la madre.
Por eso hablamos de un camino inverso... ahora, en el cuerpo a cuerpo con nuestra criatura, nuestros vientres han vuelto a palpitar.
2) La función masculina: la cuestión de la pareja y del nombre del padre
Otra de las preguntas del millón es inevitablemente ¿qué pinta el padre y qué pasa con la pareja en toda esta maternidad?
Antes que nada, tenemos que ver los planteamientos, perspectiva y sentimientos de los que partimos; hay tres cosas que creo que hay que dejar situadas:
a) Como dice Lea Melandri (6) es necesario reconstruir la contradicción hombre-mujer a partir de la negación del cuerpo de la mujer. A partir de reconocer el cuerpo de la mujer que se niega en este mundo, hay que armonizar la relación entre los dos sexos. Lo que en el psicoanálisis tradicional aparece como un problema de enfermedad, de neurosis, de desadaptación, etc. se convierte en cambio... en una contradicción material.
Una contradicción material, porque se niega el verdadero cuerpo de la mujer para presuponer otro con otro funcionamiento que sería homólogo-complementario del cuerpo masculino. Psíquicamente, desde el punto de vista de la reproducción, se ofrece la imagen de simetría y paralelismo entre los sexos.
Pero la homologación hombre-mujer, maternidad-paternidad supone una contradicción material, porque las funciones de cada sexo no son paralelas ni simétricas. Son discontinuas y asimétricas. En tanto que humanos todos tenemos un funcionamiento igual en muchas cosas; tenemos el mismo aliento vital, la misma capacidad de amar.
Pero a lo largo de nuestras vidas, de nuestros ciclos vitales, tenemos algunas funciones diferentes; no somos homólogos complementarios, ni hay simetría o paralelismo en esas funciones. El falocentrismo es una patología de la sexualidad de la mujer, puesta a punto por la fuerza y hoy mantenida por un orden simbólico falocrático.
Según los modelos establecidos, la mujer sería la mitad de algo que estando completo significa la armonía, el bienestar, la felicidad: la naranja entera, cuya otra mitad es el hombre. Esta complementariedad es una imagen simbólica con un perverso y múltiple efecto; porque no sólo sirve para anular el cuerpo de la mujer en sus funciones sexuales y sociales no falocéntricas, sino también para establecer la adultez como categoría jerárquica, para organizar el pacto adulto (la simetría padre-madre es la imagen simbólica de este pacto que se ofrece a las criaturas) en el que descansa la reproducción patriarcal de las generaciones, asegurando la transmisión vertical de toda la Autoridad, de toda la cultura y de toda la organización social. Porque, efectivamente, si la organización social arrancase con la expansión de la pareja madre-criatura, habría todo un desarrollo de la sexualidad básica humana, común a los dos sexos, común a adult@s y niñ@s, y habría una empatía entre la adultez y la niñez incompatible con la transmisión vertical de las categorías jerárquicas.
En los entes orgánicos hay muchas cosas simétricas que van de dos en dos (dos ojos, dos riñones, dos pulmones, dos brazos y dos piernas, por ejemplo) y que se complementan en sus funciones. Y hay otras cosas que no son simétricas pero que se complementan en ciertas funciones, por ej. las células nerviosas y las células del tejido muscular para la función motriz (hay millones de ejemplos, y todos diferentes, específicos y únicos, con lo cual no es para que los ejemplos se tomen al pie de la letra).
En la especie humana hay dos sexos que se complementan en ciertas de sus funciones, pero no en todas; como las neuronas y las células musculares, tienen estados de profundo entrecruzamiento, pero también existen y funcionan por separado, a más distancia. Si dijéramos que las neuronas y las células musculares tienen que estar siempre inervadas... ¿cómo se harían las otras funciones que no requieren esta inervación?
Si nos planteamos la re-organización de la relación entre los sexos desde la perspectiva de la maternidad (porque se puede plantear desde muchas otras perspectivas), es porque partimos de su experiencia, y hemos visto que en la medida en que se recupera, deja al descubierto esa contradicción material hombre-mujer de esta sociedad, y la negación por parte de la sociedad de una de las funciones más básicas del cuerpo de la mujer. En los colectivos de ayuda de madre a madre, se constata a diario que vivimos en una sociedad que prohíbe la existencia de la mujer, aunque solo sea porque no le está permitido parir y criar a sus hij@s con un mínimo de respeto hacia este proceso. Por eso me parece necesario abordar la cuestión de la función masculina como plantea Lea Melandri, comprendiendo que las relaciones actuales descansan en la negación del cuerpo de la mujer. La maternidad identificada con el bienestar de la criatura y con la recuperación de la sexualidad básica del género humano, abre un camino para re-situar la relación entre los sexos, para restablecer la sexualidad desquiciada, ponerla en su quicio.
b) Recuperar la función masculina tiene mucho que ver con recuperar la función femenina, porque como decía Amparo Moreno (7) los géneros son sólo dos variantes de UN SOLO ARQUETIPO O MODELO HUMANO: el que realiza el Poder. Por eso también las mujeres sabemos ser buenos Padres, Jefes y Guerreros, y si no ahí tenemos la legión de las Thatcher, la Condolenza Rice o nuestras inefables ministras del PP, diciendo que hay que bombardear la población civil de un pueblo inocente... ¡y serán madres que creerán que aman a sus hij@s! Aunque con matices y grados diferentes, hombres y mujeres tenemos la misma dinámica de insensibilización para la esclavitud, la resignación y el ejercicio de la crueldad y del desprecio, y para reprimir a nuestr@s hij@s. Y ahora tenemos el mismo objetivo: cambiar la sociedad de realización del poder por la de la realización del bienestar.
Para cambiar la función masculina de nuestra sociedad debemos cambiar la imagen simbólica que le representa: Hércules, Don Juan, etc., los paradigmas de la masculinidad patriarcal, que afirman la existencia masculina desde la superioridad basada en la fuerza física y en la capacidad de conquista. Podemos buscar algo semejante a un Viernes (8) cuya mayor añoranza y anhelo no es ir de don juan por el mundo, sino el bienestar de l@s niñ@s; o imaginarnos a los "polipáteres" de Bachofen. (Bachofen afirma que en la sociedad organizada desde lo maternal, l@s niñ@s tenían muchos "padres"; de este modo, Bachofen explicaba el que muchos hombres adultos cuidasen de cada niñ@; y sin poder imaginar otra forma de conceptualizar esa función masculina, caía en el mimetismo de llamarlo "polipáteres", una sociedad en la que cada niñ@ tenía muchos padres... Todo lo contrario a nuestra sociedad de padres ausentes... una vez más pasamos de la abundancia a la carencia.) Bachofen no encontró otra palabra para calificar la función social del colectivo masculino en la matrística. Necesitamos elementos para crear el paradigma de una masculinidad basada en la expansión de la infinita capacidad de amar de los hombres, para cuidar y procurar el bienestar de las criaturas y de sus madres. Una masculinidad que se mediría por su dedicación al bienestar de sus próxim@s y no por sus músculos o por el éxito profesional en sus funciones llamadas "públicas" (el grado de Poder relativo en la escala social).
La dinámica jerárquico-expansiva de la masculinidad patriarcal, tanto en la práctica social y sexual como en sus raíces psíquicas, es una construcción cultural; no se justifica en la testosterona; como la guerra no se justifica en los genes de la naturaleza humana, como nos quieren hacer creer.
c) La tercera cuestión que debemos tener en cuenta para cuestionar la masculinidad patriarcal, es la cualidad básica del hombre; que es, al igual que en la mujer, lo que Odent (9) llama "la capacidad de amar". Esta es la cualidad básica específica del ser humano independientemente del sexo. Filogenéticamente estamos hech@s y preparad@s para vivir con el impulso o el "animo" del amor; dígase como se diga: Adicción al amor, búsqueda del placer, producción de deseo, producción sexual/vital, etc. (Maturana, Kropotkin, Deleuze y Guattari, Reich...). El cuestionamiento de la hasta ahora llamada paternidad y de la función masculina patriarcal, hay que hacerla desde esta cualidad específica humana, y siguiendo el curso de la autorregulación de las libidos. El amor, la ternura y lo entrañable, no son prerrogativas femeninas, aunque la cultura patriarcal así lo haya afirmado durante milenios. Una vez más la testosterona no hace a los hombres brutos y violentos. Lo que pasa es que la autoafirmación masculina en este mundo pasa por un endurecimiento emocional (+) y un acorazamiento más fuerte y más acorde con su condición de guerreros o de hacedores de prestigio. "La importancia de ser importante" que decía J.V. Marqués (10) para caracterizar la necesidad de autoafirmación del ego masculino en la sociedad actual. La capacidad infinita para la ternura y para lo entrañable la sacrifica el hombre para autoafirmar su ego en este mundo.
(+) «Llora como mujer lo que no supiste defender como un hombre» que le dijo a Boabdil su madre... «los niños no lloran...» etc.
La justificación "natural" del concepto del "padre".
El "padre" se justifica porque aporta el espermatozoide que fecunda el óvulo materno; de ahí se deriva la homologación "natural" maternidad-paternidad. Pero la relación que da lugar a un embarazo puede ser una relación puntual, esporádica, una aventura de corta duración, una relación de algún tiempo, o de mucho tiempo. Y en todos los casos, la mujer concibe, gesta, pare y cría a su hij@, independientemente de cual sea el tipo de relación con el hombre. Si la paternidad perteneciese al orden natural de las cosas, esto no sería así. Según la organización natural de la libido, la ayuda mutua que requiere la mujer para su proceso de maternidad proviene de las relaciones estables en las que creció y vivió desde niña, y no de la relación coital que dio lugar al embarazo. El análisis del funcionamiento de la libido ha sido corroborado por la antropología.
Modernamente se está reivindicando esta homologación de la paternidad con la maternidad, junto con la idea de la "paternidad responsable". Esto lejos de ser un avance, es un retroceso. Semejante homologación es un eufemismo porque el hombre no forma parte de la simbiosis de la exterogestación; está al lado pero no dentro de ella. En la práctica esta propuesta lo que hace es consolidar la robotización y la asepsia libidinal en la exterogestación, puesto que es el modo en el que el hombre puede asumirla.
En realidad todo esto es una construcción cultural para ocultar el verdadero origen y función social del padre. El padre que es el individuo que se autoafirma por la propiedad (de cosas y personas) y se "realiza" como agente de relaciones de Poder. El "padre" necesita un hijo para transmitir ese legado con el que su vida se ha identificado. No es el hijo el que necesita al padre sino al revés, es el hijo el que hace al padre.
El concepto de "polipateres" es un acercamiento a la verdad de la función social masculina, desde nuestra perspectiva patriarcal; es a la vez rompedor y equívoco.
Rompedor, porque tener muchos padres es lo mismo que no tener ninguno desde el punto de vista de la relación de posesión; y equívoco, los "polipáteres" no tenían nada de la patria potestad, que es el contenido básico del concepto de "padre"; por ello el concepto de "polipateres" es un sinsentido, porque el "poli" es incompatible con el "pater".
La función masculina no tiene nada que perder desvinculándose del nombre del "padre"; sólo desvincularse de todo el sufrimiento infligido durante milenios por los padres a l@s hij@s y a las mujeres. Pero sobre todo, debe ser así para facilitar la recuperación de la armonía entre los sexos y entre las generaciones, y para evitar su efecto social en las conciencias y en los inconscientes.
Después del parto la madre y la criatura son una simbiosis, libidinalmente amparada; no hay trío. Esto es básico. La pareja de la madre, sigue siendo un o una compañera no simbiótica de la madre. Michel Odent dice que toda relación sexual es a dos; yo no lo sé -si toda relación sexual es a dos- pero lo que sí estoy segura es que la simbiosis madre-bebé es a dos (a menos que tenga gemelos). Durante el tiempo de la exterogestación -aproximadamente 1 año- pero sobre todo, durante los dos primeros meses después de nacer, (*) no hay homologación ni paralelismo ni nada parecido a lo que se quiere hacer ver con la "paternidad" moderna. La función masculina es sostener la femenina en estado simbiótico, la exterogestación; su función no es hacer de madre sino garantizar que a ninguna criatura le falte la madre. La función de la trama es sostener y asegurar la urdimbre, no cambiar la dirección y ponerse de urdimbre. Hay ya muchos hombres que lo han entendido y lo están haciendo maravillosamente. Cuando un hombre rinde el ego, renuncia al poder y despliega y expande su amor, lo cual se nota, porque se nota cuando alguien hace las cosas por amor o cuando las hace para realizarse socialmente (para cubrir la necesidad del ego de autoafirmarse), entonces no le cuesta nada prescindir del nombre del "padre" y considerarse hermano y amante de sus criaturas queridas. Entre otras cosas, porque pronto empieza a recibir el amor de la criatura cuya sexualidad primal ha sido respetada.
(*) La importancia de los dos primeros meses o "luna de miel" de estabilización del nuevo acoplamiento, salió en los encuentros de apoyo a la lactancia materna en Fortuna abril 2003).
No durante los dos primeros meses, pero desde que una criatura adquiere movilidad autónoma, cuando empieza a gatear y a andar, y si se ha respetado el proceso de exterogestación, empieza también a deslizarse y a acurrucarse en los cuerpos próximos al de la madre. Cuanto más respeto a la función materna simbiótica, más producción libidinal en la criatura y más ternura, besos, caricias, mordiscos y babas irá dejando por los cuerpos próximos. O sea, que la no interferencia masculina en la función materna no es exclusión ni distanciamiento -salvo los primeros meses- del hombre de las criaturas, sino un incremento de su relación emocional y erótica con las criaturas, debido precisamente al desarrollo emocional y erótico de las propias criaturas. Estaríamos recuperando la sexualidad básica humana, común a los dos sexos.
No se trata de que el hombre que era el compañero de la madre deje de serlo; si no de pasar a ser su compañero en otro estadio de su vida de mujer, en el estadio de mujer en gestación extrauterina. En lugar de ser compañero de una mujer, se convierte en compañero de una mujer-con-bebé, sin pretender una función homóloga o simétrica a la de la madre, con respecto al bebé. Por eso el concepto de paternidad, además de tener la misma carga simbólica que el concepto de padre, induce a confusión porque parece una función paralela y simultánea a la maternidad, con respecto al bebé.
El paralelismo entre maternidad y paternidad es posible en una maternidad aséptica, robotizada. Cualquiera, independientemente de su sexo, y con un poco de tiento, puede hacer que un bebe sobreviva con la ayuda de la tecnología y de la industria del sector. Pero si hablamos de una maternidad entrañable y de un estadio de la vida sexual de una mujer, no hay paralelismo alguno.
La publicidad de hombre con torso desnudo y bebé al pecho que nos presentan, intenta crear la imagen moderna de una paternidad "responsable" y sensible. Aunque la publicidad pueda crear todas las imágenes que quiera, no puede inventar un nuevo tipo de organización libidinal. La libido del imprinting postparto, y la de la madre durante toda la simbiosis externa, no se da en el hombre.
La cuestión de la pareja y la falta de organización grupal.-
Hoy en día la maternidad está asociada al matrimonio o a la pareja heterosexual estable; en realidad, los roles y los géneros están previstos para desenvolverse y realizarse en esta institución. Por eso la cuestión del padre y de la función masculina nos lleva a la cuestión del matrimonio o pareja. Y la alternativa a la función masculina patriarcal tiene que ir unida a la alternativa a la pareja. ¿Son capaces nuestros hombres de hoy de cuidar y proteger a l@s niñ@s de las mujeres con las que conviven, sin proyectar el sentido de posesión y continuidad típicos de la paternidad, y además, no como un sacrificio, sino como un derramamiento de su vida emocional y como una expansión de su creatividad?
En todo lo que concierne a la maternidad, pero especialmente en este punto, cualquier cosa que se quiera analizar o entender requiere tener en cuenta lo que no hay y lo que debiera haber: la organización tribal o grupal, en donde el colectivo femenino y el colectivo masculino desarrollan las funciones propias de su sexo, funciones previstas para hacerlas en colectivo y no cada hombre y cada mujer individualizadamente.
La falta de unión y de lazos de hermandad entre hombres para cuidar y proteger a l@s crí@s, en lugar de competir entre sí para ver quien es el que mete más goles o el que llega más lejos o el que puede más.
La falta de unión y de lazos de hermandad entre mujeres que se ayudan mutuamente en las tareas para parir y criar a l@s nuevas generaciones, en lugar de rivalizar entre sí por conseguir el favor de los señores, casualmente una de las más importantes premisas de la ley del Padre.
Ahora, los maridos o parejas de las madres en el modelo de familia nuclear actual, no tienen un colectivo masculino para organizar el cuidado de las nuevas generaciones, y además tienen que ir poniendo parches para suplir la falta del grupo de mujeres entorno a la madre. Todo esto refuerza la imagen de "trío", del triángulo papá-mamá-bebé...
Pero las parejas modernas suelen pasar grandes crisis cuando tienen hij@s, porque se encuentran desbordadas por infinidad de pequeños problemas cotidianos, y porque al haberse constituido en la fe en el mito de la familia, les pilla de sorpresa el desbordamiento. ¡¡Si la pareja está hecha para tener hij@s, ¿por qué tanta dificultad y tantísimos problemas?!! Entonces parece que la culpa está en que la relación de pareja no es buena, o ella no es una buena madre, o él se escaquea más de lo debido.
La dificultad para resituar la función masculina, o para entrever una alternativa a la actual, se debe a que la autorregulación (es decir, la función masculina y la femenina acordes con la autorregulación) no está filogenéticamente prevista para una sociedad de individuos, ni para una organización sexual basada en la monogamia.
Esta es la cuestión: cómo hacer lo que se debiera hacer cuando no hay lo que debiera haber.
Debemos situarnos en este contexto, para decidir las prioridades en términos de mal menor para la criatura y su madre, al tiempo que se abre el camino para el cambio, para que haya lo que debe haber: un tejido social de fraternidad y ayuda mutua, con respeto a las funciones de cada sexo.
De hecho, cuando una mujer pare, de algún modo la organización libidinal se enfrenta a la organización social. Si la mujer para ser madre tiene que distanciarse de su edipización, (lo cual es todo un reto en el mundo actual, sumamente competitivo, en donde cualquier cosa es cada vez más difícil (cada vez es más difícil por ejemplo tener una casa, pero no solo las cosas materiales, sino que cada vez es más difícil nacer y morirse) y en donde una madre cree que la mejor protección para su criatura es darle un padre que le reconozca como hij@ y les ayude), el hombre para realizar una función de trama respetuosa con la maternidad, lo tiene emocionalmente muy difícil, porque tiene que realizar una función de sustitución de los colectivos femeninos y masculinos de apoyo a la madre, y por otra parte se ha quedado en cierta medida, sin pareja. Tradicionalmente a cambio ganaba puntos para su ego, para su afirmación social. ¡qué importante era -y es- ser padre!
Si continuamos organizándonos en parejas monógamas aisladas, el hombre que apoya la maternidad tiene que hacer lo que el grupo de parientes femeninas de la madre hacía antes, pero además se encuentra con que su mujer en muchos casos, no le desea, o ha perdido en mayor o menor medida el interés por él. Como dice Michel Odent (11) la exterogestación y la crianza cuestiona la pareja monogámica, por la orientación de la libido femenina durante el periodo de crianza. ¿Qué se puede hacer? Sólo queda buscar el mal menor teniendo en cuenta las prioridades y opciones de los procesos individuales. Conocemos algún caso de madres que perdieron todo deseo hacia su pareja, y el hombre, sin dejar de sostenerla a ella y a su criatura, se echó temporalmente otra novia...
A los argumentos de Odent que le llevan a cuestionar la pareja monogámica estable (los largos periodos en los que la mujer está lactando durante los que su libido se orienta básicamente al bebé), hay que añadir la evidencia de que la capacidad de amar no está limitada para amar solo una persona.
En una organización tribal, la monogamia pierde su función social y económica, de perpetuación del Poder; y el deseo, las prácticas sexuales y los sentimientos pueden fluir espontáneamente sin normas.
La presencia del padre en el parto.-
Otro tema importante es el que plantea Michel Odent en su pagina WWW: si es peligroso que el hombre esté presente en el parto. Según su experiencia, que es bastante extensa, con mucha frecuencia las mujeres parían cuando el marido se había bajado a comprar tabaco antes de que cerrase el estanco, o a sacar al perro, o a comprar algo que faltaba. Entonces la mujer paría.
Creo que esto se puede explicar teniendo en cuenta por un lado la autorregulación de la libido y la bioquímica de la sexualidad, y por otro, el estado psíquico de edipización de la mujer que perturba la autorregulación.
La edipización es un estado psíquico, que se forma cuando todo el cúmulo de deseo y de sexualidad reprimida en la etapa primal y a lo largo de la infancia, se configura y se define en términos falocéntricos y adultos; es decir empieza proyectar su saciedad y resarcimiento en el matrimonio o pareja heterosexual estable; la socialización y la formación de los egos se hace de manera que el hombre debe buscar a la mujer de su vida y la mujer al hombre de su vida, la naranja entera, etc. La figura masculina es para la mujer edipizada un polo de atracción que distorsiona el curso de su energía libidinal; la bioquímica del proceso del parto no puede funcionar con una psique femenina edipizada.
En algún video, he visto partos en los que la mujer, al coger a la criatura recién salida, en lugar de mirarla, dirige su mirada al compañero que está a su lado; en ese momento algo se distorsiona en proceso que lleva al imprinting, al acoplamiento extrauterino.
Y una vez escuché a un hombre, que había estado en el parto de su compañera, decir que cuando vio como ella miraba a la criatura recién salida, comprendió que «allí él no estaba», que él «allí no tenía nada que hacer», que «él estaba fuera del vínculo» que en ese momento se estaba creando entre su compañera y el bebé recién nacido; simultáneamente la madre contaba (emocionada, llorando, y emocionándonos y haciéndonos llorar a quienes la escuchábamos) que en ese momento, algo se despertó dentro de ella, algo que se expandió por dentro y que la hizo sentirse como nunca se había sentido antes; se sintió otra mujer, plena, íntegra, sin dependencias ni inseguridades establecidas para el "sexo débil". El hombre no se sentía defraudado ni menospreciado. Se sentía bien, maravillado y embelesado por la contemplación del espectáculo de la "magia" de la vida; había comprendido el proceso y la necesidad del imprinting.
El estado emocional y el equilibrio hormonal de la madre es fundamental en el parto; pero el estar socializada con una codificación falocéntrica de toda la energía libidinal, hace que la presencia del compañero actúe de inhibidor a nivel inconsciente del desarrollo del parto. Quizá si la mujer no estuviera edipizada, la presencia del compañero no sería perturbadora.
Por eso entiendo a Odent cuando dice que la presencia del padre en el parto incrementa el riesgo, y que el parto es cosa que, por lo general debe de dejarse a las mujeres; y también que esto explica lo de las antiguas co-madres y comadronas, y lo de las tábula de los trobiands de Nueva Papúa Guinea que relataba Malinowsky (12).
La fuerza simbólica del nombre del padre.-
Otro asunto conflictivo es el del nombre del padre, y los conceptos de padre y de paternidad, y la fuerza simbólica que tienen.
Hay quienes consideran que el concepto de padre y paternidad corresponden a una función masculina natural, y que se trata de cambiar el significado patriarcal y de Poder que tienen, para asignar a dicho concepto tan solo una función amorosa y protectora masculina.
Pero los conceptos del padre y de paternidad están "recargados" como las bombas de efectos retardados, listos para actuar inconscientemente, y convertir la función amorosa y protectora masculina en una función de Poder y de Autoridad. Por eso deben cuestionarse.
Aparte de lo dicho antes de la asimetría con la función femenina, el nombre del Padre actúa organizando el ego y transformando al hombre en agente de realización de Poder; de hecho es el eje estructurador de toda la edipización psíquica, de todo el orden social. En los Encuentros de colectivos de apoyo a la lactancia materna (Fortuna 2003), recuerdo una anécdota que nos contaba una madre, que venía a ilustrar la fuerza simbólica del concepto de "padre": durante un viaje en tren, compartió el departamento con un hombre que viajaba con varios niñ@s, a l@s que atendía y cuidaba con cariño y esmero; a lo largo del viaje iba pensando cómo los hombres también saben cuidar de l@s niñ@s y lo capaces que son de hacerlo; hasta que en medio de la conversación sobre el cuidado de l@s niñ@s, el hombre le contó que una vez había tenido llevar a su hija mayor a su cuarto para echarla una reprimenda y darle un guantazo: «esto no tiene que hacerlo una madre; esto lo tiene que hacer el padre», le dijo a nuestra compañera. A partir de ahí empezó a pensar en lo difícil que lo tienen los hombres, incluso los que más quieren y cuidan a sus niñ@s, para salirse del concepto de "padre" y lo que ello conlleva.
Por eso la función masculina tiene que ser nombrada de otra forma, de manera que 1) desaparezca toda conexión simbólica, social y material con la función masculina patriarcal, consciente e inconsciente; 2) se destruya la homologación y simetría con la maternidad y la madre, tras lo que se esconde el pacto de Poder adulto. Como mínimo la madre que le da a su hij@ un padre, se compromete a matizar su pasión y su deseo a lo tolerable por el padre. La homologación, que tanto gusta al reformismo que no trata de recuperar la maternidad, es un eufemismo con el que se intercepta la maternidad, se destruye a la madre. El padre es el estructurador del edipo, el que hace el molde edípico al que todo deseo, toda pulsión sexual debe adaptarse.
En el nombre del "padre" está concentrada toda la cultura y toda la civilización patriarcal; no es algo neutro o reciclable. La profundidad a la que es interiorizada la negación de la mujer -que decía Melandri- es correlativa al peso milenario, a la fuerza simbólica del nombre del padre. Mientras que las mujeres sigamos aceptando psíquica y emocionalmente el concepto de padre/marido, seguiremos reproduciendo nuestra autodestrucción.
Por eso creo que si hay mujeres y hombres conscientes que se aman, que quieren una maternidad entrañable y que pactan una relación estable de pareja, por aquello del mal menor en este mundo, deberían renunciar al título de padre; cualquier hombre que cuestione el patriarcado y que desee una recuperación de la maternidad y de la sociedad de apoyo mutuo, debería considerar un insulto que se le llame "padre". Y no se entiende que pueda haber recelo en el hombre, cuando lo que deja son milenios de Poder y sufrimiento, y lo que gana es la expansión de su propia vida. Sólo la ignorancia de lo que se pierden puede explicar el recelo en los hombres a renunciar al nombre del padre y a la paternidad. La rendición del poder a las mujeres y a las criaturas les haría recuperar su infinita capacidad para la ternura, su infinita capacidad de amar. Afortunadamente hay hombres que lo saben y lo defienden.
Esto no tiene nada que ver con un tipo de posición que también hemos detectado, a favor de renunciar a la paternidad; ellos mismos confiesan que es una manera de seguir con el tradicional escaqueo masculino-patriarcal; y también hay mujeres que no quieren ni oír hablar de quedarse sin padre/marido: saben, quizá por sus madres que fueron abandonadas por sus padres/maridos, lo durísimo que es sacar adelante ellas solas a sus hij@s. Vale, estamos en la sociedad del mal menor. Pero la perspectiva tiene que ser la de renunciar al nombre del padre o usarlo solo de puertas para fuera, de cara al escaparate social, pero interiormente, saber que no soy padre ni quiero serlo, ni querría serlo en ninguna medida. No para escaquearme, sino todo lo contrario, para no escaquearme como de hecho y efectivamente han sólido hacer tradicionalmente los padres.
3) ¿ Cómo tender la urdimbre si no hay un tejido social de mujeres en ayuda mutua?
En general ésta es una cuestión que afortunadamente en muchos sectores está mucho más planteada de lo que parece. En diversa medida, según la situación de partida. Las chicas que están emparejadas con un hombre, y que se plantean la maternidad desde esa relación, no se conforman ya con la pareja; buscan lazos estrechos con otras mujeres, para ayudarse mutuamente y compartir el desarrollo de la crianza de su bebe. Hay también chicas que incluso teniendo una buena relación con un chico, prefieren orientar su maternidad desde la unión con otras mujeres, para tener hij@s juntas. Esto no excluye la relación con los hombres, incluso de convivencia. Estos chicos y chicas hablan sin tapujos de formar una tribu. En cuanto a sus relaciones hombre-mujer, algun@s se ofenden si alguien les dice que son "novios" o "pareja", aunque lleven años de relación afectiva intensa. Otr@s hacen proyectos alternativos mixtos y globales, incluyendo trabajo y relaciones tribales. En fin, también hay chicas que no tienen una relación estable con ningún chico, pero que se plantean a corto plazo la maternidad sin subordinarla a una relación estable con un hombre. En todos estos casos, se ve prioritario lograr una relación estable con mujeres. No hay duda, que algo está cambiando...
Otra circunstancia es la de los colectivos de apoyo a la lactancia materna. En diferentes ciudades y regiones, están empezando a proliferar. En general se trata de madres que han evolucionado después de haber tenido hij@s según un esquema tradicional, y han creado un tejido de ayuda mutua entre ellas, increíblemente eficaz y perseverante. La ignorancia unida a la presión social y médica, que suele aprovechar cualquier cosa para plantear la necesidad del destete prematuro, hace estragos en la mejor voluntad de una mujer de amamantar a su hij@. También las asociaciones, como esta de Parto y Nacimiento en Casa, ayudan a la mujer a sacar la maternidad de los hospitales, ofreciéndole apoyo para una gestación-parto-crianza en condiciones más respetuosas con su fisiología y su libido.
Estas asociaciones, están haciendo un papel sustitutivo del tejido social de mujeres "que debiera haber y no hay", aconsejando a la madre en dificultades y ayudándola a vencer los prejuicios sociales en favor de la maternidad y de su criatura. Los vínculos que se crean entre las madres suelen ir más allá de la mera ayuda al parto y a la lactancia...
Estos son unos ejemplos esperanzadores de cómo ir llenando los vacíos de "lo que debiera haber y no hay".
Aunque no se forme una tribu, si tan sólo las mujeres que se ayudan mutuamente viven en el mismo barrio, ya es un paso adelante. Las generaciones de mujeres jóvenes empiezan a recibir la experiencia de las madres que ya son lactantes o que han tenido hij@s antes... Sobre la base de la ayuda mutua material, cotidiana y concreta, en el afán común del bienestar de las criaturas, la sonoridad reemplaza a la rivalidad.
En pueblos y barriadas marginales de nuestro mundo occidental, a menudo se nos presenta una imagen insólita (para nuestras mentes patriarcalizadas de la sociedad de consumo) de verdadero apoyo mutuo entre mujeres. A veces en la pobreza más absoluta, en donde el padre ausente es bastante frecuente y la paternidad está más diluida, se ve un trasiego de ayuda mutua entre mujeres desconocido en la mayoría de los hogares occidentales. Por otra parte, al no tener acceso a la tecnología ni a la industria farmacéutica y de productos para bebés, hay más cuerpo a cuerpo con las criaturas, más rodar y apalancarse en los regazos. Esta imagen puede ayudarnos a visualizar barriadas pobladas con mujeres que se ayudan mutuamente, la imagen de la urdimbre.
4) Si la mujer no quiere depender del hombre, ¿cómo se las puede arreglar para trabajar y al mismo tiempo ser una verdadera madre?
La mujer de nuestra sociedad tiene prohibido ser madre. No sólo no puede parir como quiera, tampoco puede criar y a amamantar a sus hijos porque concretamente el trabajo asalariado lo hace incompatible. «No tengo más remedio» es el comentario general de una madre que acaba de parir; y cuando se le acabe la baja tendrá que volver al trabajo, a menudo lejos del domicilio, lo que puede suponer entre 10 y 12 horas fuera de casa... La división del trabajo tal y como se ha organizado es para la mujer lo que la arquitectura para los minusválidos en silla de ruedas; y éstos aún tienen más reconocida su reivindicación, pues en muchos sitios ya les han puesto una zona de rampas en lugar escaleras para las sillas; pero ¿cuántos puestos de trabajo hay en los que las mujeres pueden trabajar con sus hij@s lactantes? Teniendo en cuenta, que toda la economía está organizada para que trabajen los dos miembros de la pareja (el sueldo de un@ es para pagar la hipoteca y el de el/la otr@ para lo demás), resulta que la organización oficial de la reproducción humana está planteada para forzar la robotización de la maternidad... para negar el cuerpo de la mujer. Luego no es de extrañar que la tasa de natalidad descienda... Y para las que quieran tener hij@s, el sistema mismo está obligando al personal a salirse de lo establecido... Porque antes que cuestionar el propio cuerpo quizá valga la pena cuestionar el trabajo asalariado...
Lo que es incompatible con la maternidad no es el trabajo, sino el trabajo asalariado. Una estadística entre mujeres científicas estadounidenses recogía el siguiente dato: estas mujeres habían hecho o terminado su tesis doctoral y su trabajo específico como científicas durante el año de excedencia que habían pedido por su maternidad... habían hecho su trabajo en casa, con el bebé, en cambio ese trabajo creativo y no alienante no lo habían podido hacer mientras "trabajaban" en sus puestos oficiales de trabajo, a los que no podían acudir con el bebé... Esto no es nada nuevo, durante milenios, como dice Jean Liedloff (12) las mujeres han realizado sus trabajos con sus bebés a la espalda o en el regazo.
Así pues, está claro que si el trabajo asalariado es incompatible por su rigidez con la maternidad, no es la maternidad lo que hay que cuestionar, sino el Capital que organiza el trabajo en condiciones inhumanas. ¿Por qué no reivindicar cooperativas autogestionadas que admitan a las mujeres lactantes? ¿Por qué no nos organizamos las mujeres para crear pequeños negocios en los que no se excluya la maternidad?
¿O es que vamos a priorizar el mantenimiento del capitalismo? Sindicalistas, libertarios partidarios de la autogestión: aliaros con las mujeres, ofrecedlas un trabajo compatible con la crianza de su bebé, y ya veréis que energía revolucionaria encontraréis para construir otro mundo, un mundo en donde se admita la plena existencia de la mujer.
BIBLIOGRAFIA
1. Elena Lázaro El camino de la mujer Inbi Sudameris Argentina 1999
2. Carlos Castaneda Pases Mágicos, las enseñanzas prácticas de Don Juan Ed. Martínez Roca Barcelona 1998
3. Maryse de Choisy La guerre des sexes Ed. Publications Premiéres 1970
4. Karmele O.Hanguren Gara 29 de septiembre 2001 «La danza del vientre regula la menstruación»
5. Sigmond Freud (1931) Sobre la sexualidad femenina Tomo III Obras Completas Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1968
6. Lea Melandri La infamia originaria Ed.Ricou, Barcelona 1980
7. Amparo Moreno El arquetipo viril protagonista de la historia laSal ed. de les Dones, Barna 1987
8. Se trata del personaje de la película "YO Viernes", protagonizada por Peter O.Toole, escrita por Adrian Mitchel y dirigida por Jack Gold.
9. Michel Odent La cientificación del amor Ediciones Creavida, Argentina 1999
10. Josep Vicent Marqués "La importancia de ser importante" Publicaciones de la Asociación Antipatriarcal, Madrid abril 1988
11. (Michel Odent El bebé es un mamífero Ed. Mandala, Madrid 1990
12. Jean Liedloff El Concepto del Continuum. Ed. Ob Stare, Santa Cruz de Tenerife 2003