DAVID,
NUESTRO TESORO...
Las
palabras que tienes en tus manos nacen de una necesidad de
comunicar, de compartir nuestras experiencias y vivencias. Son
un grito de atención contra el sistema, contra la opinión
social, contra la escala de valores establecida, contra los
estereotipos y los "marcos" de normalidad; es un grito de
llamada al respeto, a la tolerancia y a la vida.
Surgen
de momentos de desconcierto, de presión, de apoyo, de miradas
despectivas o compasivas,... de momentos mágicos e
irrepetibles... de una lucha que cada día nos recuerda que
continúa.
Vivimos en la era de los medios de comunicación, podemos
disponer de mucha, mucha información de forma rápida y eficaz,
pero dicha información no está libre de manipulaciones varias.
Somos bombardead@s continuamente con mensajes, directos o
subliminales, sobre los esquemas a seguir en nuestras vidas: la
forma de vestir, los colores que debemos llevar, lo que debemos
comer,... pasaportes necesarios para pertenecer al grupo, para
ser aceptad@s, para no estar fuera de lugar "identifícate con el
grupo, aunque el precio que hayas de pagar sea el perder tu
propia identidad". La sociedad es cruel en su exigencia de
sumisión absoluta. Nadie se escapa de sentir esa presión, pero
sobre todo la sufren l@s más insegur@s, l@s más vulnerables,...
¡Hablamos
de l@s niñ@s!
Y la
sociedad de hoy necesita de muchas sonrisas de niñ@s para
sobrevivir.
Tener
un@ bebé es algo que cambia tu vida, es capaz de "llenarlo
todo". L@s bebes son todo vida y energía, son criaturas del
presente que afortunadamente no son víctimas de los relojes y
del tiempo. Pero ¿qué
ocurre cuando nace un@ bebé distinto? Distinto de l@s niñ@s que
le rodean, distinto del canon de felicidad de la sociedad: guap@,
alt@, regordet@, inteligente, no excesivamente travies@, ni que
arme demasiado ruido aunque deba resultar gracios@... para que
el día de mañana llegue a ser un@ mujer/hombre de provecho.
Hablamos de bebes anormales, entendiendo por anormal todo
aquello que se sale de las normas establecidas (según la Real
Academia Española), de niñ@s con síndrome de Down, superdotad@s,
autistas, hiperactiv@s, con parálisis cerebral,... distint@s.
Est@s niñ@s rompen todos los esquemas.
Entonces surgen todo tipo de respuestas desde el miedo, la
ignorancia, la anulación... desde no hablar del tema hasta
comentar con absoluta compasión que mejor hubiese sido "no
tenerl@". Y la verdad es que la muerte no sólo llega con la
vejez, sino con el olvido o sentirse fuera de lugar
continuamente. Hace falta valor y perseverancia para ser
diferente en una sociedad que ama la uniformidad y recompensa el
conformismo. Y realmente lo que importa es que est@ bebé recién
llegad@ al mundo sea tratad@, considerad@, respetad@ y amad@ por
lo que es: un bebé. El entorno en el que viva va a condicionar
más su desarrollo como ser humano que su propia genética.
¡Así
llegó David a nuestras vidas! Un soleado día de Septiembre,
justo a tiempo para conocer a tod@s. Un bebé pequeño en tamaño
pero con unos ojos llenos de vida y sabiduría. Su cara le
delataba: tiene síndrome de Down. Desde el momento de conocer
que íbamos a tener un@ bebé nuestro amor por él había ido
aumentando y esto no cambió en absoluto.
Creo
que la mayor virtud de un@ niñ@ es su espontaneidad. La
capacidad que tienen de ver el mundo con sorpresa y admiración,
sin cuestionar, evaluar o juzgar, apreciando cada cosa o ser por
lo que es. No cuentan con el futuro, su vida está en el
presente. Son grandes maestr@s de las verdades eternas "escondid@s"
en cuerpos pequeños.
Pero
el choque con la sociedad es constante. La sociedad es cruel con
la diferencia, exigente y demoledora. No permite fallos. A l@s
niñ@s se les obliga a ser perfect@s, competitiv@s,... Y esta
situación se aumenta para un@ niñ@ distinta.
Nosotr@s
creemos que todo el mundo sufre contratiempos en la vida, y
cuánto más numerosos son más aprendemos y maduramos. La
adversidad sólo nos hace más fuertes. Nuestra familia y nuestr@s
amig@s van aprendiendo a convivir con las diferencias a través
de ver nuestra manera de vivir y ahora es David el que les
tiende la mano para mostrarles que dar por supuestas las cosas
es equivocación fundamental en la vida. Siempre con su sonrisa
iluminada y su cara pícara es capaz de abrir sus mentes para que
le vean a él realmente como un niñ@ no como un cromosoma de más.
Nuestra vida con David: nunca dudamos de David, pues de eso ya
se encargan los demás, somos su apoyo, su pilar para sentirse
seguro, somos el viento bajo sus alas para que él aprenda a
volar y llegue dónde él quiera llegar. Insistimos en gastar
mucho tiempo para que oiga y utilice frases cómo: "te quiero",
"lo siento", "por favor", "gracias", "perdóname",... y todas
aquellas palabras de amor que pueda llegar a conocer. Queremos
dar valor a las cosas, no por lo que valen sino por lo que
significan. Ser capaces de mirar las cosas y a las personas sin
prejuicios, sin rutinas, para poder VERLES de nuevo. Tod@s
tenemos un aspecto que enseñar al otr@. Cuando se nos vende un
modelo de belleza perdemos la visión de nuestra propia belleza.
Vivimos el presente valorando todo cuánto nos ocurre, David nos
va mostrando todo aquello que por la aceleración de la rutina
diaria podría llegar a pasar desapercibido.
Siempre surgen interrogantes, dudas sobre los pasos a dar pero
el objetivo está muy claro: que David pueda gozar de cada
instante de su vida, que se desarrolle en un medio seguro,
positivo, lleno de posibilidades para que él decida por dónde
quiere ir.
Es un
aprendizaje mutuo, es redescubrir cada momento, cada ilusión,...
es una pregunta abierta y un reto que nosotr@s planteamos al
mundo en el que vivimos...
CITANDO A ALFONSO USSÍA EN "EL TEMBLOR DIARIO"
"Don Pablo"
"Tiene
don Pablo la vista cansada de los escritores y los estudiantes.
Las gafas acentúan su perfil de intelectual, de lector voraz y
observador de las circunstancias de la vida. Tiene don Pablo las
ideas clarísimas, los conceptos en su sitio y una brillantez en
la exposición de sus reflexiones, extraordinaria. Tiene don
Pablo, y el detalle es fundamental, tanta juventud como futuro,
y una capacidad de liderazgo asombrosa. De su inteligencia y su
tenacidad dependen miles de jóvenes perdidos en la desesperanza.
Don Pablo además, tiene sentido del humor, la sonrisa pronta, la
mirada viva y la palabra precisa.
Leyendo sus declaraciones y analizando sus argumentos, se llega
a una conclusión fácil. Don Pablo no ha perdido ni un minuto de
su vida. Ha sabido compaginar su formación con su ocio, y ha
dedicado al esfuerzo de la cultura la misma intensidad que al
descanso de la convivencia. Como toda persona educada e
ilustrada, don Pablo tiene mucho que agradecer a sus padres, a
su familia y a sus amigos. Esa cordialidad y ese optimismo es la
consecuencia de incontables horas de amor acumuladas en su
personalidad. En estos tiempos tan acostumbrados a las
tonterías, las salidas de tono, los exabruptos y las calumnias,
las palabras de don Pablo son más que un prodigio. Orientan sin
imponer, ayudan sin castigar, animan sin mentir, y enseñan sin
humillar. Ha resumido sus experiencias con rigor universitario y
se limita a regalar sus vivencias para que otros las aprovechen.
Don Pablo es como los buenos profesores, un ejemplo de
generosidad.
Don
Pablo no se limita a aconsejar a sus iguales y a sus alumnos,
extiende su influencia a los padres, y les pide, desde el cariño
y la dedicación, más firmeza y menos lástima. Más dureza en la
educación y menos misericordia asumida. Don Pablo es un gran
psicólogo y sabe que el desarrollo intelectual de los suyos no
puede estar amparado por la tristeza y la conmiseración.
Conocedor de algunas limitaciones, recomienda la tenacidad y la
ausencia de complejos para alcanzar cualquier meta, que en la
mayoría de los casos, son sueños de logro imposible. O al menos
lo han sido hasta que ha llegado él con sus teorías y sus
demostraciones prácticas.
...Dentro de unos años será un licenciado y se enfrentará, como
todos sus compañeros, a la desilusión, la esperanza y la lucha
por encontrar un puesto de trabajo. Probablemente a don Pablo le
va a costar más esfuerzo que a otros merecer la confianza de una
empresa, pero al final triunfará.
Don
Pablo Pineda tiene síndrome de Down. Hace unos años, nadie
-excepto su familia- daba un duro por él. Hoy es la esperanza y
el ejemplo de miles de seres humanos que comparten su
limitación. Don Pablo Pineda les ha demostrado que de
limitaciones, ni una. Que todos somos iguales, que el esfuerzo
siempre se premia y que nada puede vencer a un espíritu
prodigioso.
Usted
es mi héroe, Don Pablo".