
Hola,
soy Nami, y os intentaré poner al corriente. Hoy es el día de mi
nacimiento, hace horas que mi madre ha empezado nuestro parto y
por algún motivo que yo no llego a comprender debemos dejar
nuestra casa y continuar el parto en el hospital. Yo me siento
bien y siento que mi madre también está bien.
En
casa, hoy hay más gente que de costumbre, papá y mamá se sonríen
y se miran más que otros días, papá toca más la barriga de mamá
y susurra mi nombre Nami... Nami. Como os decía hoy hay más
gente que de costumbre en casa pero el ambiente es muy tranquilo
y parece que nadie tenga nada que hacer, se mueven sin hacer
demasiado ruido, con sigilo, como si fueran a despertar a
alguien... pero si aquí nadie duerme!
Hoy
voy a nacer, mamá y yo nos hemos puesto en marcha y papá nos
intenta seguir como puede... AH! ya sé quienes son, ahora
reconozco sus voces, son las dos comadronas con las que hemos
compartido tantas cosas durante el embarazo!!! Ellas saben como
les gustaría a papá y mamá que yo naciera y nos van a acompañar.
De vez en cuando oigo mi propio corazón, parece ser que es muy
importante que mi corazón suene bien y más que eso demostrar a
los demás que está bien, yo ya sé que estoy bien pero casi me
estoy acostumbrando, no sé si podré pasar sin él, sin oírlo.
Mamá
sabe que puede parir sola porque es algo muy natural y que la
fuerza y las ganas están dentro de ella, se ha compinchado
conmigo durante todo el embarazo para este affair, pero a su
lado quiere a nuestras amigas las comadronas por su
«profesionalidad», palabra de moda, la oigo mucho últimamente.
Sabe que ellas valorarán y asistirán mi nacimiento sin quitar
protagonismo a ninguno de los cuatro y digo cuatro porque está
por aquí mi hermano mayor... y digo mayor porque es lo que
dicen, pero en realidad aún teta de mamá, así que lo he tenido
encima unas cuantas veces mientras me iban gestando. Qué ganas
tengo de verles la cara! Yo ya he ido dando unas buenas patadas
a través de mamá mientras mi hermano mamaba para que supiera que
estoy.
Uy que
calorcito!, mamá se ha metido en la bañera calentita, nos
relajamos los dos. Oigo otra voz algo más amortiguada. Ah, es la
mejor amiga de mamá y tiene el "privilegio" de estar en mi
nacimiento... bueno, esto de invitada es una manera de hablar,
porque nada más llegar le han encomendado preparar una infusión
de salvia, calentar toallas, comprobar que están todos los
ingredientes para la comida de mi nacimiento y ocuparse de mi
hermano... si sigue así, su privilegio de asistir a mi
nacimiento se va a ir al traste.
Además
de haber estado en la bañera dos veces, ya hemos estado en la
habitación estirados en la cama intentando descansar entre cada
movimiento, en el water y digo water y no lavabo porque creo que
lo importante es que haya un water, creo que es una postura muy
cómoda, bueno a mi no me molesta, en realidad ya es casi una
costumbre, lo que pasa que tanto rato no es lo mismo estar
sentado que mirando boca abajo, ya me entendéis... Aquí en el
lavabo ha sido donde he empezado a relacionar sonidos que emite
mamá con cada achuche que me da y lo que si tiene relación es la
fuerza del achuche y la fuerza del sonido... "me parece que esto
ya no hay quien lo pare" - lo he oído decir a alguien- «que
pronto vamos a ver a Nami...»
Impresiona oírlo desde dentro, parece que juegue a esconderme,
pero no, yo siempre he estado allí.
Nunca
había visto a papá así, tan amable con mamá y conmigo, bueno, me
refiero fuera de la habitación y sin estar a solas; a mí me
reconforta y creo que a mami también. Qué ganas tengo de verles
y de que me cojan como lo hacen entre ellos tantas veces! Han
puesto un poco de «su música», la que los tres conocemos...
cuánto les quiero! Y que bien lo hemos pasado los tres juntos
con nuestros juegos; papá escuchándome con su orejota que parece
ser que por ser más grande no se oye mejor; yo cuando pone su
oreja en la barriga de mamá le doy una patada para que no se
piense que estoy durmiendo y no le siento.
Uy! Os
he hablado poco de las comadronas pero es que hay poco de que
hablar porque van con tanto sigilo que ni yo puedo oír lo que de
vez en cuando dicen a mamá, algún aliento, alguna sugerencia, de
todo habrá...
¡Hola
soy Nami! Y hoy es el día de mi nacimiento... y decididamente
nos vamos al hospital. Allí no podemos ir todos. Mi hermano
mayor y la amiga de mamá de momento se quedan en casa, tendré
que aplazar verles, y las comadronas, las dejaran estar?
A mí
me gustaría que me acompañaran. Pero... me pasará lo mismo con
papá y mamá!., es posible que no pueda estar con ellos desde el
primer momento!. Noto a mamá triste, sabe que la decisión de ir
al hospital es la que hay que tomar en este momento pero se
culpa y se siente frustrada de no poder celebrar mi nacimiento
en casa; sabe que la van a ayudar pero no sabe a que precio, es
muy poquita la ayuda que necesita -eso le han dicho- y tiene
miedo de dejar de sentir que es nuestro parto, el momento quizás
más importante de nuestras vidas, donde sabe que tocará fondo y
está preparada para ello, bien acompañada, con mucho respeto, en
silencio o con sus lamentos, en un ambiente íntimo, con los que
elige, con buenas caras, con paciencia, sin prisas, a nuestro
ritmo... a nuestro ritmo, es tu cuerpo, es mi cuerpo... y tiene
miedo de perder todo eso en el hospital, sabe que allí tratan
enfermos y están muy preparados para hacerlo, conocen todos los
«por si...» y con tanto «por si... » no se puede vivir el
momento, nuestro momento, el que llevamos tanto tiempo
preparando, adornando, imaginando...